Daniel Hakimi, abogado y experto en moda: "Cuanto más pobres nos volvemos, más obsesionados estamos con la estética de la riqueza"
La ilusión de la riqueza se apodera en la era de las redes sociales.
Las redes sociales se han convertido en un escaparate constante de lujo cotidiano. Bolsas de compras semanales, cambios continuos de vestuario y el último modelo de móvil forman parte de una narrativa visual que sugiere abundancia permanente.
Sin embargo, detrás de esta estética aspiracional que mucha gente consume se esconde una realidad menos evidente. Y es que muchas de esas compras son temporales y están pensadas únicamente para generar contenido.
Cada vez es más habitual que creadores de contenido adquieran ropa, graben vídeos y después devuelvan los productos. Aunque rara vez se reconoce abiertamente, algunos influencers han admitido esta práctica. La imagen que se proyecta es la de una vida de lujo accesible, pero que en muchos casos desaparece fuera del entorno digital.
"Nos obsesionamos con parecer ricos"
El abogado y experto en moda Daniel Hakimi señala que este fenómeno no es casual. "Para mí, como fantasía, tiene todo el sentido del mundo", explica. "A medida que nos empobrecemos, nos obsesionamos más con la estética de la riqueza", afirma Hakimi. Este hecho resume una tendencia cultural que va más allá de la moda. Se trata del deseo de pertenecer visualmente a una élite económica, aunque solo sea en apariencia.
El experto considera que esta obsesión tiene raíces históricas, ya que desde hace siglos la ropa ha funcionado como marcador de estatus social. Sin embargo, las redes sociales han acelerado el fenómeno, multiplicando los códigos visuales que identifican el lujo y democratizando su acceso simbólico.
Los nuevos códigos del "lujo silencioso"
A diferencia de décadas anteriores, donde los logotipos grandes y visibles simbolizaban estatus, la tendencia actual apuesta por la discreción. Los expertos coinciden en que los colores neutros, los conjuntos monocromáticos y las prendas aparentemente sencillas transmiten sofisticación. También se enfatiza el cuidado minucioso de la piel, el cabello y las uñas como parte de esta estética.
Este cambio responde a la popularización del llamado "lujo silencioso", donde la riqueza no se muestra de forma explícita, sino a través de detalles sutiles. Paradójicamente, estos códigos se difunden masivamente en redes sociales, permitiendo que cualquiera pueda imitarlos sin necesidad de grandes inversiones.
Hakimi destaca que este conocimiento antes se transmitía dentro de círculos sociales privilegiados. Hoy, sin embargo, se comparte abiertamente mediante tutoriales, vídeos y cuentas especializadas que enseñan cómo "parecer rico" con prendas asequibles.
La generación Z y la búsqueda de referencias
La expansión de estos contenidos también responde a un cambio generacional. Durante décadas, las normas de etiqueta y estilo se heredaban en entornos familiares o educativos. En la actualidad, muchos jóvenes no han tenido acceso a ese aprendizaje tradicional y recurren a las redes para encontrarlo.
Las plataformas digitales como Instagram o TikTok han llenado ese vacío con una avalancha de consejos sobre cómo proyectar éxito y sofisticación. Desde cómo combinar colores hasta qué tipo de bolso transmite elegancia, todo forma parte de una guía colectiva que busca replicar los códigos de la élite.