De Canarias y la ruta atlántica a Ceuta: por qué la vía mediterránea se ha convertido en la principal puerta de entrada a España
Los últimos años han marcado un cambio de tendencia en los flujos migratorios hacia Europa. Las llegadas a Canarias han descendido mientras la ruta del Mediterráneo occidental ha incrementado. Ceuta, en medio del huracán.

La desesperación y el anhelo de una vida mejor vuelven a protagonizar las costas españolas. Desde hace años, la llegada de cayucos, personas nadando y lanchas repletas de personas migrantes forma parte de un paisaje que se repite cada vez que llega el verano. En el puerto de Arguineguín, en Gran Canaria, los equipos de rescate conviven desde hace tiempo con escenas marcadas por la esperanza, el sufrimiento y, en demasiadas ocasiones, la tragedia. Un escenario que alcanzó una dimensión desconocida cuando la ruta atlántica se consolidó como una de las principales puertas de entrada hacia Europa. Una situación que acostumbra a desestabilizar la presunta tranquilidad estival de las fechas.
El año 2006 supuso un punto de inflexión en la historia migratoria reciente de España. La conocida como la 'crisis de los cayucos' convirtió al archipiélago canario en el epicentro de una emergencia humanitaria sin precedentes, con la llegada de más de 31.000 personas a sus costas. Desde entonces, Canarias ha simbolizado la frontera más visible de las vías migratorias irregulares y el rostro más dramático de quienes se juegan la vida en el océano para alcanzar territorio europeo bajo la esperanza de un futuro mejor. Además del nivel humanitario, su Gobierno autonómico también es el que ha llevado las reuniones e intentos de alcanzar un acuerdo para el reparto de menores y que la presión migratoria se reparta proporcionalmente con el resto del país.
Dos décadas después, el fenómeno migratorio continúa escribiendo nuevos capítulos y tragedias. El último, no hace falta recordarlo, fue justo hace una semana. La llegada de hasta 72.000 personas a Ceuta durante el 31 de julio y algunos días anteriores supone un episodio que quedará marcado en la historia de la frontera sur de Europa y que se ha convertido, sin duda, en el dato más significativo que ha vivido cualquier costa española en su historia. Pero la coincidencia entre la 'crisis de los cayucos' y lo ocurrido en la ciudad autónoma hace escasos días va mucho más allá del calendario. También evidencia un detalle más sutil en el mapa migratorio hacia España: el flujo migratorio está cambiando de ruta.
Descenso en Canarias, aumento en el Mediterráneo
Los datos publicados este jueves por el Ministerio del Interior confirman ese giro. Entre el 1 de enero y el 31 de julio de 2026 llegaron a Canarias 4.675 personas por vía marítima, frente a las 11.575 registradas en el mismo periodo del año anterior, un descenso cercano al 60% que no pasa desapercibido. Es más, la caída resulta aún más pronunciada en lo que se refiere al número de embarcaciones, que disminuyó hasta un 67%.
Los datos ofrecidos por el ministerio dan más información sobre los puntos claves de la frontera que delimita gran parte del sur europeo. Si se toman únicamente los registros existentes hasta marzo, el descenso en Canarias llegó a superar el 82%, convirtiéndose en el único punto de entrada que reduce de forma sostenida la presión migratoria. Mientras tanto, Ceuta experimenta el fenómeno opuesto. Las llegadas por vía terrestre han pasado de 1.601 personas en 2025 a 4.182 durante los siete primeros meses de 2026, un incremento del 161% que sitúa a la ciudad autónoma en cifras similares a las del archipiélago canario. Melilla también registra un fuerte aumento de más del 100%, mientras que la península y Baleares mantienen un crecimiento más moderado de tan sólo el 16%.
La consecuencia es clara: tras varios años en los que el Atlántico monopolizó la presión migratoria, la ruta mediterránea occidental vuelve a convertirse en el principal corredor de entrada a España. Las dos preguntas que emergen en ese sentido son inevitables. ¿Qué explica este cambio? ¿Por qué el Mediterráneo vuelve a ganar protagonismo mientras Canarias deja de ser el principal destino de las embarcaciones?

Para encontrar la respuesta hay que retroceder un año, cuando el cambio de tendencia se empezó a plasmar en los números. En 2025 España registró 36.775 entradas irregulares, el segundo dato más bajo desde la reactivación de la ruta atlántica en 2020, que hizo que miles de personas volvieran a coger el peligroso camino para llegar a Europa. Según el informe Dos mares, un rumbo, elaborado por el Servicio Jesuita a Migrantes, 19.195 personas accedieron entonces por la ruta mediterránea occidental, frente a las 17.862 que alcanzaron Canarias por la vía atlántica. Un dato de por sí insólito para las cifras que acostumbraban a llegar a telediarios y periódicos cuando se trataba de migración.
