Kenya Stephanie, escritora, explica la razón por la que los títulos en el lomo de los libros están orientados de diferente forma
Existen dos formas de leer el lomo de un libro.

La escritora y divulgadora cultural Kenya Stéphanie ha despertado la curiosidad de miles de lectores al explicar un detalle que muchos han notado alguna vez. Se trata de la razón por la que los títulos en el lomo de los libros están orientados en direcciones distintas.
Según explica Stéphanie, existen dos convenciones principales. En algunos libros, el título del lomo se lee de arriba hacia abajo; en otros, de abajo hacia arriba. Esta diferencia no es un error ni una decisión aleatoria, sino una elección editorial basada en cómo se espera que el libro sea colocado o consultado.
Cuando el título se orienta de arriba hacia abajo, normalmente responde a la convención anglosajona. Este sistema es habitual en países como Estados Unidos o Reino Unido, y tiene una lógica concreta: cuando el libro se coloca horizontalmente sobre una mesa, el texto del lomo sigue siendo legible sin girarlo. Además, permite ver simultáneamente el título y la portada, algo que resulta útil en libros decorativos o de arte.
Por este motivo, muchas editoriales que publican volúmenes pensados también como objeto visual optan por esta orientación. La escritora señala que este criterio suele aplicarse especialmente a libros que se exhiben apilados o que forman parte de la decoración.
La tradición europea
En cambio, en países europeos como España, Francia o Alemania predomina la orientación inversa: el título del lomo se lee de abajo hacia arriba. Esta elección responde a un uso más práctico de las estanterías.
Según explica Stéphanie, esta convención permite leer los lomos de izquierda a derecha cuando los libros están colocados en vertical, que es la forma más habitual de almacenarlos. De este modo, el lector puede recorrer una biblioteca visualmente sin inclinar la cabeza o girar los libros. Esta lógica está pensada para quienes acumulan muchos volúmenes en una estantería, priorizando la comodidad y la rapidez a la hora de localizar un título concreto.
¿Cuál es mejor?
La consecuencia de estas dos tradiciones es que la mayoría de las estanterías domésticas terminan combinando ambas orientaciones. Esto ocurre porque las editoriales no siguen un criterio único y cada colección puede adoptar una convención distinta.
La escritora no plantea una respuesta única, pero sí propone una solución intermedia. En su opinión, la convención anglosajona podría reservarse para libros decorativos o artísticos, donde tiene sentido poder leer el título cuando están apilados. En cambio, para novelas, ensayo u obras pensadas para almacenarse en estanterías, considera más práctica la orientación europea.
