Edmund Moody, biólogo de la Universitat de Barcelona que rastrea el ancestro común de toda la vida en la Tierra: "Puede ayudarnos a preparar el entender cómo puede cambiar la vida en el futuro"
Mucho antes de que existieran los océanos tal y como los conocemos, los bosques, los animales o los seres humanos, la vida en la Tierra cabía en una sola célula. Invisible, microscópica y nacida en un planeta todavía salvaje, aquella forma de vida ancestral dejó una huella que hoy sigue presente en cada ser vivo del planeta. Miles de millones de años después, los científicos siguen intentando reconstruir cómo era aquel remoto ancestro común.
Ese organismo hoy se conoce con el nombre LUCA, siglas de Last Universal Common Ancestor (último ancestro común universal), y entender cómo vivía se ha convertido en uno de los grandes retos de la biología evolutiva. Entre quienes intentan reconstruir su historia está Edmund Moody, biólogo de la Universitat de Barcelona, que forma parte del equipo internacional que ha logrado dibujar el retrato más preciso hasta la fecha.
Esa célula, que vivió hace más de 4.200 millones de años, no fue la primera forma de vida, pero sí el punto de unión de todo lo que hoy respira, crece o se replica. La investigación, publicada en Nature Ecology & Evolution y difundida por la Universidad de Bristol, combina relojes moleculares, genómica comparada y modelos evolutivos para reconstruir qué genes tenía LUCA y cómo podía funcionar.
Más complejo de lo esperado
El resultado apunta a un organismo más complejo de lo que se pensaba, con un genoma de al menos 2,5 Mb y unas 2.600 proteínas, una cifra parecida a la de muchos procariotas actuales. También sugieren que vivía en un ecosistema ya organizado y que poseía un sistema inmune primitivo para defenderse de los virus. Todo ello dibuja la imagen de una forma de vida primitiva, pero ya sorprendentemente sofisticada.
Esta célula era capaz de interactuar con su entorno y de iniciar las primeras dinámicas evolutivas que, con el paso del tiempo, darían lugar a la enorme diversidad biológica del planeta. "Puede ayudarnos a preparar el entender cómo puede cambiar la vida en el futuro", asegura Edmund, que subraya cómo el estudio no solo sirve para reconstruir el pasado, sino también para anticipar posibles escenarios sobre la adaptación de los seres vivos.
Este trabajo también insiste en una idea ya conocida pero a menudo fuente de confusión: LUCA no fue el origen de la vida, sino el ancestro común más antiguo que hoy podemos reconstruir a partir de los genomas modernos. Antes de LUCA hubo una historia previa, de la cual apenas se conoce nada, que probablemente comenzó con moléculas capaces de replicarse y con formas de vida mucho más simples.
En definitiva, la investigación no solo afina el retrato de aquel ancestro remoto, sino que también obliga a replantear cómo entendemos los primeros capítulos de la vida en la Tierra. Lejos de una historia lineal y sencilla, los datos apuntan a un origen complejo, lleno de ramificaciones y experimentos evolutivos que todavía hoy siguen dejando huella en cada organismo.