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El potente discurso de la activista Nawal al Saadawi al recoger el premio Optimistas Comprometidos

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Es mucho lo que se puede decir para describir a Nawal al Saadawi. Wikipedia la define como escritora, médica y feminista egipcia, pero seguramente se queden cortos. Con 84 años a sus espaldas, Saadawi ha pasado, en este orden, por la mutilación genital, por la cárcel y por el exilio, pero nada ha podido frenarla en su lucha “humanista” más que feminista, según la califica ella misma.

En 1972 Saadawi se jugó su puesto en el Ministerio de Salud (y lo perdió) con la publicación del libro La mujer y el sexo, en el que denunciaba la extirpación del clítoris. En 1981 el régimen de Anwar el Sadat la encarceló por mostrarse crítica con su gobierno, pero ni siquiera en prisión se calló, y allí se dedicó a escribir sus memorias sobre un rollo de papel higiénico con un lápiz de contrabando. Diez años más tarde tuvo que exiliarse por las amenazas de muerte de los islamistas, pero eso le permitió dar clase en la Universidad de Washington.

Estos son motivos suficientes para definirla como una mujer especial, optimista y comprometida y, por tanto, para que la revista Anoche tuve un sueño le concediera el premio especial Optimistas Comprometidos, en su segunda edición, que recogió hace unos días en Madrid.

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Nawal al Saadawi recoge el premio de manos de Montserrat Domínguez.


Saadawi no tiene pelos en la lengua para posicionarse contra “todos los Gobiernos”, todas las religiones y todas las divisiones “arbitrarias”, ya sea entre ciencias y letras o entre hombre y mujer —porque asegura que dentro de cada hombre hay una mujer, y viceversa—.

En el discurso que pronunció durante la gala, que a continuación se reproduce íntegro, Saadawi habló de sueños, de creatividad y disidencia, de injusticias y de esperanza. Con él quiso animar a soñar, a ser radicales, a no abandonar la creatividad y a buscar la “libertad real”. Éstas fueron sus palabras con las que logró emocionar al público:

Estar aquí, en Madrid, es como un sueño. En serio, es como si estuviera soñando, pero llevo soñando todo el tiempo, desde que era pequeña. Soñaba con ser bailarina, música, pianista. Nunca soñé con ser médico, pero me hice médico para contentar a mis padres. Aun así, es muy difícil separar las ciencias de las letras. Esta separación es falsa, es inventada. No existe tal separación entre las letras creativas y las ciencias creativas. No existen esas divisiones.

Yo era cirujana y luego me hice psiquiatra. No hay separación entre la cirugía y la psiquiatría. De hecho, todas estas líneas divisorias son artificiales, muy artificiales. Cuando no podía vivir en Egipto, estuve enseñando en el exilio y me inventé el nombre de la asignatura. La llamé ‘Creatividad y Disidencia’, porque hay una relación entre ser creativo y ser disidente, siempre existe esa conexión entre creatividad y disidencia.

Todos los niños nacen siendo creativos, pero luego pierden la creatividad con la educación.

Pero… ¿qué es la creatividad? La creatividad no consiste en ser un genio. No creo en los genios. Todos aquí sois genios. Todos los niños nacen siendo genios, todos los niños nacen creativos, pero luego pierden la creatividad con la educación. ¿Cómo puede el sistema educativo, principalmente la educación religiosa (ya sea el Cristianismo, el Judaísmo, el Islam o el Budismo, cualquiera) abolir el poder creativo de los niños? Os pongo un ejemplo.

Hay gente que piensa que el feminismo es algo que aprendemos. Todos los niños nacen revolucionarios, todas las chicas son feministas. Yo me hice feminista cuando era una niña. ¿Cómo? Muy simple. Tengo un hermano mayor y mis padres lo mimaban porque era un chico. Él era un vago en el colegio y en casa tampoco trabajaba, pero tenía todos los privilegios porque era un chico. Yo era una niña, era muy buena en la escuela porque quería contentar a mis padres y era muy buena en la cocina ayudando a mi madre, pero me daban la mitad que a mi hermano. Así que me enfadé y les dije a mis padres: “¿Por qué estáis haciendo esto? ¿Por qué sois tan injustos y preferís a mi hermano?”. Mis padres contestaron: “Porque es un chico”. “¿Y qué? ¿Y qué si es un chico?”, insistí yo. “Porque es lo que ha dicho Dios”, me respondieron.

Me fui a mi habitación y escribí una carta a Dios: “¿Por qué eres tan injusto conmigo? ¿Por qué prefieres a mi hermano?”. Eso es feminismo.

Me enfadé, me puse furiosa. Me fui a mi habitación y escribí una carta a Dios. Era mi primera carta a Dios, y le dije: “Querido Dios, se supone que tú eres justo. Se supone que tú amas la justicia. ¿Por qué eres tan injusto conmigo? ¿Por qué prefieres a mi hermano?”. Por supuesto, no me sabía la dirección de Dios, así que me quedé la carta y la quemé. Era una niña rara.

En realidad, eso es feminismo. Eso es el feminismo: la valentía y la capacidad de criticar a Dios, de criticar al padre, al abuelo, al presidente, a los poderes, tanto del cielo como de la tierra. Aunque yo no lo llamo feminismo, sino humanismo, porque no estoy luchando por los derechos de las mujeres; estoy luchando por los derechos humanos, de los pobres, los campesinos, la clase obrera, por los derechos de los hombres que han sido torturados, que sufren torturas o desigualdad. Lucho por por todos ellos, igual que hacéis quienes estáis aquí, ya seáis músicos o científicos. Vuestro objetivo es tener una sociedad justa, tener justicia, igualdad, libertad real, pero no democracia.

No creo en la democracia. La democracia no es libertad.

No creo en la democracia; la democracia no tiene un buen nombre, porque la democracia no es libertad. Las elecciones no son libertad, no son reales. En realidad no elegimos lo que queremos; es el dinero lo que domina las elecciones.

Vivimos en una sociedad muy, muy injusta, ya sea en España o en Egipto, en América o en Europa. Vivimos en un mundo, no en tres. Algunas personas dicen que vengo del tercer mundo y eso es un insulto: yo no vengo del tercer mundo.

Vivimos en un mundo dominado por el mismo sistema: el sistema capitalista, patriarcal, religioso, colonial, racista e histórico. Hay que estudiar historia para saber por qué este sistema es tan injusto con tantas personas. Por ejemplo, con los migrantes, esos millones de inmigrantes que vienen de otros países aquí a España o a Europa. ¿Cómo viven? ¿Por qué habría que diferenciar entre personas? ¿Porque nacieron en Egipto o en Estados Unidos? ¿Por qué? Esta política de identidad es falsa, al igual que la democracia.

Bueno, no quiero extenderme más, pero sí me gustaría decir que he disfrutado mucho esta tarde. Corroboro que la ciencia, el arte, la música, la medicina, la cirugía, la escritura y la creatividad son sinónimos de sentido común. La creatividad, al igual que el feminismo, consiste en volver a la justicia, al sentido común, y sentir que somos uno y que vamos a cambiar este mundo, porque todos estamos indignados con las injusticias del mundo, así que vamos a cambiarlo juntos y lo vamos a conseguir. Porque la esperanza es poder. Muchas gracias.

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