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Los refugiados que ayudaron a las víctimas del terremoto de Italia saben lo que es sufrir

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REFUGEES ITALY EARTHQUAKE
Eric VANDEVILLE via Getty Images
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La solidaridad no entiende de roles sociales. El sufrimiento no entiende de razas. Estas afirmaciones no son clichés, sino realidades que han sido confirmadas gracias a un acontecimiento del que todo italiano debería enorgullecerse: miles de voluntarios, refugiados incluidos, se han reunido en los lugares afectados por el terremoto para echar una mano.

Los refugiados que acudieron para ofrecer ayuda han demostrado lo que significa combinar idealismo y pragmatismo en momentos trágicos como estos.

Estos refugiados acudieron a rescatar, a ayudar y a salvar vidas humanas, independientemente de la etnia de las víctimas que yacían bajo los escombros; blancos, negros, cristianos o de cualquier otro grupo. Fueron los primeros en reaccionar. Junto con los trabajadores de las agencias del gobierno, montaron campamentos de tiendas de campaña para albergar a aquellos que habían perdido sus casas. Estos voluntarios hacen que la frase "bel paese" [bello país] cobre significado.

Mientras tanto, las opiniones de los que no saben lo que es la solidaridad difieren completamente de esa idea de "bel paese". Son aquellos que sugieren que se debería hospedar a las víctimas del terremoto en "hoteles de cinco estrellas" (!) que actualmente están ocupados por los refugiados.

Defienden que los refugiados son los que deberían vivir en las tiendas de campaña. Insisten en que los refugiados deberían ceder las habitaciones que les ha dado el Estado.

Son ángeles, no buitres; han ayudado porque saben lo que es sufrir y perderlo todo.

No tienen ningún respeto por las víctimas del terremoto. Su bochornoso despotrique también demuestra que no tienen compasión por los miles de personas que han arriesgado sus vidas para huir del horror de la guerra, de la explotación y del desastre natural. Esta diatriba carece de los ideales del "bel paese".

Los voluntarios han demostrado que ponerse manos a la obra para ayudar a la gente que está pasándolo mal une a la gente. Llegaron decenas de refugiados de todas partes de Italia para ofrecer ayuda a las víctimas del terremoto: una hermosa verdad que eclipsa el bullicio y la controversia que rodea a los inmigrantes.

También acudieron voluntarios de diferentes organizaciones de todo el país para ofrecer ayuda y asistencia a las autoridades locales de Amandola, una de las regiones más castigadas por el terremoto.

Las acciones de estos voluntarios son la mejor forma de rebatir las afirmaciones del Padre Cesare Donati, un párroco de Boissano que publicó en Facebook la frase: "Dada la tragedia del terremoto, ahora es el momento de dar un techo a las víctimas y mandar a los inmigrantes a las tiendas de campaña... ya veremos".

Unas palabras graves e imprudentes, especialmente para venir de un religioso. Puede que sus declaraciones siembren las semillas del resentimiento, la división y la desconfianza, y es probable que instauren una jerarquía del victimismo que no se debe aceptar.

Los refugiados que vinieron de todas partes de Italia para ofrecer su ayuda a las víctimas del terremoto tienen un pasado trágico, y, desde luego, no tienen un futuro de cinco estrellas.

Desafortunadamente, el periodista y presentador Enrico Mentana llevaba razón cuando publicó en Facebook que "no había pasado ni un día después del terremoto y ya se había empezado a extender una plaga por internet: 'Enviad a los inmigrantes a las tiendas de campaña para que puedan dejar libres las habitaciones de los hoteles de cinco estrellas para las víctimas del terremoto'. Es obvio que los que dicen este tipo de cosas no se preocupan ni por los refugiados ni por las víctimas; solo quieren extender el odio".

Por desgracia, esto fue exactamente lo que pasó. Pero no debemos entrar al trapo con esta gente. Nuestro deber ético y humanitario es el de ayudar a los refugiados. Pero con demasiada frecuencia es la polémica la que se lleva toda la atención: el que más alborota gana.

Los refugiados que vinieron de todas partes de Italia para ofrecer su ayuda a las víctimas del terremoto tienen un pasado trágico, y, desde luego, no tienen un futuro de cinco estrellas. Vinieron para quitar escombros y ayudar a aquellos que lo habían perdido todo, sin motivos personales ni políticos. Son ángeles, no buitres; han ayudado porque saben lo que es sufrir, perderlo todo, dejar atrás un hogar destruido por una guerra o por un desastre natural. Y lo saben mucho mejor que esos que se dedican a expresar su ira. Lo que les trae por Amandola y Amatrice es simplemente la compasión. Le han dado un nuevo significado a la expresión "bel paese" y han dado una bonita lección de solidaridad.

Este post fue publicado originalmente en la edición italiana de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Lara Eleno Romero.