Científicos identifican 26 nuevas especies bacterianas dentro de las salas blancas de la NASA
Se trata de un descubrimiento inédito para la ciencia.
Lo que durante años se consideró uno de los entornos más estériles de la Tierra ha mostrado recientemente vida inesperada: un equipo internacional de investigadores ha identificado 26 especies bacterianas hasta ahora desconocidas en las salas blancas del Centro Espacial Kennedy en Florida. Estas salas, diseñadas para impedir la contaminación de naves, albergan microbios capaces de resistir protocolos de esterilización muy estrictos.
El descubrimiento ha sido fruto del trabajo de un equipo de científicos del Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA, quienes hallaron el pasado mes de mayo especies bacterianas inéditas en las salas limpias utilizadas para preparar la sonda Phoenix antes de su lanzamiento a Marte en 2007. Gracias a los avances en secuenciación genómica, los científicos analizaron 215 aislados y determinaron que 53 de ellos pertenecen a 26 especies inéditas para la ciencia.
El estudio revela características que ayudan a explicar esa supervivencia. Varios de los nuevos taxones portan genes relacionados con la reparación del ADN, tolerancia a la radiación, formación de esporas y resistencia a agentes químicos de limpieza, rasgos que podrían permitirles entrar en estados de latencia y “reactivarse” cuando las condiciones sean favorables. Esos mismos atributos son los que preocupan a los responsables de protección planetaria, porque facilitan la posibilidad de que microorganismos terrestres viajen en misiones interplanetarias.
Potencial biotecnológico
Aunque representan una fracción mínima del material genético total detectado, su presencia pone en cuestión la idea de que las salas blancas estén literalmente “vacías” de vida. “Fue realmente un momento de ‘detenerse y revisar todo’”, dijo a Live Science Alexandre Rosado, profesor de ciencias de la vida en la Universidad de Ciencia y Tecnología Rey Abdullah (KAUST), al explicar la sorpresa del equipo ante la resiliencia microbiana en entornos tan controlados.
La investigación subraya dos ideas complementarias: por un lado, que las medidas de limpieza (filtrado de aire, control de temperatura y humedad, detergentes fuertes) reducen drásticamente la biocarga, y por otro, que incluso en esas condiciones pueden persistir formas de vida raras pero adaptadas. Esa persistencia obliga a revisar y reforzar las prácticas de desinfección y monitorización en instalaciones asociadas a misiones científicas.
Como siguiente paso, los investigadores planean someter algunas de estas bacterias a ensayos en cámaras de simulación planetaria para comprobar si podrían resistir las condiciones de un viaje espacial y las extremas condiciones marcianas, para así evaluar el riesgo real de contaminación interplanetaria. Esa cámara, en construcción en KAUST, debe permitir recrear escenarios similares a los que encontrarían en la superficie de Marte.
Más allá de los retos para la protección planetaria, los científicos ven en estas bacterias un potencial biotecnológico: su tolerancia a radiación y estrés químico podría inspirar aplicaciones en medicina, conservación de alimentos o procesos industriales que requieran organismos o moléculas resistentes a condiciones adversas. Se abre la puerta al desarrollo de nuevos fármacos, enzimas más estables y tecnologías capaces de funcionar en entornos extremos.