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Paola Montero, abogada, 39 años, financia conciertos en el Ateneo de Madrid con sus ahorros: "Si lo que se crea ahora la gente no lo escucha, ese algo se muere"

Paola Montero, abogada, 39 años, financia conciertos en el Ateneo de Madrid con sus ahorros: "Si lo que se crea ahora la gente no lo escucha, ese algo se muere"

“Así la gente va perdiendo el miedo”.

El Ateneo de Madrid.
El Ateneo de Madrid.sergio delle vedove

En un panorama musical dominado por los grandes nombres del pasado, donde los míticos músicos fallecidos como Beethoven, Mozart o Piazzolla siguen llenando auditorios, hay una persona que ha decidido remar a contracorriente. Y hacerlo, además, con su propio dinero.

Este es el caso de Paola Montero, una abogada gaditana de 39 años que ha convertido su pasión por la música en un proyecto personal poco habitual: financiar conciertos en el Ateneo de Madrid para dar espacio a compositores vivos.

Su historia, recogida en una entrevista en El País, no solo habla de música, sino también de riesgo, pasión, rebeldía y una idea simple pero clara: el arte contemporáneo necesita público para sobrevivir.

Un concierto poco común

La escena ocurrió el pasado abril. Tras casi dos horas de música, el público aplaudía al Trío Albéniz cuando algo inusual sucedió: varios compositores presentes en la sala se levantaron para recibir el reconocimiento. Y no uno, sino tres.

Autores como María de Alvear, David del Puerto o Ismael García Daganzo estaban allí, escuchando sus propias obras interpretadas en directo. Algo raro en un entorno donde, según ha criticado la abogada, “la programación suele mirar más al pasado que al presente”.

“Había obras de un cuarto compositor, Eddie Mora, que no pudo venir porque estaba en Costa Rica. Pero estuvo en espíritu”, ha indicado también Montero, quien desde 2023 impulsa el ciclo Salón del Ateneo, una propuesta que mezcla repertorio clásico con música contemporánea.

Contra la inercia del repertorio clásico

En sus programas conviven nombres clásicos como Schubert o Debussy con compositores actuales. “La idea no es sustituir unos por otros, sino crear puentes. Si lo que se está creando ahora la gente no lo escucha, no lo aprecia, ese algo se muere”, afirma con contundencia.

“Vas a un concierto porque quieres escuchar un cuarteto de Schubert, pero imagina que en el programa hay una obra distinta, que no conocías… y resulta que también te gusta. Así la gente va perdiendo el miedo”, ha explicado la emprendedora.

Sin embargo, lo que hace realmente singular su proyecto no es solo la programación, sino su financiación. Cuando le preguntan quién paga esos conciertos, su respuesta es tan directa como sorprendente: “Yo, todo”.

Montero invierte sus propios ahorros para sacar adelante cada evento. Eso sí, rechaza la etiqueta de mecenas: “A la gente que me dice que soy una mecenas siempre les respondo que no”.

No tengo vocación de mecenas, sino de hacer cosas, y arriesgo mis ahorros para intentar hacerlas”, ha aclarado la abogada quien, además, ha matizado que ella espera que esta financiación sea solo algo temporal y no tener que sostener el proyecto indefinidamente con su dinero.

Mi idea es que, en el futuro, se vendan todas las entradas para poder sostener el ciclo”, ha apuntado Montero de forma optimista, mientras que por ahora está asumiendo íntegramente todo el riesgo financiero.

Una pasión que viene de lejos

La relación de Montero con la música no es reciente. Se remonta a su infancia en La Línea de la Concepción, donde un detalle cotidiano marcó su destino: “Pasaba por una tienda de instrumentos y escuchaba a los niños tocar. No sé por qué me llamaba la atención. Les dije: yo quiero hacer eso”.

A partir de ahí, llegaron las clases, el conservatorio y el descubrimiento de nuevas formas de escuchar. Hasta que su trayectoria dio un giro inesperado debido a una enfermedad que la obligó a abandonar el camino musical.

Se me hinchaban las manos, me dolían”, ha recordado con tristeza. Aquello la alejó del conservatorio y de los conciertos, teniendo que dejar su pasión por la música apartada durante un tiempo.

Fue entonces cuando tomó otra dirección: estudiar Derecho. Una decisión que, años después, ha acabado financiando su regreso a la música. Hoy trabaja en protección de datos para grandes multinacionales. Un campo que eligió hace dos décadas y que es lo que le permite ahora sostener su proyecto cultural.

Volver a la música, de otra manera

El Salón del Ateneo es, en cierto modo, una forma de reconciliarse con aquella vocación interrumpida; un homenaje a la niña que escuchaba pianos tras un escaparate.

Y también una declaración de principios sobre el presente de la música. Porque, como ha insistido Montero, el problema no es la falta de talento, sino la falta de escucha. “Si no se escucha, se muere”, ha subrayado la abogada.

En una industria que mira constantemente hacia el pasado, su apuesta es clara: dar espacio al presente, aunque eso implique asumir riesgos. Y en ese gesto de llenar una sala con música viva, pagada de su propio bolsillo, hay algo más que pasión: una forma de resistencia cultural.

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Soy redactora de la sección de Virales en HuffPost España, donde contamos temas tan diversos y amplios como lo es la sociedad.

 

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Virales es una sección flexible y muy libre, donde prácticamente todo tiene cabida.



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Hablo también de qué pasa en los destinos de viaje de moda, comparto críticas sociales sobre el tremendo problema de vivienda o sobre feminismo y no me olvido de las situaciones que viven los españoles por el mundo o los extranjeros en España.



En fin, que tendrás que meterte a leerme, ¡porque es imposible resumírtelo!

 

Mi trayectoria

Antes de estar en el Huff he trabajado tanto en agencias de noticias (Agencia EFE y Europa Press) como en medios digitales (Crónica Global).



Aunque no todo ha sido escribir, ya que también tuve mi pequeño paso como reportera de Bolsa que quedará para siempre enmarcada en YouTube y una divertidísima aventura por el mundo de la televisión, donde trabajé como personal de producción para algunos programas de Discovery Max.

 

Aunque estudié la carrera en Madrid, y es donde resido actualmente, tengo la suerte de ser literalmente del paraíso: Mallorca. Aunque también he estado viviendo un tiempo en Barcelona y en Londres. (Sí, es un poco difícil seguirme el ritmo).

 

¿Y que por qué soy periodista? Porque todavía no he encontrado nada más apasionante que escuchar historias.

 


 

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