De un garaje alquilado en Algeciras a fabricar 50 millones de cubitos al día: la increíble historia del empresario que levantó el mayor imperio del hielo de Europa
Todo empezó porque las gasolineras de su padre se quedaban sin hielo en verano. Cuarenta años después, su empresa abastece a supermercados, gasolineras y bares de media Europa desde una fábrica situada en un pueblo de apenas 3.300 habitantes.

Hay negocios que nacen tras detectar una necesidad. Y luego está la historia de Miguel Ángel Vázquez, un empresario gaditano que convirtió un problema tan cotidiano como quedarse sin hielo en una gasolinera en el origen de una empresa capaz de producir alrededor de 50 millones de cubitos cada día.
Lo que comenzó en un garaje alquilado de Algeciras ha terminado convirtiéndose en el mayor productor de hielo de Europa, con fábricas repartidas por varios países y una planta en Cebreros (Ávila) que funciona prácticamente sin descanso durante los meses de verano.
Todo empezó en una gasolinera
La historia se remonta a mediados de los años 80. El padre de Miguel Ángel tenía dos gasolineras en el Campo de Gibraltar y sufría un problema recurrente: el distribuidor llegaba tarde, se quedaba sin existencias o el hielo aparecía prácticamente derretido.
En lugar de resignarse, decidió fabricar el suyo.
Con un par de socios, algo de financiación, un todoterreno y maquinaria muy básica, puso en marcha una pequeña fábrica en un garaje alquilado. Aquella primera instalación apenas producía entre 150 y 200 kilos diarios, que ellos mismos envasaban manualmente y repartían por la comarca.
De fabricar a paladas... a abastecer media Europa
Décadas después, la dimensión del negocio es completamente distinta.
La planta principal, situada en Cebreros, produce entre 260 y 290 toneladas de hielo al día, el equivalente a unos 50 millones de cubitos que terminan en supermercados, estaciones de servicio, hoteles, restaurantes y bares de toda España e incluso de otros países.
Cada semana salen de sus instalaciones alrededor de un centenar de camiones refrigerados cargados de hielo con destino a grandes cadenas de distribución y clientes de hostelería.
La empresa también ha dado el salto internacional con fábricas en Italia, Alemania, Reino Unido y Polonia, además de exportar en ocasiones a mercados mucho más lejanos.
Una fábrica que no puede parar
Cuando llega el calor, el ritmo cambia por completo.
Desde Semana Santa hasta finales de agosto -e incluso mediados de septiembre si las temperaturas acompañan- la planta trabaja las 24 horas del día, los siete días de la semana. Todo está calculado al milímetro porque detener la producción puede suponer dejar sin suministro a miles de clientes en plena temporada alta.
Curiosamente, el calor extremo tampoco siempre es una buena noticia.
Según explica el propio fundador, cuando las temperaturas se disparan demasiado la gente sale menos de casa y el consumo cambia, obligando a rehacer constantemente las previsiones. El escenario ideal, asegura, es un verano caluroso... pero sin excesos.
De aquel pequeño garaje en Algeciras apenas queda el recuerdo. Lo que nació para solucionar un problema local se ha convertido, cuatro décadas después, en una de las historias empresariales más llamativas de la industria alimentaria española.
