Peter, 59 años, lleva 30 bebiendo únicamente agua: "Nunca he sentido que me haya perdido nada"
"Nada de refrescos, ni alcohol, ni café, ni té...", asegura.

El agua es la bebida más esencial y saludable para el ser humano, ya que hidrata, regula la temperatura corporal, facilita la digestión y permite el correcto funcionamiento de todos los órganos. Frente a una oferta cada vez más amplia de refrescos, bebidas energéticas, cafés o alcohol, optar por el agua puede parecer una decisión simple o aburrida. Sin embargo, para algunas personas se convierte en toda una declaración de principios.
Es el caso de Peter, un hombre de 59 años conocido por su estilo de vida sobrio y viajero, que lleva 30 años bebiendo exclusivamente agua y asegura que nunca ha sentido que renunciara a nada. Vive cerca de Ámsterdam y compra cada semana en el mercado ecológico de su pueblo, una rutina que mezcla ahorro, activismo y convicciones personales. Su historia habla de una forma de entender el consumo y el medio ambiente.
Peter explica que sus viajes le abrieron los ojos. "Durante treinta años, solo he bebido agua. Nada de refrescos, ni alcohol, ni café, ni té... nada. Nunca he sentido que me perdiera nada", explica en declaraciones a Trouw. A sus 59 años, no atribuye su bienestar solo a la abstinencia de bebidas estimulantes o alcohólicas, sino a un conjunto de hábitos que, dice, le han dado más libertad que renuncia, como una dieta sencilla, una vida comunitaria o un compromiso con causas sociales.
Un modo de vida sostenible
Su decisión de beber solo agua no es un gesto aislado, sino que parte de una manera coherente de estar en el mundo. Peter lleva décadas intentando reducir su impacto y consumir de forma más consciente. Recuerda un viaje a Borneo en 1999, donde pasó horas observando extensas zonas cultivadas con piñas, lo que le hizo reflexionar sobre la pérdida de biodiversidad. Esto le marcó tanto que le empujó a priorizar productos locales y sostenibles en Ekoplaza, un supermercado ecológico de alimento sostenibles de su pueblo.
Por ello, ahora su cesta de la compra se ha vuelto muy concreta y algo más cara en comparación a cómo era antes. Peter cita, por ejemplo, una mantequilla cuyo precio ronda los 6,17 euros y que él rechaza por principios de calidad y sostenibilidad. Para ajustar su presupuesto, el hombre recurre a trucos prácticos, como comprar pan del día anterior con descuentos de hasta el 50% para evitar desperdicio y estirar el dinero.
Y aunque vive con recursos modestos, ya que dice llevar más de veinte años con unos 1.200 euros netos al mes, no escatima en experiencias: viaja con muy bajo presupuesto, camina semanas enteras por Europa y utiliza redes alternativas de alojamiento. El verano pasado pasó cinco semanas y media recorriendo Austria, Eslovenia e Italia por tan 550 euros. Además, Peter dice que si le sobra algo de dinero prefiere invertirlo en proyectos que considera útiles para el planeta, como la energía eólica y otras iniciativas sostenibles.
