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27/06/2018 07:21 CEST | Actualizado 27/06/2018 07:21 CEST

Mariano Barroso: "En el cine no cabe el acoso ni el maltrato"

El presidente de la Academia del Cine estrena 'El Día de Mañana'.

GTRES

Mariano Barroso (Barcelona, 58 años) está a punto de cumplir su primer mes como presidente de la Academia de Cine. Antes ya lo era, en funciones, ocupó el cargo después de que Yvonne Blake tuviera que abandonar el cargo tras sufrir un ictus a principios de año.

La elección del cineasta, que con Blake era vicepresidente y cuya candidatura para la presidencia fue la única, coincidió con la de Màxim Huerta como ministro de Cultura. El director de Todas las mujeres expresó sus deseos de reunirse con el escritor, con el que tenía cerrado un encuentro, pero la dimisión precipitada del periodista hizo que la cita se cancelase. Ahora tendrá que empezar las negociaciones para transmitir las necesidades del gremio a José Guirao.

Barroso asume esta nueva etapa como máximo representante de los cineastas españoles con la tranquilidad de la experiencia que le ha dado ocupar la vicepresidencia y la presidencia en funciones, y con el compromiso de liberar a la Academia de todo estigma político, para mantenerse al margen de cualquier lucha partidista y no convertirse en "la moneda de cambio" de ningunas siglas.

Por otro lado, tiene entre sus propósitos dar una nueva cara a los Goya, razón por la que han decidido prepararlos con ocho meses de antelación —de hecho, este mes de junio se supo que los presentadores serán Andreu Buenafuente y Silvia Abril— para lograr una gala que "se acerque a lo que debe ser". Incluso ya busca la manera de encajar el reconocimiento a las series en unos premios.

Además, el cineasta es uno de los muchos directores que se ha pasado a la televisión, aunque sin intención alguna de pertenecer a ningún éxodo procedente de la gran pantalla y siempre con el objetivo de trabajar con actores casi desconocidos, pero con el potencial suficiente para convertirse en un descubrimiento para el gran público, algo que reconoce que le gusta. Es el caso de Oriol Pla, el protagonista de El Día de Mañana, la serie que Movistar+ estrenó el viernes 22 de junio, en la que vemos el talento "descomunal" del catalán, al que solo conocen los aficionados al teatro o quien haya visto ya el último anuncio de Estrella Damm. Es su momento para hacerse un hueco también entre los seriéfilos.

Mariano Barroso ha tenido palabras para las series y el reconocimiento que estas producciones merecen, las oportunidades a nuevos actores, la relación de política y cine, la nueva era de los Goya y el abuso, acoso y maltrato en el gremio del cine en una entrevista con El HuffPost.

Estrena El Día de Mañana y se suma a la larga lista de directores, actores y espectadores que se pasan a estas plataformas. ¿Existe un éxodo del cine?

No, creo que hay un target de espectadores que se había quedado huérfano de cine, porque todos los espectadores de estas series son personas que antes iban a salas. El cine (te hablo del 'masivo') cada vez está más orientado a la gente joven, por lo que hay mucha otra que se había quedado desubicada. Los jóvenes también están viendo el cine de otra manera: hay nuevas formas de exhibición y de producción que están revolucionando el mercado laboral en nuestro sector. Nuestro colectivo está muy animado con las nuevas producciones. Hay movimientos, como pasó cuando surgió el vídeo o la tele, pero no es malo. También hay un tipo de historias que están hechas para el público adulto —que no hay que confundir con el cine X—, y también tiene que ver el hecho de que es un tipo de espectador activo diferente del de la televisión más convencional, que es más pasivo, que se sienta delante de una pantalla a ver qué le ponen. El espectador de plataformas se sienta y paga, y luego se pone a buscar lo que quiere ver. Es toda una declaración de principios y de qué clase de espectador eres. A ese espectador hay que tenerlo ahí, cueste lo que cueste.

