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Japón dos años después. Los refugios-asamblea: el eje de la reconstrucción a largo plazo

09/03/2013 10:08 CET | Actualizado 08/05/2013 11:12 CEST

Tras el terremoto del 11 de marzo de 2011, los arquitectos japoneses dibujaron un mapa de las necesidades básicas de la sociedad para decidir qué era lo que su colectivo podía hacer por la desestructurada tragedia del norte de Japón.

Entre las muchas propuestas, parecía claro que eran necesarias "ayudas inmediatas" y "ayudas a largo plazo" y una concienciación general del largo camino por recorrer en la reconstrucción del este de Tohoku.

De entre las ayudas inmediatas, se extrajo la conclusión de crear una Minna no ie (みんなの家 ) o una "casa para todos" que albergara un espacio colectivo para las comunidades de refugiados.

Uno de los aspectos principales de este espacio es el de crear un entorno comunitario que sea un hogar para quienes no poseen otra cosa que sus vidas tras la catástrofe. El diseño de Minna no ie se basa en los diálogos de los arquitectos con los ciudadanos y su concepto recrea un espacio-refugio que hace las veces de arquitectura de emergencia para la comunidad. Tanto es así que en octubre de 2011, varios refugios ya se habían construido en las ciudades de Onagawa, Sendai, Ishinomaki, Minamisanriku, y Kesennuma.

En la región de Onagawa, el arquitecto Shigeru Ban y varias asociaciones de voluntarios nacionales e internacionales (VAN) se organizaron para colaborar durante las semanas inmediatas al tsunami en la construcción de espacios de partición flexibles para los refugiados y de viviendas temporales a base de contenedores prefabricados. El espacio comunitario para las mismas se configuró como un mercado común, una biblioteca y un espacio de asamblea para la ciudad.

El grupo ArchiAid, liderado por Yoshiharu Tsukamoto organizó, en los meses siguientes al tsunami, un proyecto de ayuda voluntaria llamado "ArchiAid Summercamp" con el que propuso un proyecto de ayuda voluntaria en la península de Oshika, en la prefectura de Miyagi.

Junto a estos arquitectos, el grupo de Sou Fujimoto, Kumiko Inui y Akihisa Hirata, propuso un singular proyecto de refugio-asamblea en la región de Rikuzentakata, construido a partir de los árboles abandonados de una empresa de maderas destruida durante el maremoto. El resultado, una casa hecha con troncos y que funciona como el cuerpo robusto de un árbol, ha conseguido mantener el espíritu de la comunidad y proporcionar un lugar de encuentro, asamblea y de proyección hacia el futuro para sus habitantes.

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Espacio de asamblea construido por Kumiko Inui Sou Fukimoto y Akihisa Hirata en Rikuzentakata-Iwate. Foto: AG

El grupo de arquitectos Toyo Ito, Riken Yamamoto, Hiroshi Naito, Kengo Kuma y Kazuyo Sejima, que acuñaron el concepto de Kishin no Kai ( 帰心の会) o el grupo de reflexión acerca de las necesidades sociales tras la tragedia, reflejaron con sus respectivas arquitecturas diferentes propuestas del espacio de asamblea Minna no ie en las ciudades de Miyagi e Iwate.

La Universidad de Shiga Kenritsu y el laboratorio de Koichi Toki, se acercaron hasta Kesennuma para construir un pabellón de bambú que permite desde su interior mirar al cielo y al mar y recordar bajo un espacio cubierto lo efímero de lo construido y del ser humano.

El arquitecto Koji Kakiuchi propuso, junto a varias organizaciones de voluntarios, un espacio construido sobre los cimientos de una casa arrancada por el tsunami, como un templo de meditación en medio de la nada. Por su parte, el estudio de SANAA propuso en la región de Higashimatsushima una Minna no ie cerca de las viviendas temporales en Miyato jima, con un espacio abierto de ocio y un espacio cerrado de reunión para el pueblo.

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Pabellón arco de bambú de la universidad Shiga Kenritsu y el laboratorio de Koichi Toki en Kesennuma-Miyagi. Foto: AG

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Detalle del pabellón. Foto: AG

En la localidad de Tono, en la prefectura de Iwate, el instituto de Gerontología de Tokio, propuso la construcción de viviendas temporales lejos del lugar de destrucción del tsunami y Kazuhiro Namba y el Laboratorio de Kai propusieron el espacio múltiple AOBA en Kamaishi, en coordinación con las residencias temporales y el refugio comunitario diseñado por Riken Yamamoto en la misma localidad y con el espacio de coordinación para la reconstrucción que aportó el Gobierno central.

En la localidad de Minamisanriku, los arquitectos Senhiko Nakata, Jun Aoki, Toru Nakaki, Tetsuo Nishizawa, Masayuki Oishi, Yuishi Akasaka y Tamayo Iemura aportaron el proyecto Takadai de vivienda, cooperando con los voluntarios y los ciudadanos de la región y la universidad de Tokai se trasladó hasta Oofunato, en la prefectura de Iwate, para construir un espacio comunitario para sus habitantes.

Otros arquitectos, como Osamu Tsukihashi optaron por la ayuda desde la capital, organizando exposiciones benéficas en Tokio junto a talleres de trabajo en Tohoku.

Tras las ayudas inmediatas, los arquitectos y las grandes corporaciones continúan a día de hoy desarrollando proyectos de mayor envergadura, dando forma a las ayudas a largo plazo como el Hospital de la Cruz Roja en Ishinomaki, construido por Nikken Sekkei en la prefectura de Miyagi, el colegio en Sichigahama de Kumiko Inui, o los proyectos de Ippei Takahashi y de Watanabe y Shimohigoshi en la localidad de Miyagi.

En términos globales, se puede decir que la necesidad ha cambiado en los últimos dos años. Superadas las necesidades primarias de cobijo y manutención, los habitantes locales buscan mantener el espíritu comunitario, y reunirse para compartir sus experiencias y sus planes de futuro en un mismo espacio para todos. Esta idea, recogida por los arquitectos, ha dado una respuesta certera y eficaz que a día de hoy muestra una aportación social y urbana de carácter decisivo a nivel internacional.

La red internacional de voluntarios ha sido el gran soporte de los arquitectos en su ayuda a la región del norte. Muchos de los voluntarios sufrieron el terremoto de 2011 en la capital y la crisis radioactiva desde Tokio y aunque varios se decidieron a emprender un voluntariado inmediatamente después de la catástrofe, poco o nada pudieron hacer hasta obtener el permiso de las autoridades. Gracias a la extensa red de voluntarios que se ha popularizado de manera fugaz entre los adolescentes y jóvenes de Japón, la región ha contado con la ayuda de cientos de manos que han agilizado enormemente la construcción de las viviendas y refugios temporales y han llevado alegría y comprensión a las familias supervivientes del norte.

TODOS LOS ARTÍCULOS DE ESTA SERIE:

>>El grito de Kamaishi (I)

>>El grito de Kamaishi (II)

>>La humildad de lo temporal

>>Planteamiento urbano de la reconstrucción: la ciudad desde cero

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