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Otra reforma energética contra un modelo sostenible

04/07/2013 07:40 CEST | Actualizado 02/09/2013 11:12 CEST

Confirmando una vez más aquello de que "el medio es el mensaje", el secretario de Estado de Energía, Alberto Nadal, presentó en el Campus FAES las líneas maestras de la reforma energética que el Gobierno prepara en medio de un secretismo sin precedentes. El lugar es en este caso relevante, ya que FAES ha sido la cocina ideológica en la cual se ha fraguado el negacionismo que predomina en la política española frente a las fuentes renovables, la eficiencia energética, las emisiones contaminantes y el cambio climático. El déficit de tarifa es el mantra detrás del cual se justifican todas las acciones que va a llevar a cabo el Gobierno. Sin embargo las grandes eléctricas españolas consiguieron beneficios muy superiores a sus colegas europeas, al situar sus márgenes en el 6,78% en el conjunto del año 2012, mientras que las grandes eléctricas europeas dejaron este ratio en el 2,62%.

Nadal -como ya es habitual en las palabras de los responsables de la política energética del PP- cargó las tintas contra las energías renovables, según él, causantes de todos los males de que adolece el sistema eléctrico español. En este contexto no sorprende que la medida estrella de la reforma energética será no levantar "en el corto plazo" la moratoria a las renovables primadas, como si con ello se resolvieran los problemas del sistema eléctrico español.

El déficit tarifario tiene su origen en los Gobiernos de Aznar: es un artificio contable consecuencia de los acuerdos del exministro Rodrigo Rato con las eléctricas, por el cual el consumidor no paga la totalidad del coste de la generación de electricidad. Aunque se ha querido responsabilizar a las energías renovables, lo cierto es que el déficit tarifario tiene que ver sobre todo con la sobrecapacidad del sistema eléctrico y una política de fijación de precios claramente ineficiente.

El potencial de generación en España está totalmente desmesurado para las necesidades reales actuales, siendo casi un 50% superior la potencia instalada a la demanda. La potencia ha aumentado diez veces más de lo que ha crecido la demanda de electricidad en los últimos años. Concretamente, desde el año 2005 y hasta el 2011, la potencia instalada (sobre todo fruto del aumento de centrales de gas de ciclo combinado) ha aumentado un 35,7%, mientras que en ese período la demanda de electricidad solo subió un 3,4%. Pagar todo este sistema sobredimensionado es caro.

Por otro lado, la gran hidráulica y la nuclear son dos tecnologías sobre retribuidas. Según la Asociación de Productores de Energías Renovables (APPA), el coste del megavatio hora nuclear es de entre 21 y 27 euros, mientras que su retribución ha sido, durante todo el año pasado, superior a los 50 euros. Y es así desde hace muchos años.

Todo esto ha tenido una incidencia en el déficit tarifario muy superior a las denostadas primas de las energías renovables. Por cierto, que nadie en el sector se opone a la reducción progresiva de las primas. Lo que ha sido devastador ha sido arrancarlas de cuajo, como ha hecho el Gobierno de Rajoy.

La excesiva dependencia energética del exterior es una cuestión relevante que lastra nuestra balanza de pagos. Con una dependencia exterior superior al 80%, el parón a las energías renovables es inexplicable, ya que son las únicas fuentes verdadaderamente autóctonas de las que disponemos. El parón a las energías renovables tiene una causa puramente ideológica, y no técnica ni económica.

Desde mi punto de vista, y en línea con lo que se planteó en la reciente Jornada sobre Energías Limpias de la Fundación Renovables y la Fundación EQUO, es imprescindible la aprobación de una planificación energética que tenga como eje central el cumplimiento de unos objetivos ambiciosos de reducción de emisiones, desarrollo de las renovables e incremento de la eficiencia, siempre vinculados entre sí. Asimismo es necesario plantear una batería de medidas para hacer del ahorro y la eficiencia, hoy ausentes en la política energética, el eje central de la misma con una apuesta clara por la rehabilitación energética de edificios o cambios drásticos en la movilidad y el transporte. También reclamamos una regulación adecuada del autoconsumo como pilar de la generación distribuida. Otras medidas necesarias hacen referencia a la fiscalidad energética, a la eliminación de las subvenciones a las energías convencionales o la revisión del sistema de conformación de precios en la electricidad.

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