El Gobierno de Netanyahu maniobra para adelantar elecciones al perder el apoyo de los ultraortodoxos
La coalición que sustenta al Likud del primer ministro ha registrado un proyecto de ley para disolver la Knéset, en respuesta a una medida similar de la oposición, y así no perder el control sobre el proceso electoral y sus plazos.

El terremoto político ha vuelto a estallar en Tel Aviv, donde la coalición de formaciones que sustenta al Likud del primer ministro, Benjamin Netanyahu, ha vuelto a quedar en el aire después de que peligren los apoyos parlamentarios. De nuevo, la crisis política que acorrala al Gobierno de Netanyahu no viene dada por las campañas militares y constantes asesinatos de población civil que Israel comete en los territorios palestinos ocupados o en Líbano. Los ultraortodoxos han vuelto a ser decisivos y pueden acabar decantando una convocatoria anticipada de elecciones.
En esta línea, los partidos de la oposición habían presentado el pasado martes un proyecto para disolver la Knéset, lo que supondría un adelanto electoral respecto a la fecha de las elecciones que deberían celebrarse el 27 de octubre. Pero la tensión se disparó realmente ayer, cuando saltó por los aires uno de los variados engranajes de la maquinaria de distintas formaciones políticas que permite a la coalición ultra mantener el gobierno.
Ese engranaje lo representa una facción de ultraortodoxos que ya amagó en el pasado con soltarle la mano al Likud y, por ende, al Ejecutivo israelí. Déguel Hatorá (en hebreo Estandarte de la Torá) es una corriente que está dentro del partido Judaísmo Unido de la Torá y que a su vez es socio en el Gobierno de coalición que conjuga a otros partidos, como los de ultraderecha y sionista de los ministros Itamar Ben-Gvir o Belazel Smotrich. Déguel Hatorá anunciaba ayer que darían su apoyo a cualquier proyecto para disolver el Parlamento israelí e ir a elecciones adelantadas.
A ellos se sumaron otros diputados de otros partidos ultraortodoxos, incluso dentro de la propia coalición, como Shas, pero también Judaísmo Unido de la Torá, además de parlamentarios de Sionismo Religioso, 'Otzma Yehudit' (Poder Judío) y Nueva Esperanza. Cabe recordar que los primeros, que conforman la cuarta mayor formación en el Parlamento israelí ya habían amagado con marcharse el año pasado, mientras que los de Judaísmo Unido de la Torá cumplieron su amenaza. Ahora, con esta aritmética, el eventual respaldo de Déguel Hatorá y de Shas al proyecto de ley de la oposición sí cambiaba el escenario y permitía que saliese adelante.
¿Qué gana Netanyahu con este movimiento y qué pasa con los ultraortodoxos?
¿De dónde viene el conflicto? Los partidos ultraortodoxos ya habían amenazado en el pasado con tomar medidas drásticas ante el conflicto que mantiene a los ultraortodoxos en vilo desde hace años en la sociedad israelí. Los estudiantes de yeshivá —escuelas y centros educativos judíos de carácter religioso— contaban con exención del servicio militar obligatorio, pero en verano de 2024, una sentencia de la Corte Suprema determinó que "no existe base legal para excluir a los hombres ultraortodoxos del reclutamiento" y desde entonces reclaman una ley que lo recoja, sin éxito en plena oleada de operaciones militares israelíes desde la invasión de la Franja de Gaza.
Entonces, ¿por qué se busca tomar, in extremis, una medida que también desembocaría en un desenlace similar, el adelanto electoral? La clave está en el texto del proyecto de ley registrado por el presidente de la coalición gubernamental, Ofir Katz, que recoge la disolución de la Knéset, pero sin especificar fecha alguna. Concretamente, establece que las elecciones deberán celebrarse en una fecha determinada posteriormente por la Comisión de la Knéset y no antes de 90 días desde la aprobación definitiva de la ley.
A mayores, esa norma aún tendría que pasar por otros procesos que requieren de una lectura preliminar y, al menos, tres votaciones legislativas que deben ser superadas para su entrada en vigor. Pero aún hay más. Cuando se materialice esa disolución de la Knéset que es obligatoria para poder pasar a la convocatoria de elecciones, esos comicios todavía tendrían un plazo máximo de cinco meses para que se celebren. En otras palabras, las elecciones que deberían tener lugar a finales de octubre, podrían verse arrastradas más allá de ese horizonte temporal.
Con ese proyecto de ley en tramitación, la coalición que lidera Netanyahu tiene un mayor control sobre el proceso electoral en sí, pero sobre todo ante su calendario y plazos, permitiendo que se establezcan dilataciones temporales respecto a las intenciones de la oposición, que busca acelerar lo máximo posible la fecha de los comicios.
Ese interés tiene mucho que ver con la situación que atraviesa el propio Netanyahu, que ya no es capaz de mantener en los mismos estándares el firme apoyo de un EEUU que acusa las consecuencias económicas —y su coste político antes de las elecciones midterm de noviembre— del ataque contra Irán. Es el mismo primer ministro israelí con un horizonte judicial en el que todavía se le está juzgando en diversas causas por presunto casos de corrupción, pero del que ya se está preparando un indulto por si resulta condenado.
