El pintalabios ya no es para gustarles a ellos: por qué Chappell Roan se mancha los dientes de carmín a propósito
Moda y Belleza
Moda y Belleza

El pintalabios ya no es para gustarles a ellos: por qué Chappell Roan se mancha los dientes de carmín a propósito

Es una herramienta para jugar con el género, el deseo y el poder.

Dientes manchados de pintalabiosGetty Images

Hubo un tiempo en que el pintalabios rojo era casi un uniforme: seducción, competencia romántica y ese cliché eterno de la mancha en el cuello de la camisa. Pero algo ha cambiado. Hoy el carmín ya no es (solo) un arma para gustarles a ellos, sino un símbolo de poder, identidad y, en muchos casos, desafío.

La historia pop del pintalabios es una montaña rusa. En los 80, Suzi Quatro ya lo usaba para dinamitar el tópico de la “otra” en su canción Lipstick. En los 90, artistas como Tori Amos lo convertían en un arma irónica y casi performativa en sus videoclips. Más tarde, figuras como Courtney Love navegaron entre el rechazo al maquillaje como símbolo patriarcal y su reapropiación como gesto de estilo.

Con el tiempo, el debate feminista sobre si pintarse era sumisión o empoderamiento quedó pequeño. La estética queer y el drag lo ampliaron todo. El pintalabios dejó de ser un accesorio para conquistar y pasó a ser una declaración de identidad.

Del deseo hetero al exceso queer

Un ejemplo claro es Janelle Monáe, que en su universo visual convierte el carmín en celebración del deseo sáfico y del placer sin pedir permiso. El rojo ya no señala culpa ni escándalo: señala libertad.

Y ahí entra Chappell Roan, que ha llevado el gesto un paso más allá. En su concierto Tiny Desk de 2024, apareció con estética camp, tiara brillante, rubor exagerado… y el pintalabios rojo deliberadamente manchando sus dientes.

No fue un descuido. Su maquillador y drag queen, Sterling Tull, explicó que era totalmente intencional: querían que pareciera que habían “pasado por un infierno, simplemente lloraron a mares, simplemente tuvieron suficiente y se corrieron el lápiz labial”. Esa imperfección buscada forma parte del personaje: una feminidad exagerada, teatral y consciente de que está actuando.

Mancharse para desobedecer

Mancharse los dientes rompe la norma básica del maquillaje “correcto”: que no se note el esfuerzo. Es una forma de decir que no se está intentando gustar bajo reglas ajenas. El pintalabios, en este contexto, no busca aprobación masculina ni perfección estética; es camp, es drag, es ironía.

Roan mezcla referencias rurales, teatralidad drag y deseo lésbico en una hiperfeminidad que no pide permiso. El carmín corrido no es un error que arruine la imagen: es el mensaje. Es la burla y la celebración a la vez de esa idea de “ser femenina” para otros.

De la mancha que delataba una infidelidad al carmín que reivindica identidad, el pintalabios ha cambiado de bando. Ya no es una señal de competencia entre mujeres por un hombre. Es una herramienta para jugar con el género, el deseo y el poder.

Comentar:
comentar / ver comentarios