Hablar por Telegram para cuidar la salud mental

Casi 60 jóvenes pertenecen a un grupo de mensajería de personas con algún trastorno creado con el fin de sobrellevar mejor el confinamiento por la Covid-19.

Podríamos hacer una red de cuidados entre personas que tenemos problemas de salud mental y nos cuesta afrontar el pasar tantos días en casa”, escribió Benjamín Santiago el 12 de marzo en Twitter. Dos días después se decretó el estado de alarma por la Covid-19 y la propuesta se fue materializando en un grupo de Telegram. Ya son casi 60 personas que comparten cómo se sienten.

Benjamín Santiago (22 años, Málaga) quería crear un espacio seguro en el que se tuviera una libertad total de expresión y se respetara a todo el mundo sin prejuicios. “Cuando entra alguien nuevo al grupo la mayoría suele contar lo que le pasa, decir su nombre y el pronombre con el que quiere que le llamen”, comenta. Los integrantes son jóvenes de entre 15 y 28 años que apenas se conocen entre ellos. “La relación con otros círculos como la familia o amigos es diferente a esta, porque a veces se evitan ciertos temas por no preocuparles”, explica Santiago. La premisa es que no son profesionales, solo se dan consejo. “Se trata de un apoyo mutuo, aporta a la terapia pero no la sustituye”, sostiene el joven. La psicóloga Patricia Perea defiende los beneficios de formar parte de estos proyectos: “Muchas de estas personas puede que se aíslen en su entorno más cercano, en su vida cotidiana, bien por dificultades a la hora de relacionarse o bien o por no sentirse comprendidos, o sentirse juzgados o censurados”.

Una de las integrantes reconoce que le gustaría recibir tratamiento psicológico, pero no tiene apoyo en su casa para hacerlo. Marta (nombre ficticio) es de Zaragoza, tiene 15 años y sufre problemas en la relación con sus padres, con los que convive todo el día. “Los del grupo me han hablado de situaciones parecidas por las que han pasado, me han recomendado también cosas que hacer. Me han ayudado con la ansiedad”. Uno de los consejos, por ejemplo, es el de escuchar música. Irene (nombre ficticio) recomienda las que más le ayudan: The Scientist de Coldplay e Imagine de John Lennon. La letra de la última “encaja bastante con los ánimos”, añade la joven de 24 años.

“Los integrantes son jóvenes de entre 15 y 28 años que apenas se conocen entre ellos. La premisa es que no son profesionales, solo se dan consejo.”

En estos días Irene ha aprendido en el grupo empatía y conciencia social. Por otro lado, al ser un conjunto tan heterogéneo están concienciados con la inclusión. Hablando con una chica autista, Marta ha descubierto que no les gusta que le llamen personas con autismo: “Porque no es una enfermedad, es parte de ellos”. También, un chico trans les contó cómo se sentía con su disforia, porque los demás no les trataban como a él le gustaría. Ahora Marta usa la “e” y no la “x” para usar el género neutro por las personas invidentes; para que puedan leerlo.

Comparten sus vivencias pero casi no hablan del virus, pese a ser el motivo principal por el que se reunieron virtualmente. “Nadie comenta las cifras o las noticias porque sale natural”, explica Irene. Se siente abrumada por la “productividad de la gente”. Ella no tiene capacidad de concentración: “Me alegro por quien lo haga pero yo no puedo hacer yoga, pienso en la gente fuera que se está muriendo”. Ante esto, la psicóloga Perea aboga por reducir los momentos en los que se recurre información a, como máximo, dos veces al día y si se puede, hacerlo en compañía de algún familiar. “Para comentar y atender a la preocupación o las dudas que puedan aparecer, ya que esto les puede ayudar a ventilar emocionalmente y a calmar la ansiedad”, señala la especialista en Psicología de Emergencias y Catástrofes.

“Comparten sus vivencias pero casi no hablan del virus, pese a ser el motivo principal por el que se reunieron virtualmente.”

Además de esta recomendación, Perea define algunas generales para las personas que se encuentren ante un problema de salud mental. Entre ellas: seguir los tratamientos farmacológicos, ser responsables en las medidas de confinamiento, potenciar el mantenimiento de los hábitos saludables o nutrir las relaciones sociales. Asimismo, aclara que se deberían dar pautas concretas para cada caso en particular.

“Para las personas que padecen algún trastorno mental como la depresión, ansiedad, trastornos alimentarios, entre muchos otros, es especialmente complicado, ya que las dificultades cuando se tiene un trastorno psicológico son complejas”, justifica la psicóloga. Pero nadie queda exento. Según un estudio de la Sociedad China de Psicología, en febrero un 42,6% de 18.000 ciudadanos chinos padecieron ansiedad a causa de los problemas que acarreaba el coronavirus. Un 16,6% de 14.000 examinados dieron muestras de depresión distintos niveles. “La situación que estamos viviendo ya es excepcional para cualquier persona, y todo el mundo es susceptibles de percibir un aumento de la ansiedad”, advierte Perea.