Al espectador de plataformas hay que tenerlo ahí, cueste lo que cueste.

¿Está la industria sabiendo reinventarse para ganar ese tiempo de ocio de los espectadores, el que se está llevando Movistar, Netflix, HBO o Amazon Prime Video?

Está en ello. Esto se aprende día a día. A mí me ha tocado aprender a ser padre. Todo el mundo te habla de lo maravilloso que es, pero en el día a día no tiene nada que ver. Vas aprendiendo por momentos, a medida que vas haciendo. La industria se va adaptando y muy bien, hay un nivel de implicación y de calidad muy alto. La factura que tiene El Día de Mañana y el nivel actoral no tiene nada que envidiar al cine o a las series de otros países.

En los círculos de actores jóvenes, que han estudiado Arte Dramático, es muy habitual escuchar la queja de que no se dan oportunidades a caras anónimas. ¿Es una situación real? ¿O ha sido así y se está acabando con ello?

En esta serie no sé qué número de actores hay, si 80 o 100. Actores conocidos con papel son, quizás, cinco o seis. Oriol Pla (el protagonista) ha hecho pocas cosas, es muy conocido en teatro, es un actor descomunal, no es un rostro famoso. Jesús Carroza igual. Aura Garrido y Karra Elejalde son más conocidos por el gran público, pero el resto... ¿Son peores? No. Hay gente brillante en el reparto. A veces son necesidades de la distribuidora más que otra cosa. A mí me encanta trabajar con gente que no sea especialmente conocida siempre que puedo.

La Academia del Cine no es un 'lobby'. Tiene que ser un organismo influyente en el mejor de los sentidos.

Hablando de gente que se conoce... ¿Es la Academia del Cine un lobby?

No, para nada, es una institución que aglutina el mayor número de cineastas de nuestro país y es una estructura que le da cobijo y espacio a un colectivo que por naturaleza es muy disperso y está muy poco organizado. Si no estás en un rodaje o participas en una producción no tienes referencias de estructuras a las que pertenecer. La Academia tiene esto después de muchos años de trabajo, de mucha gente y de muchas presidencias y juntas directivas y ha conseguido ser una referencia del cine español. Pero no es un lobby... Hombre, tiene que ser un organismo influyente en el mejor de los sentidos. Es una institución que tiene que ser escuchada porque es la voz de un colectivo, pero la palabra lobby parece que tiene unas connotaciones negativas, no es el caso.

¿Por qué existe la necesidad de crear una vinculación emocional con la Academia y por qué no ha existido hasta ahora?

Existe solo por parte de algunas personas, pero también es verdad que existe una cierta desafección, una mirada por encima del hombro o mirada escéptica hacia la Academia, por lo que ha tenido siempre (yo lo entiendo) de institucional, de casi ministerial a veces. No debe ser así porque somos un colectivo por naturaleza un poco escéptico, que vive muy a la intemperie y muy a merced de los cambios de Gobierno y de los cambios políticos. Es una de nuestras reivindicaciones: queremos que se nos mantenga al margen de la lucha partidista, que no se nos utilice como arma arrojadiza o moneda de cambio entre partidos. En el colectivo del cine hay gente de todas las tendencias políticas y eso debe estar más allá de lo que son las aspiraciones de todo un colectivo, no somos ni de una ideología ni de la otra, somos de todas ellas, porque hemos aprendido también que las ideas separan y nuestro oficio consiste en todo lo contrario, en el encuentro, en aglutinar y en crear comunidad. Sabemos que para hacer películas y series tenemos que integrar a gente con un fin común.

Durante años ha existido la sensación de que los Goya solo dan cabida a un cine de compromiso social. Muchas veces incluso se ha cuestionado que algunos taquillazos no hayan tenido presencia en los premios. ¿Menosprecian los académicos españoles películas como Torrente?

