Kike España, arquitecto e investigador de estudios urbanos: "La turistificación ahora es más corporativa y concentrada"
La nueva realidad: bloques completos dedicados exclusivamente a visitantes.

La turistificación ya no tiene solo la cara del pequeño propietario que alquila uno de sus pisos en Airbnb para sacarse un extra. En ciudades como Málaga, el fenómeno ha mutado hacia un nuevo escenario en el que los fondos de inversión y los edificios enteros reconvertidos en apartamentos turísticos son los grandes protagonistas.
El problema, según denuncian expertos y vecinos, es que mientras el turismo sigue creciendo, la vivienda residencial desaparece. Y la capital malagueña se ha convertido en uno de los grandes símbolos de esta transformación.
Las restricciones aprobadas por el Ayuntamiento para limitar las viviendas de uso turístico no han frenado la presión turística, sino que la han desplazado hacia otro modelo: bloques completos dedicados exclusivamente a visitantes.
“La turistificación ahora es más corporativa y concentrada”, expone el arquitecto e investigador de estudios urbanos Kike España en unas declaraciones recogidas por el diario El País.
Del piso turístico al edificio entero
Málaga aprobó en 2024 medidas para limitar las viviendas turísticas y posteriormente una moratoria para impedir nuevas licencias. El resultado ha sido un leve descenso de estos alojamientos, que han pasado de 13.254 a 12.736.
Pero mientras una puerta se cerraba, otra se abría de par en par. Los bloques de apartamentos turísticos han crecido un 15% en apenas dos años y ya superan las 10.000 plazas en la ciudad.
Concretamente, muchos de estos bloques ocupan antiguas parcelas residenciales y funcionan prácticamente como hoteles encubiertos, aunque con normativas más flexibles.
“Ahora son fondos de inversión y grandes compañías los que impulsan los bloques de apartamentos”, apunta el investigador, describiendo una transformación profunda del modelo turístico.
“El modelo Airbnb arrancó con alquilar una habitación, luego una casa unos meses, luego todo el año…”, explica España. “Ahora hay algunas empresas con cientos de esas viviendas”, añade, enmarcando el escenario actual.
Una ciudad cada vez menos habitable
El problema, según alertan los expertos, es que la presión turística no desaparece, solo cambia de forma. “Los visitantes se han derivado hacia otros espacios: los bloques de apartamentos. El problema sigue ahí”, afirma Enrique Navarro, director del Instituto Universitario de Investigación en Inteligencia e Innovación Turística de la Universidad de Málaga.
Mientras, en el centro histórico de la ciudad andaluza los efectos son fácilmente visibles. Calles enteras acumulan edificios turísticos, el precio de la vivienda se dispara todavía más, cierran comercios tradicionales y desaparecen progresivamente los residentes permanentes.
“La red de suministros para residentes va desapareciendo y nos quedamos sin comercios”, denuncia Carlos Carrera, presidente de la asociación de vecinos Centro Antiguo de Málaga.
“Si cercenas el uso residencial, todo se desequilibra”, advierte Kike España, quien considera que este modelo supone “una perversión del suelo” porque muchos de estos complejos ocupan parcelas pensadas originalmente para vivienda residencial.
Nuevos proyectos mientras continúa la crisis de vivienda
Pese al debate social, la ciudad sigue aprobando nuevos complejos turísticos. De hecho, algunos de estos nuevos proyectos incluso implican la demolición de edificios antiguos para levantar alojamientos destinados exclusivamente al turismo.
Según otra información de El País, la Gerencia de Urbanismo dio luz verde recientemente a cuatro nuevos bloques de apartamentos turísticos que suman más de 200 plazas adicionales. Entre ellos destaca un edificio de 81 apartamentos junto a la estación de alta velocidad.
Mientras tanto, el precio de la vivienda continúa disparado. El último informe de Idealista sitúa el metro cuadrado en Málaga en máximos históricos. Para Susana Gómez de Lara, decana del Colegio Oficial de Arquitectos de Málaga, “la dinamización del sector turístico se ha hecho a costa del residencial”.
La gran pregunta ahora es cuánto más puede soportar una ciudad que, según denuncian vecinos y expertos, empieza a parecer diseñada para quien llega a pasar unos días y no para quien intenta vivir en ella todo el año.
