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Por qué las princesas Disney no son perjudiciales para la infancia

Si las mujeres son víctimas de la esclavitud del físico seguro que no es por culpa de la madrastra de Blancanieves.
Cenicienta, la Bella y Yasmín, personajes femeninos de Disney. 
Cenicienta, la Bella y Yasmín, personajes femeninos de Disney. 

Por Núria Obiols Suari, professora titular del Departament de Teoria i Història de l’Educació, Universitat de Barcelona:

Hace pocos días, después de una clase en la que traté el tema de los cuentos populares, dos alumnas se me acercaron para manifestarme su disconformidad con mis argumentos. Éstos versaban sobre la inutilidad de su censura, la vigencia de la universalidad de sus temas, la necesidad de contextualizarlos y de preguntarnos si las féminas de estos cuentos son entelequias fruto del machismo. Sabemos que hoy en día éste es un tema complejo y que estos argumentos que he tratado en algún artículo no son vistos de igual modo por todas las personas. Algo parecido ocurre cuando hablamos de las películas Disney. ¿Quién no ha visto Blancanieves, Peter Pan, El libro de la selva o La Sirenita?

Una manera de recordar los clásicos

Es evidente que todas estas películas han sido mucho más conocidas que las obras clásicas en las cuáles se basan algunas y que, además, han marcado una época. Por ello nos encontramos con un primer argumento para hablar a favor de estas películas. No hay duda de que, si no llega a ser por su adaptación cinematográfica, muchos de estos clásicos serían poco recordados.

Desconocemos las cifras, pero seguro que no puede compararse el número de lectores de Rudyard Kipling o James M. Barrie con la lista de espectadores de sus versiones Disney. Lamentablemente, no todas estas películas han sido un pretexto lo suficientemente convincente como para promover la lectura de sus fuentes. Si así hubiera sido, se trataría de un gran reconocimiento a la literatura universal y por supuesto una ganancia cultural extraordinaria. Pero, aunque no lo sean, la ficción en la infancia se vive como algo coyuntural sin más misterio que el de pasarlo bien en familia, lo que no es poca cosa. Por lo tanto, otro argumento a su favor, es decir, son películas que también sirven para compartir tiempo y espacio cultural en familia.

La educación como conjunto de procesos

Un tercer argumento para no censurar las películas Disney hace referencia a la comprensión del concepto de educación, que debería entenderse como un conjunto holístico y subjetivo de procesos sumamente complejo.

Pensar que una sola influencia puede conducir a un resultado concreto es tan absurdo como pensar que Blancanieves de Disney es la responsable de que las mujeres trabajen más en tareas domésticas que los hombres. Estas películas, como cualquier influencia, forman parte de una miscelánea de vivencias y no son las responsables de que en el mundo haya problemas gravísimos como la desigualdad social, el machismo o la xenofobia. Es decir, ni su censura evitaría que estos problemas sigan existiendo, ni que sigamos viéndolas es requisito para que dichos problemas no se resuelvan o mejoren.

“Si las mujeres son víctimas de la esclavitud del físico seguro que no es por culpa de la madrastra de Blancanieves.”

Por decirlo de otro modo: si las mujeres son víctimas de la esclavitud del físico seguro que no es por culpa de la madrastra de Blancanieves, maravilloso personaje recreado en la película Disney y fruto de una época (1937). Con ella, y mediante su conocimiento, no estamos dando a nuevas generaciones un veneno de miserias humanas. Es, simplemente, un personaje de ficción poco contagioso para el alma. Sobre las miserias humanas, tales como las mencionadas anteriormente, podemos contribuir (o al menos lo intentamos) mediante múltiples vías, entre ellas, las pedagógicas. Y evitar, o censurar, las películas Disney seguro que no es una de esas vías.

Evitar estereoptipos de antes… y de ahora

No obstante, qué duda cabe que cuando Blancanieves limpia la casa de los enanitos o que cuando Cenicienta lucha contra viento y marea para conseguir el matrimonio generan cierto “chirriar” en la mentalidad actual. Afortunadamente, a casi nadie se le ocurriría hoy escribir un guión en el que la chica viva una situación parecida por el mero hecho de ser chica.

El problema es que a la chica de hoy se la somete también a un estereotipo. Evidentemente es deseable que a una mujer no le apetezca ser la criada de un hombre, pero tampoco es menester que la vida en pareja no le apetezca en absoluto y que, además, no tenga miedo a nada.

Es decir, si lo que pretendemos es desterrar féminas obsoletas por sumisas, desde luego que no lo vamos a solucionar sustituyéndolas por un modelo estereotipado al revés. Trampa en la que sí ha caído no sólo la factoría Disney, sino otras producciones de ficción infantil en las que encontramos un modelo determinado de fémina con características tradicionalmente atribuidas al género masculino.

Ampliar ópticas mejor que censurarlas

Lo que Blancanieves representaba no era una creación ad hoc para promover la sumisión de la fémina. Era, simplemente, el retrato de una época. Lo que ahora vemos en algunas producciones no es un retrato espontáneo, sino una creación ad hoc para fines supuestamente pro igualdad de género y, desde luego, muy rentables en taquilla.

Para resumir: pensamos que los personajes de las películas Disney pueden seguir siendo disfrutados incluso aunque no sean tratados desde una óptica moderna. En cualquier caso, lo que es sano para una buena educación es considerarlas, si cabe, desde distintas ópticas. Pero también no quedarse sólo con ellas. Hay mucho cine que merece ser visto. Ampliar es lo que puede ayudar a una buena educación, lo cual pareció convencer (aunque no sé si del todo) al par de alumnas disconformes. Alumnas que tenían capacidad para cuestionarse las cosas y plantearlas de modo razonado… a pesar de que, cuando eran pequeñas, vieron unas cuantas películas Disney.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.