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Más truhán que señor

Más truhán que señor

El periodismo ya ha hecho su trabajo. Ahora le toca a los tribunales, pues ya hay una denuncia ante la Audiencia Nacional. 

Julio Iglesias.
Julio Iglesias.Samir Hussein

En la novela "La carta robada" de Edgar Allan Poe, el detective Chevalier Auguste Dupin, precursor de Sherlock Holmes, nos enseña que muchas veces la mejor forma de ocultar algo es ponerlo a la vista de todos. Y eso mismo parece haber ocurrido con Julio Iglesias y su trato con las mujeres.

Estos últimos días han reflotado decenas de vídeos en los que se ve al artista español más internacional "robando" besos a presentadoras, manoseando a fans, acosando y toqueteando a periodistas… siempre con una dosis de disfrute creciente cuanto más incómodas se las ve a ellas, un coro de risas  más o menos nerviosas- tanto de las afectadas como de la audiencia y cierta admiración -explícita o velada- al papel de conquistador y "devorador de mujeres" que representaba. Síntomas de unos tiempos que, me gusta pensar, ya no son los mismos que ahora.

Según destapan, en una exclusiva mundial, eldiario.es y Univisión Noticias, no se trataba únicamente de un papel. La relación de Julio Iglesias con algunas de las mujeres a su cargo se basaba en el abuso de poder, agresiones sexuales, vejaciones y control absoluto de los movimientos y las libertades. 

El cantante latino con más discos vendidos en el mundo habría montado el sueño húmedo de cualquier blanquito colonizador: una mansión en un paraíso tropical donde vivir a todo trapo y un séquito de mujeres jóvenes -siempre racializadas, uniformadas y con dependencia económica- obligadas a satisfacer todos sus deseos sin rechistar. Vamos, lo que se merecía cualquier prohombre antes de que el feminismo y el antirracismo hubieran llegado demasiado lejos.

A estas horas Julio Iglesias acaba de salir públicamente, comunicado en Instagram mediante, a negar el abuso, la coacción y la falta de respeto a ninguna mujer y, asegura, no "haber sentido tanta maldad nunca". Y yo, sinceramente, dudo si se refiere a la crueldad de las personas que han salido públicamente a brindarle apoyo.

Es cierto que nadie se ha atrevido, por el momento, a intentar convencernos de lo razonable y necesario que era la imposición de pruebas de transmisión sexual o test de embarazos obligatorios a trabajadoras domésticas. Menos mal. Pero sí hemos visto defensas que hacen aguas por todas partes o que, directamente, parecen inculpaciones involuntarias. 

Cuando Jaime Peñafiel asegura que Julio Iglesias "no ha tenido necesidad de abusar", qué nos quiere decir, ¿que solo violan los feos? ¿Que si eres rico, guapo y famoso es imposible que acoses? ¿O que si eres un galán es imposible que nada de lo que hagas sea abuso?

Aunque la guinda de este pastel incriminatorio la ha puesto Ramón Arusa, de aquel Dúo Dinámico que cantaba eso de “quince años tiene mi amor”. Primero ha asegurado que "Julio es besucón de nacimiento, de siempre", como si la veteranía en estos comportamientos le diera a uno patente de corso. 

Y después, afirmando que se trataba de una "relación consentida" porque si una mujer es violada y no va al hospital y a la policía inmediatamente y ocurre de manera recurrente se convierte "en una relación, guste o no". Miedo me da saber qué tipo de relaciones ha tenido este señor y, francamente, si fuera Julio Iglesias me preocuparía que este tipo de elementos sean los que salgan públicamente a defenderme.

El periodismo ya ha hecho su trabajo. Ahora le toca a los tribunales, pues ya hay una denuncia ante la Audiencia Nacional por delitos sexuales, contra los derechos de los trabajadores y por trata de seres humanos. Y con la presunción de inocencia intacta, pues se trata de un pilar básico de las garantías procesales, en la conversación pública podemos, y debemos, seguir denunciando la impunidad de demasiados hombres que durante demasiado tiempo se han pensado dueños y señores de los cuerpos y las vidas de las mujeres.

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