TENDENCIAS

The Circular Project Shop: la primera tienda de ropa sostenible de Madrid

10/04/2015 13:06 CEST | Actualizado 21/04/2016 16:37 CEST

Paloma G. López vive en un sinvivir. El sinvivir, esa palabra cargada de inquietud del siglo XXI, lleva años siendo su chascarrillo favorito, tanto que se convirtió en una broma que incluso sus amigos le repetían. Tras trabajar durante 14 años en una multinacional alemana y pasar por subcontrataciones y despidos improcedentes, ese desasosiego se hizo más real que nunca... y Paloma decidió darle rienda suelta a su creatividad y plasmarla en unas cuantas camisetas. En ellas se leía, con un poco de guasa, El sinvivir o el arte del 'without living', y se convirtieron en su primer proyecto. Apenas han pasado dos años de aquello y hoy Paloma no solo tiene su firma de ropa, sino que regenta una tienda de moda sostenible (es decir, que sea respetuosa con la naturaleza y con la sociedad) llamada The Circular Project Shop, que ha logrado el título de ser la primera de este estilo en todo Madrid.

El proyecto de esta emprendedora madrileña pasa por la "economía circular" y por tener muy en cuenta el Medio Ambiente: "La naturaleza ha perdido su capacidad de recuperación. Estamos en números rojos". De ahí que en diciembre de 2013, hace casi año y medio, se decidiera a unirse a otros consumidores y productores de ropa sostenible para impulsar sus diseños. Los resultados fueron casi inmediatos: sus prendas, fabricadas en algodón orgánico o tencel, empezaron a venderse bien pero, curiosamente, lo que más éxito tuvo eran las ventas en tiendas o mercados. "En verano de 2014 vimos que el cara a cara funcionaba muy bien, mientras que el online iba más lento", relata la emprendedora. Y lo tuvo claro: el siguiente paso era montar una tienda física. Y así nació su pequeño gran proyecto.

"Entonces conocí otras marcas y me puse en contacto con Slow Fashion Spain [la principal plataforma de moda sostenible de España]. Encontré el local y me enamoré. Era la mercería del barrio, llevaba aquí 60 años, han dejado el karma al entrar. ¡Es como en una película francesa! (risas)", relata sobre su recién inaugurada tiendecita en la calle de Ventura Rodríguez, al lado de la Plaza de España, en Madrid.

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Fue en ese momento cuando se dio cuenta de que, curiosamente, la suya es la primera tienda de moda sostenible en Madrid. Es la única que cumple esos tres requisitos: tienda (que no puesto ni mercado), de moda (no se trata de vender prendas sueltas, si no que su mercancía es pura moda) y sostenible (acorde con el Medio Ambiente y que sea respetuosa con su entorno social). En su local, tras un mostrador realizado por El Cartonista a base de cartones reciclados, Paloma da unas cuantas claves de cómo funciona el negocio de las prendas sostenibles en España. Estas son algunas de las principales.

¿Hay moda de este tipo en España? ¿Y en Madrid?

Existen pequeñas tiendas que venden moda sostenible, cuenta. "Hay tres en Barcelona, una en Sevilla, otra en Ourense... Se supone que en Madrid está todo hecho, pero no", cuenta Paloma. Su elección fue la capital porque es su ciudad, y el barrio en el que se instaló fue "un golpe del destino". "No hice un estudio de mercado ni nada de eso...", confiesa. "No estamos en todo el meollo, pero sí en el centro. En la zona cada vez hay más negocios: un restaurante, una editorial..."

En la tienda se venden sus productos, aparte de los suyos propios, de un total de 20 marcas, que incorporaron sus artículos a mediados de diciembre. Allí se pueden encontrar desde diademas a camisetas, vestidos de noche, bolsos, ropa masculina... realizados por marcas españolas, "o por proyectos de españoles que hacen algo fuera, como Open Eyes Project, que trabajan desde la India; Binta, desde Senegal; o Diseño para el desarrollo, de Guatemala".

Una de sus principales reivindicaciones es que en España no se puede encontrar tejido orgánico, porque no se cultiva ni se teje. "Tendríamos que crear comunidades para asociarnos, ahora mismo todo viene de Portugal", cuenta. "Se ha perdido la industria textil, importantísima".

¿Qué tiene que tener la ropa para ser sostenible?

Tiene que cumplir un factor tanto ecológico como social. Y de ambas, "cuanto más, mejor". "Por una parte, el tejido ha de ser orgánico, es decir, cultivado sin pesticidas ni herbicidas. Así se necesitará menos agua, menos luz. Por ejemplo, para realizar un pantalón vaquero se necesitan 20.000 litros de agua. Tendríamos que reducir al mínimo ese gasto", exige.

