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Frente al terrorismo, más democracia

22/12/2016 07:22 CET | Actualizado 22/12/2016 07:22 CET

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Velas y flores como homenaje a las víctimas del atentado del pasado lunes en Berlín. (Foto: EFE)

El escalofriante ataque terrorista perpetrado en Berlín el pasado lunes, que ha provocado 12 muertos y medio centenar de heridos, se suma a otros muchos que se han sucedido durante los últimos años en distintas partes del mundo y que han provocado un reguero de víctimas inocentes.

Todas estas acciones terroristas buscan acabar con nuestra democracia y, con toda seguridad, constituyen el problema más grave al que hoy nos enfrentamos. Ante esta situación, hay que señalar una diferencia esencial entre un fanático y un demócrata: los demócratas dudamos y por ello, cada vez que sufrimos un ataque de estas características, y más cuando se produce cerca de donde vivimos, nos cuestionamos todo, llegándonos incluso a plantear cuánto de responsables somos. Pero precisamente dudar y cuestionarnos permanentemente es lo que nos hace evolucionar y mejorar las políticas que desarrollamos.

Para hacer frente al terrorismo yihadista debemos entender que pretenden acabar con aquello que nosotros debemos salvaguardar y proteger: nuestra democracia, nuestro sistema de valores, la libertad que disfrutamos, nuestro modelo de convivencia que nos garantiza que podamos convivir juntos personas que pensamos diferente y nuestro Estado de Derecho, que nos hace libres y protege los derechos de los ciudadanos.

El terrorismo se propone aterrorizarnos, por lo que debemos actuar con calma y de manera inteligente, sin precipitaciones, aventuras o atajos; con contundencia, pero dentro de la legalidad vigente que, obviamente, puede y debe perfeccionarse. Y con prudencia y sin miedo.

Debemos conocer a nuestros enemigos, por lo que habrá que estudiarlos y además evaluar las medidas impulsadas, analizarlas, evaluarlas y tomar las medidas correctoras apropiadas en un proceso permanente de aprendizaje continuo que incluya corregir los errores cometidos. No es fácil y no hay, obviamente, varitas mágicas, pero algunas decisiones son indispensables.

Se trata de un problema global al que debemos hacer frente de manera integral, permanente y en todos los ámbitos. Debemos actuar unidos, evitando que los relativistas nos hagan dudar más de lo necesario.

Otro punto esencial para combatirlo es condenarlo y deslegitimarlo: decir claramente que no tiene justificación alguna, nunca, en ninguna parte del mundo ni bajo ninguna circunstancia. Y subrayar, para que no les quepa dudas, que no cederemos a sus chantajes o exigencias.

También es fundamental entender que se trata de un problema global al que debemos hacer frente de manera integral y en todos los ámbitos, de manera permanente y sin descanso. Debemos actuar unidos, evitando que los relativistas nos hagan dudar más de lo necesario y sin que los que pretenden cuestionar nuestros principios esenciales logren que pongamos en peligro el sistema de libertades que garantizan los derechos humanos, ya que no se trata de precarizar nuestra democracia sino de perfeccionarla, ensancharla y extenderla a otras partes del mundo.

Debemos entender que el incremento de la seguridad es esencial para asegurar mejor nuestra libertad y que, por lo tanto, ambas cuestiones no tienen por qué ser contradictorias sino que más bien son complementarias. Hay que profundizar en la colaboración y la cooperación entre todas las democracias del mundo, mejorar y agilizar el intercambio de información, perfeccionar nuestras unidades de inteligencia especializada, cortar las vías de financiación de las organizaciones terroristas, controlar el comercio de armas, atender y equipar mejor a nuestros policías y ejércitos y, no menos importante, que de una vez por todas Defensa sea competencia de la Unión Europea.

Por otro lado, es obvio que hay que analizar nuestras decisiones en política internacional y tomar nota de los errores estratégicos cometidos, así como actuar mano a mano con terceros países y debilitar allí las organizaciones terroristas, lo cual implica el uso de medios militares, pero sólo como parte de una estrategia colectiva sostenida.

Por último, no olvidemos cosas obvias ante la pretensión de algunos de contaminarlo todo: la mayoría de las víctimas de estos fanáticos son musulmanes, y los refugiados que justamente acogemos precisamente huyen de la violencia, el terrorismo y la guerra. Tenemos que hacer frente al discurso del odio y la violencia. Y atender y proteger a las víctimas.

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