Paco, agricultor de toda la vida: "Cuando empecé ganaba más dinero, si empezara hoy cobraría siete euros la hora"
"Todo está muy controlado”.
La agricultura es una de las actividades más antiguas de la humanidad, pero también una de las más decisivas para nuestro presente y nuestro futuro. Mucho más que sembrar o cosechar, es un conjunto de conocimientos, técnicas y esfuerzos que permiten transformar la tierra —y también la cría de animales— en alimentos y materias primas indispensables.
En los países industrializados apenas representa en torno al 4% del PIB, mientras que en regiones en desarrollo puede superar el 25%, ––según datos de Concepto–– una muestra clara de su peso económico y social. Entender lo que ocurre en el campo es comprender, en parte, cómo funciona el mundo. Y es ahí donde las historias de quienes trabajan la tierra cada día revelan una realidad que a menudo pasa desapercibida.
De YouTube al campo
Ese fue precisamente el objetivo de Archie Ted, creador de contenido con más de 520.000 suscriptores en YouTube (@Archieted0). Conocido por sus retos y experimentos sociales, decidió pasar siete días lejos de la pantalla para probar distintos trabajos y entender qué significa realmente “ganarse la vida”.
Uno de esos días lo llevó directamente al campo. “Hoy toca trabajar las tierras y ser agricultor”, anunciaba en su vídeo a las 6:50 de la mañana, todavía con el sueño en la cara pero con curiosidad genuina. Para él, la agricultura era algo casi desconocido, “no nos lo explican durante la educación, y es tan esencial como beber agua”, reflexionaba.
Un proyecto de vida
Su primer guía fue Pascual, agricultor y responsable de una finca de 90 hectáreas, una extensión equivalente a unos 45 campos de fútbol. Allí cultiva, entre otras cosas, melones y tomates ecológicos. Mientras caminaban entre los cultivos, Pascual le explicaba el trabajo que hay detrás de cada planta y el esfuerzo que supone mantener una producción sostenible.
Los melones, que tardan unos tres meses en estar listos, se venden a 1,90 euros el kilo. Son ecológicos, sin químicos, con control de plagas natural y bajo una regulación estricta. “Tenemos muchas inspecciones, todo está muy controlado”, explicaba Pascual, orgulloso de la calidad de su producto.
Pero no todo es tan idílico. La finca también ha sufrido golpes duros. La DANA que azotó la zona les causó pérdidas de más de 300.000 euros. “Arriesgas mucho y, cuando el mercado no responde, hay personas que acaban abandonando”, reconocía.
Cuatro décadas de campo
En medio de ese paisaje aparece Paco, agricultor de toda la vida, con más de 40 años de experiencia trabajando la tierra. Su herramienta principal es el tractor, con el que remueve el suelo, corta la hierba y prepara el terreno para la siguiente siembra. Archie incluso se sube con él y prueba a conducirlo unos minutos.
Pero la conversación más reveladora llega cuando hablan de dinero. Paco no duda ni un segundo: “Cuando empecé, ganaba más dinero que ahora”. Lo dice sin dramatismo, casi con la calma de quien ha asumido una realidad que no ha cambiado para mejor. Si alguien empezara hoy en la agricultura, explica, estaría cobrando alrededor de siete euros la hora, prácticamente el salario mínimo. “Va en base a lo que es la agricultura ahora”, añade.