Es muy difícil hablar en nombre de todos los académicos. Ahí vota todo el mundo, somos 1.500. Cada uno es muy libre de votar y al final se toman decisiones conjuntas. La verdad es que no sabría decirte, porque cada uno tiene sus razones, te podría hablar de las mías. Quizás se le da más valor a un tipo de cine que a otro porque se valora más los mensajes. No sé si es acertado o no, al final se reconocen unos premios que a veces es verdad que no conectan, pero también existen casos como el de Un Monstruo viene a verme, que no es un tipo de cine especialmente elitista o social pese a tener una historia y un mensaje, está pensada para el gran público. También las películas de Amenábar o Lo Imposible. Es lo que los académicos consideran.

No parece factible que en los Goya vayan a premiarse las series.

También se ha dicho muchas veces que las galas son siempre lo mismo y se centran en la política. Ahora que ya se está preparando, ¿va a dejar de ser lo que era y emprenderá un nuevo camino?

En las galas es muy difícil satisfacer a todo el mundo. Tienes unos invitados presentando las candidatas a cada premio. A eso hay que sumarle os tiempos de agradecimiento ya te sale una hora en una ceremonia de dos horas y media. Imagina que una película de dos horas tuvieras que interrumpirla constantemente, con la gente que tiene que salir a saludar. Hay una cosa que va contra el ritmo y tiene difícil solución. Es una entrega de premios, pero también es un espectáculo televisivo, una plataforma, una fiesta de encuentro. Lo que sí vamos a hacer en la próximas edición es trabajar con mucho tiempo de antelación. Silvia Abril y Andreu Buenamente ya lo están haciendo y hemos cerrado un acuerdo para que se pueda preparar la gala y las agendas con siete u ocho meses. Como gente de cine que somos, sabemos que el resultado de una película no depende tanto del rodaje, como de la preparación. A ver si de esta manera encontramos una gala que vaya acercándose a lo que debe ser.

¿Es la política la única culpable de los males de la industria?

El cine no vive una mala situación económica. Todo lo que es el sector del cine español no solo no vive subvencionado y en crisis, si no que es un sector que da ganancias al Estado. Parece que el sector del cine es un sector que se queja y que llora, y no, el sector del cine genera ingresos para el Estado y no solo a nivel cultural. No solo hablo de ingresos intangibles, de historia o de memoria, sino que a nivel económico también es un sector que genera muchos miles de puestos de trabajo, que genera escuelas en las que hay miles de estudiantes y que nutre a todas las producciones de cine y de televisión. Lo que sí reprochamos a la política es que quiera fagocitar todo, incluido el cine. El cine quiere mantenerse al margen, estar por encima de las luchas partidistas. Nuestra obligación es entendernos con el Gobierno que entre. Igual que pasa con la literatura o la pintura, es un bien de todos los españoles, no es solo de unos cuantos, y debe ser reconocida como tal, como la industria estratégica.

El cine es un bien de todos los españoles, es una industria estratégica.

¿Qué va a hacer la Academia para que no existan abusos dentro del mundo del cine?

Nos hemos posicionado: tiene que estar en la vanguardia del respeto y de la igualdad de oportunidades. En nuestro campo no cabe la posibilidad del abuso, ni del acoso ni del maltrato. Eso está desterrado de nuestro entorno y hasta donde lleguemos será así, dentro y también en el área a la que alcance la Academia.

Ahora que ha dirigido una ficción para televisión y que los Goya están en su mano. ¿Llegarán a estos premios la categoría de Mejor serie?

De momento no, pero sí que se ha tenido un debate en la Academia para ver cuál es el encaje de este tipo de producciones, porque no deben quedar huérfanas de estructura y ahora mismo es una forma de producción (no solo de exhibición) muy importante y que está moviendo mucho el mercado laboral. Eso para nosotros es fundamental, porque nuestros académicos están accediendo a ese movimiento favorable de convulsión positiva, de revolución del mercado laboral. En algún sitio habrá que encajarlo. En los Goya no parece factible porque una de sus principales lastres es el excesivo cúmulo de premios que hay. Como para meter otro.

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