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Por qué #OccupyCentral ha usado la no violencia como estrategia

02/10/2014 07:24 CEST | Actualizado 01/12/2014 11:12 CET

Escrito junto a Jamila Raaqib

El movimiento Occupy ha regresado y esta vez resucita en Hong Kong. Pero en este caso, la ocupación no está vinculada con el Occupy Wall Street de años recientes. Se trata de una nueva iniciativa política denominada Occupy Central y que se está convirtiendo en una importante fuerza política que podría amenazar la dominación china sobre Hong Kong.

Occupy Central (OC) fue creada con el objetivo fundamental de alcanzar el sufragio universal -de acuerdo al los estándares internacionales-, algo que actualmente no existe en Hong Kong. Este año, OC planea movilizar a los ciudadanos de Hong Kong y se ha planteado una serie de acciones, incluyendo una sentada que ha reunido a más de 10.000 participantes para bloquear las calles de la principal zona de negocios de Hong Kong. Su principal arma de lucha es el uso de acciones no violentas y, específicamente, la desobediencia civil como forma de conseguir sus objetivos.

Cuando Gran Bretaña entregó Hong Kong a China en 1997, Beijing aceptó "un amplio grado de autonomía", con un modelo de un país, dos sistemas. Sin embargo, los candidatos a jefe Ejecutivo, el cargo más importante en Hong Kong, son elegidos por un comité que muchos consideran fiel a Beijing, quien pone como requisito que los candidatos "amen al país" (es decir, China) y "amen Hong Kong".

Lo bueno es que se supone que China va a otorgar el sufragio universal en Hong Kong en 2017. Sin embargo, los ciudadanos de Hong Kong temen que Beijing no cumpla con este acuerdo, razón por la cual Occupy Central se está preparando con antelación. Esperan poder impedir una futura crisis que se produciría si China incumple sus acuerdos, así como dirigir la lucha si se finalmente se produce la crisis.

Liderados por el profesor Benny Tai y el reverendo Chu Yiu-ming, OC tiene un comité organizador muy diverso y, según Tai, las decisiones más importantes se tomarán con la participación de cada una de las personas. La decisión final de ocupar la zona de negocios de la ciudad, según OC, se tomará si así lo decide el voto popular, no por una decisión de sus líderes.

La ocupación es el último recurso en la estrategia de OC Hong Kong. En primer lugar, están intentando buscar el diálogo con el Gobierno chino, en un esfuerzo por llegar a un acuerdo antes de convocar a una acción directa. Según Tai, para que se produzca la desobediencia civil hay que agotar primero todos los canales legales. Si falla la negociación con Beijing, se producirá la ocupación, con la posibilidad ya sugerida de que toda la actividad económica de la ciudad tenga que suspenderse.

Los objetivos de OC no son solo a corto plazo, ni están relacionados simplemente con la cuestión del sufragio. Una parte importante de OC pretende enseñar a los residentes de Hong Kong cuáles son los beneficios de la resistencia no violenta y prepararlos para ejercer la desobediencia civil como un instrumento para establecer límites sobre el poder de líderes que ellos consideran ilegítimos. Eso permitiría a Hong Kong empoderarse no sólo frente a esta situación, sino ante futuras amenazas de este tipo. El compromiso del movimiento con la resistencia pacífica se pudo comprobar el día de Año Nuevo, cuando miles de ciudadanos de Hong Kong se manifestaron a favor de la reforma política. Los participantes utilizaron la marcha como una ocasión para aprender y practicar acciones de no violencia, formando cadenas humanas y protegiéndose ellos mismos contra la posible violencia policial.

La idea de que una sociedad puede desarrollarse y aplicar una política de defensa a través de una lucha sin violencia no es nueva. OC, como otros movimientos anteriores, está intentando generar una capacidad de defensa lo suficientemente fuerte y organizada como para convencer a un atacante potencial -en este caso, China- de que es mejor no atacar, pues las consecuencias de una agresión podrían tener costes inasumibles y resultar un fracaso.

Al anunciar con antelación sus planes de interrumpir la actividad en el centro de Hong Kong, OC está dispuesta a incrementar el coste de una potencial decisión de Beijing de no garantizar el sufragio universal. La estrategia es hacer la vida muy complicada para Hong Kong -y, consecuentemente, para China-, si Beijing no cumple su promesa.

OC es transparente y abierta con sus exigencias, porque sus miembros entienden que las acciones pacíficas funcionan de manera diferente a la lucha violenta. El oscurantismo en un movimiento pacífico no ayuda a evitar la vigilancia del Gobierno, ni a protegerse de las acciones de una policía o unas fuerzas armadas bien organizadas. Por el contrario, limita sus potenciales apoyos. Para ser eficiente, la lucha no violenta no necesita oscurantismo, sino transparencia.

China está preocupada con Occupy Central, y ha contratado a hackers y gente leal para que se infiltren en el movimiento. El modo en que China lidie con estas demandas determinará el futuro del movimiento.

Si China utiliza la represión contra gente que está comprometida con la lucha no violenta, puede que tenga que enfrentarse a repercusiones significativas. Puede que no esté preparada para la respuesta y los efectos de la política jiu jitsu-defensa sin armas-. La capacidad de China para ejercer un castigo puede incrementar número de apoyos al movimiento Occupy Central, provocar fisuras y fracturas dentro del Partido Comunistas y de sus apoyos locales, y provocar simpatía y apoyos de sectores diversos de la comunidad internacional. La decisión más sabia sería que Beijing hiciera honor a la palabra dada en el tema del sufragio y escuchara las exigencias de Occupy Central, porque no tienen ninguna intención de marcharse a corto plazo.

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Michael Shank, PhD. es profesor asociado de Asuntos Legislativos en el Comité de Amigos de la Legislación Nacional y adjunto en la Escuela Universitaria George Mason para el Análisis y Resolución de Conflictos. Jamila Raaqib es directora ejecutiva de la Institución Albert Einstein, una organización sin ánimo de lucro fundada por el doctor Gene Sharp en 1983 para avanzar en el estudio y uso de la no violencia en conflictos alrededor del mundo. Este contribución se publicó originalmente en 'U.S News and World Report' en marzo de 2014.