La azotea del último concierto de The Beatles revive: Paul McCartney toma una decisión histórica
El exbeatle ha adquirido el edificio donde tenía la sede la compañía discográfica Apple Corps.

Si hay una imagen grabada en la retina de cualquier fan de The Beatles o, casi de cualquier aficionado a la música, es ese último concierto de los cuatro de Liverpool en la azotea del número 3 de Savile Row de Londres, donde se ubicaba su discográfica Apple Corps Ltd.
El 30 de enero de 1969, Lennon, McCartney, Harrison y Starr se subieron a la azotea del edificio en una suerte de concierto improvisado que duró 42 minutos hasta que la Policía los disolvió. Allí sonaron varias tomas de Get Back, Don't Let Me Down o I've Got A Feeling.
A pesar de que allí se grabó ese último LP Let it be y es, junto al estudio de Abbey Road todavía en funcionamiento o The Cavern en Liverpool, un lugar de peregrinación para los seguidores de la banda hacía años que no tenía ningún tipo de vinculación con la banda.
Apple Corps dejó de estar en este edificio a principio de la década de 1970 poco después de la disolución del grupo y de que se publicase el último disco. Sin embargo, Paul McCartney ha querido revivirlo y convertirlo en The Beatles at 3 Savile Row, un museo que abrirá sus puertas en 2027.
La azotea donde se grabó ese mítico concierto que colapsó Londres en enero de 1969 estará abierta al público y, además, el edificio contará con siete plantas donde se expondrá material inédito de Apple Corps, exposiciones temporales, una tienda para fans o la recreación del estudio original donde se grabó Let it be.
"Desde su creación en 1968, Apple Corps Ltd. ha supervisado los intereses creativos y comerciales de The Beatles, y el anuncio de hoy completa un ciclo, ya que regresa a su sede original más famosa", señalaron en el comunicado emitido por parte de la compañía.
Paul McCartney ha sido un pilar fundamental de esta idea. "Los turistas vienen a Inglaterra y pueden ir a Abbey Road, pero no pueden entrar, lo que provoca atascos y molesta mucho a los conductores", señaló a la BBC.
Según contó el exbeatle, "fue una experiencia increíble volver recientemente al número 3 de Savile Row y recorrerlo". "Hay tantos recuerdos especiales entre sus paredes, por no hablar de la azotea. El equipo ha elaborado unos planes realmente impresionantes y estoy deseando que la gente lo vea cuando esté terminado", enfatizó.
El director ejecutivo de Apple Corps, Tom Greene, dedicado en los últimos años a la gestión de los derechos del cuarteto de Liverpool en proyectos como la serie Get Back, el documental Beatles '64 o los próximos biopics a cargo de Sam Mendes, señaló que "todos los días, los fans fotografían el exterior del número 3 de Savile Row, pero el año que viene podrán entrar".
Este sería el primer museo en Londres para el grupo, que en Liverpool tiene dos museos dedicados a la banda, uno de ellos se llama The Beatles Story,, que cuenta con una réplica del club The Cavern (donde nació el grupo), y el llamado Museo de los Beatles de Liverpool, con objetos dedicados a Paul McCartney, John Lennon, George Harrison y Ringo Starr.

Un concierto para la historia
Este concierto es una de las imágenes más recordadas del grupo. Fue un concierto de despedida (sabido o no) para el cuarteto de Liverpool. Entonces, John, Paul, George y Ringo llevaban más de dos años y medio sin tocar en directo, ya que su último concierto había sido el 29 de agosto de 1966, en San Francisco (EEUU).
Las tensiones entre McCartney y Lennon eran cada vez más evidentes, a lo que se sumaron los "problemas de memoria" de Lennon, quien pidió que en este concierto durante el tema Dig a Pony, incluido en su disco Let it be hubiese un chico arrodillado delante y fuera del foco de las cámaras con una libreta con la letra de la canción.
Aunque esta no fue la primera localización pensada por el grupo, que antes barajó tocar en la cubierta del Queen Elisabeth o en las pirámides de Giza, finalmente fue en la azotea de la discográfica, a menos de ocho grados y con un viento que les obligó a coger abrigos a sus parejas y proteger los micrófonos con medias, y Lindsay-Hogg fue la encargada de inmortalizarlo en vídeo. Ningún inconveniente impidió que estos 42 minutos trascendieran en la historia de la música.