Las causas de los cambios
El cambio comenzó a gestarse con el endurecimiento del control migratorio en la fachada atlántica africana. Marruecos reforzó la vigilancia desde principios de 2025; Mauritania y Senegal intensificaron las operaciones policiales durante la primavera, y Gambia hizo lo propio a finales de año. Esa mayor cooperación con España y la Unión Europea estrechó el cerco sobre las salidas hacia Canarias. A ello se sumó un factor igual de determinante: las condiciones meteorológicas. Los vientos alisios y el fuerte oleaje dificultaron durante buena parte del año una travesía que ya está considerada como una de las rutas de tránsito más peligrosas del mundo. El endurecimiento en las costas y las condiciones marítimas hicieron que el riesgo se potenciara hasta tal punto que escoger ese camino se volvió inviable.
Tras un inicio de 2025 especialmente intenso, con 4.752 llegadas solo en enero como prolongación del fuerte flujo registrado a finales de 2024, la ruta atlántica perdió intensidad desde la primavera y únicamente experimentó un ligero repunte en noviembre. Cifras que por lo general no atendían a la regularidad que mostraba la ruta desde la 'crisis de los cayucos'. La presión en la llegada, sin embargo, no desapareció: simplemente cambió de rumbo.
Mientras el Atlántico reducía su actividad por los diferentes efectos, el Mediterráneo comenzó a ganar protagonismo. El informe detecta un fuerte incremento de las salidas desde Argelia hacia la península y Baleares, impulsado por la creciente profesionalización de las redes dedicadas al transporte irregular de migrantes. El empleo de embarcaciones rápidas tipo Zodiac, capaces de alcanzar la costa española en pocas horas, y el aumento de las travesías hacia Baleares explican buena parte del crecimiento registrado durante el verano. Argelia se ha convertido, en ese sentido, en el principal país de origen de quienes utilizan esta ruta. Sólo en 2025, más de 10.300 ciudadanos argelinos llegaron a España por el Mediterráneo occidental, más de la mitad del total registrado por este corredor. Tras ellos aparecen nacionales de Marruecos, Somalia, Mali y Guinea, lo que también evidencia un desplazamiento de personas que anteriormente utilizaban la ruta atlántica o incluso la mediterránea central con destino a Italia.
Pero el cambio más llamativo se ha producido en Ceuta, que está siendo protagonista en la última semana. El estudio identifica a la ciudad autónoma como el principal punto individual de entrada irregular a España durante 2025. Entonces, las llegadas crecieron un 40% respecto al año anterior, impulsadas, sobre todo, por el aumento de los cruces a nado durante los meses de verano. La cercanía con la costa marroquí y las altas temperaturas del agua favorecen este tipo de intentos, cuyo máximo se alcanzó en septiembre. Los investigadores advierten, además, de que el mantenimiento de cifras elevadas durante el otoño indica que ya no se trata de un fenómeno puntual, sino de una ruta cada vez más consolidada.
Melilla presenta una evolución distinta. Aunque las entradas aumentaron porcentualmente, la presión migratoria continúa siendo mucho menor debido al refuerzo de los controles fronterizos, las características geográficas de la ciudad y las mayores dificultades para acceder a ella por mar.
Cambio en el flujo migratorio
La principal conclusión del informe es que las rutas migratorias poseen una enorme capacidad de adaptación. Cuando un corredor se endurece mediante acuerdos diplomáticos, controles policiales o mayor vigilancia marítima, la presión no desaparece: se desplaza hacia otros itinerarios que ofrecen mayores posibilidades de éxito. Así ocurrió durante 2025. El descenso de llegadas a Canarias coincidió con el crecimiento de las salidas desde Argelia, el aumento de la presión sobre Baleares y la consolidación de Ceuta como uno de los principales accesos a territorio europeo. Lo sucedido el pasado 31 de julio y quizá el 15 de agosto, más allá de las disputas diplomáticas entre España y Marruecos, no hace más que asentarlo.
Las cifras, en definitiva, no solo muestran cuántas personas llegan a España. También dibujan cómo cambian las rutas en función de la política, la climatología, la actuación de las mafias y los conflictos que empujan a miles de personas a abandonar sus hogares. Dos décadas después de que los cayucos situaran a Canarias en el centro del debate migratorio, el Mediterráneo vuelve a ocupar ese espacio. La frontera sur europea sigue siendo la misma; lo que ha cambiado es el camino para alcanzarla.
