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¿Cómo es posible que las telenovelas turcas se hayan convertido en un fenómeno de masas?

Ni son telenovelas ni estás viendo nada nuevo en Atresmedia y Mediaset.

Si la moda del pantalón de campana fue capaz de resucitar, la de las telenovelas no iba a ser menos. La tele se las sabe todas. Los culebrones, especialmente las producciones latinoamericanas, siempre han funcionado, y la sobremesa de la televisión siempre ha vivido de ellos. Sobre todo la de TVE, hasta hace unos años. Aunque ahora la fiebre viene del este: las telenovelas turcas, el nuevo giro del género, ha fidelizado a una gran audiencia.

Si antes eran La 1 o Antena 3 quienes se llevaban el gato al agua con sus telenovelas, ahora son Nova y Divinity las que no perdonan una tarde sin hacer maratón de episodios. Y no les puede ir mejor. Ambas tienen un target compartido: son los canales femeninos líderes de la televisión. En el mes de septiembre han conseguido un 2,4% de cuota de pantalla y un 1,7%, respectivamente.

Puede que suene a poco acostumbrados a ver los datos de Telecinco o Antena 3, pero no lo es. La de Atresmedia es la segunda cadena más vista entre las temáticas y la de Mediaset no se queda muy atrás en el ranking. La estrategia funciona: comprar estas telenovelas —que en realidad no son telenovelas, sino series que se emiten en Turquía en prime time—, es más rentable que producirlas.

El segundo país que más exporta y produce

Aunque lo cierto es que los turcos han sabido revalorizar su ficción. Antes los reyes eran los latinos, pero el mercado ha variado mucho. De hecho, Turquía ya es el segundo país a nivel mundial que más produce y más exporta, por detrás de Estados Unidos. Sus actores se han convertido en estrellas en países de América Latina, España –donde sus series se emiten como tiras diarias— o Francia.

Kara Sevda: Amor eterno reventó las audiencias en Divinity con un 2,8% de media y el final de Erkenci Kus (Pájaro soñador), que se emite este viernes, tiene a todo el mundo en vilo. Su emisión ha superado los 440.000 espectadores. Sin embargo, la serie turca más vista a diario es Las mil y una noches, en Nova, que es también la más vendida de la historia en Turquía (se ha emitido en 34 cadenas de televisión). No se vivía un fenómeno parecido al ‘turco’ desde Pasión de Gavilanes, en Antena 3. La cadena de Atresmedia dejó las playas vacías el verano de 2004. Nadie tomaba el sol hasta que no terminaba el capítulo, y su final se programó en prime time.

Pájaro soñador está siguiendo el mismo camino. El actor podría venir a España a trabajar, como se ha mencionado varias veces en Cazamariposas, programa de la misma cadena. Can Yaman daría los mismos pasos que los protagonistas de Pasión de Gavilanes, que también acabaron trabajando en producciones españolas del prime time gracias al boom de la telenovela. Michel Brown (Franco) tuvo un papel en Física o química, Juan Alfonso Baptista ‘El gato’ (Óscar) lo consiguió en Sin tetas no hay paraíso y Juan Pablo Shuk (Fernando) en El barco. Eran un gancho para ‘su público’.

El recorrido es similar, la simpleza del argumento también, pero los turcos han puesto sus propias normas para marcar la diferencia:

Nada de sexo: ni escenas subidas de tono ni besos ‘pasados de rosca’. Son puritanas, pero siempre tiene a sus espectadores esperando a que lleguen esas tomas (aun sabiendo que no pasará), porque juegan con los planos sugerentes. Algo que chirría con la historia del cine turco: entre los años 60 y 80 las películas tenían un alto porcentaje de cine adulto. Aquí, ni siquiera hay semidesnudos.

Son ‘más inocentes’: sí, a los personajes todavía les queda cierto punto de ingenuidad.

Los actores son más exóticos: ya nos lo dijo Antonio Gala en La pasión turca.

Antes todo era drama, ahora no: vale, Kara Sevda lo era, pero Pájaro soñador no ha tenido ningún complejo para introducir escenas cómicas.

El doblaje no chirría: los espectadores lo dicen, les encanta las voces de los actores en español.

Los paisajes turcos: es una de las partes cuidadas de las telenovelas, junto al decorado.

No te dejes engañar

Muchas diferencias, sí, pero la base sigue siendo la misma:

Ricos que se enamoran de ‘pobres’: la diferencia de clase social siempre es una barrera a superar por la pareja.

Un actor muy guapo con tirón: el galán de la telenovela nunca falla.

Una historia de amor: una pareja que lucha contra el mundo para poder estar junta.

Las telenovelas turcas llegaron a Nova en enero de 2018 con Fatmagül —la serie más vista en la historia de la cadena— y a Divinity en octubre del mismo año con Kara Sevda. Se emiten en la franja que ocupa desde las 15 horas hasta las 22.45, es decir, compiten con programas líderes como Sálvame o los informativos de las distintas cadenas y, aun así, son capaces de retener a más de medio millón de espectadores en los mejores casos. El horario estelar empieza a las ocho de la tarde.

Madre (Nova) es la ficción más seguida de la TDT y, en estos canales, todo lo que ‘tira’ que no es deportivo son series turcas. Tendencia o no, lo que está claro es que enganchan.

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