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Por otra, tiene que tener una cara social. "Trabajamos con personas en riesgo de exclusión social, o con talleres a punto de cerrar. También con APRAMP (Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida), una organización que ayuda a mujeres que buscan salir de la prostitución o en situaciones familiares difíciles. Tratamos de recuperar talleres mediante pequeños proyectos como MyFaldas", una empresa ubicada en Barcelona y que también ofrece sus creaciones en esta tienda.

"Algo fabricado en Pakistán, que viene vía México y se vende en la calle Preciados por 10 euros...", reflexiona, sin acabar la frase ni querer citar nombres concretos. "Eso es cargarse la industria textil, contaminar y ayudar a la explotación infantil. Los sueldos de esos trabajadores son ínfimos", relata. "Hay que buscar la producción local y el consumo local para un cambio global".

¿Ha cambiado la industria con este tipo de iniciativas?

Para ella sí. "Algo se está moviendo", relata, aunque también se lamenta: "Ha tenido que pasar la tragedia del Rana Plaza [un centro de explotación textil en el que hubo más de mil muertos], de la que ahora se cumplen dos años"

The Circular Project Shop apoya un proyecto para visibilizar el origen de las prendas, y para concienciar sobre su fabricación. Es el llamado Fashion Revolution Day, que se celebra en muchas capitales del mundo y en las que la gran pregunta es "¿Quién hizo mi ropa?". Para ello, se da la vuelta a las prendas y se muestran las etiquetas.

¿Por qué y en qué es mejor este tipo de ropa? ¿Tiene que ser más cara?

"Estamos 24 horas en nuestra ropa", explica gráficamente la fundadora de este proyecto para recalcar la importancia de las prendas que vestimos día a día. Y esa ropa "coge olores, genera alergias, causa problemas en la piel"... dependiendo de cómo y con qué esté fabricada. En cambio, ellos apuestan por vestidos hechos a base de fibras de bambú, camisas de virutas de haya, camisetas de eucalipto o bolsos fabricados a partir de piel de peces como el bacalao. Y por supuesto está el reciclaje: diademas hechas de estropajos o pañuelos fabricados a partir de saris de algodón que llevan estampada la firma de la mujer que los ha hecho.

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¿Y qué pasa con el precio? "Yo creo que no, que no es más cara", se reafirma. Para ella y sus clientes, se trata de una cuestión de calidad, de tener varias prendas que sean bonitas y que aguanten el paso del tiempo más que muchísima ropa mala, "con obsolescencia programada". "Es como el armario de la abuela", ríe, en referencia a que las prendas aguantan más sin bolas y sin perder su forma: "Es el patronaje, algo artesanal".

¿Hay moda, que no solo ropa, sostenible?

Paloma G. López lo tiene clarísimo: "Hay moda, hay diseño". Sabe que la ropa de este tipo está relacionada con los aires hippies, con diseños independientes y cercanos a algunas tribus urbanas, no aptas para todos los gustos. Pero para ella hay grandes iniciativas que ayudan a empujar la causa, como la de la diseñadora Livia Firth (conocida también por su matrimonio con el actor Colin Firth) y su objetivo de lograr que las alfombras rojas se conviertan en verdes.

También creen en el concepto de moda sostenible Oriol García, uno de los diseñadores que venden su ropa (y por ahora el único con colección masculina) en The Circular Project Shop. Él realiza sus diseños en la tienda, donde tiene su taller y donde lleva a cabo todo el proceso creativo: "Todo excepto confeccionar", remacha. Tras montar una pequeña empresa de lo que denomina "moda convencional" en Grecia, asumió que no se sentía identificado con el proceso productivo y decidió pasarse a la moda sostenible, con lo que creó su firma Sense Nu. "Había cosas que no me parecían justas: la desproporción de lo que se paga a las costureras y lo que se lleva en la parte final", rememora. "Quiero que mi ropa tenga un contenido detrás, porque mucha de la que se fabrica ahora es tan superficial que no quieren que veamos el contenido".

"En Europa y Estados Unidos hay ropa así, desde alta costura a prendas del día a día", continúa García. "Hay que quitar las etiquetas de étnico, hippie... Eso depende de la elección del diseñador". El mayor problema para los creadores es que en España se va por detrás de otros lugares: "falta interés". "En otros países el público lo pide, hay más mercado".

"El diseño es lo que tiene que ser bonito, te compras el abrigo que te gusta, y que sea sostenible es un valor añadido", relata el creador. "No vendemos solo moda sostenible: vendemos moda con un valor en el que creemos. El producto tiene que ser de calidad, pero que compita en diseño, porque lo que nos gusta es diseñar".

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