Ephraim, 20 años, revendía Ritalin en TikTok a estudiantes de Medicina: "Compraba cajas por 10 euros y las vendía por hasta 500"
Lo que empezó como curiosidad tras ver vídeos en internet terminó en un negocio ilegal con compradores desesperados por rendir más.

Todo empezó con un vídeo. Y acabó convirtiéndose en un pequeño negocio clandestino que movía cientos de euros en cuestión de días.
Ephraim, un joven de 20 años que prefiere mantener el anonimato, descubrió el Ritalin en YouTube. Según cuenta, siempre había tenido problemas de concentración, y al ver contenido en redes sociales donde se hablaba de este medicamento como una solución casi milagrosa, decidió probarlo.
"Todo el mundo decía que era 'increíble', que no tenía efectos secundarios", explica. Sin diagnóstico de TDAH ni receta médica, recurrió a un amigo que sí tenía acceso legal al fármaco.
De consumo personal a negocio
Lo que empezó como uso propio no tardó en dar un giro.
Ephraim comenzó a dejar comentarios en TikTok bajo vídeos relacionados con el estudio y la productividad: "Vendo, si alguien está interesado". El mensaje era directo y eficaz.
En poco tiempo, empezaron a llegarle mensajes privados.
Quién compraba
El perfil de los compradores era claro. Estudiantes de Medicina que querían "aguantar más horas", consumidores habituales de estimulantes y personas diagnosticadas que buscaban aumentar su dosis. Todos con un objetivo común: rendir más, concentrarse más, estudiar más.
Un mercado silencioso, pero con alta demanda.
Un negocio muy rentable
Ephraim encontró pronto una vía de suministro estable: cajas de Ritalin por unos 10 euros.
A partir de ahí, el margen era enorme.
Las revendía por entre 200 y 500 euros, dependiendo de la urgencia del comprador y la cantidad disponible. En pocas semanas, asegura haber generado unos 1.500 euros, con un beneficio neto cercano a los 750. Todo, a través de redes sociales.
El riesgo detrás del negocio
El problema no era solo legal.
El Ritalin es un medicamento que puede resultar peligroso si se consume sin control médico, especialmente en casos de sobredosis o uso prolongado sin supervisión. Aun así, su uso fuera del circuito sanitario se ha ido extendiendo, impulsado en parte por la presión académica y el discurso de la hiperproductividad en redes.
El momento de parar
El negocio, sin embargo, no duró mucho.
Ephraim decidió abandonarlo en verano de 2025, apenas unos meses después de haber empezado. La razón fue sencilla: "Estaba tomando demasiada dimensión", reconoce.
Lo que parecía algo puntual había empezado a crecer demasiado rápido.
Una tendencia que preocupa
El caso no es aislado.
El uso de fármacos como el Ritalin fuera de prescripción médica se ha convertido en una práctica cada vez más visible en determinados entornos, especialmente entre estudiantes que buscan mejorar su rendimiento.
Y las redes sociales, lejos de frenar el fenómeno, están facilitando su expansión.
La historia de Ephraim pone el foco en algo más amplio. La facilidad con la que se puede acceder a este tipo de medicamentos, la normalización de su uso sin control y la presión por rendir más en entornos competitivos.
Todo eso, concentrado en un simple comentario en TikTok.
"Vendo, si alguien está interesado".
