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Maelan tiene 23 años, un barco de 400.000 euros y gana entre 0 y 5.000 euros al mes: "El mar es el último espacio de libertad en este planeta"

Maelan tiene 23 años, un barco de 400.000 euros y gana entre 0 y 5.000 euros al mes: "El mar es el último espacio de libertad en este planeta"

Este marino francés vive una experiencia 'única' con jornadas en plena noche dedicadas a la pesca de centollos y numerosas otras especies acuáticas. Pero a él le compensa.

Un joven pescador, en una imagen de recurso
Un joven pescador, en una imagen de recursoGetty Images

Hablar de inestabilidad laboral es hablar de una realidad para decenas, cientos de millones de trabajadores en el mundo. Pero esa inestabilidad se vuelve extrema en el caso de Maelan, un joven francés de 23 años que dedica su vida al mar. Y no precisamente como experiencia de ocio.

En un reportaje publicado en Le Monde, Maelan se presenta como "capitán de barco pesquero" y anuncia tener unos ingresos de 2.500 euros netros al mes de media. Y esa media puede ser absolutamente exacta, porque asegura que "hay meses que puedo ganar 5.000 y otros meses que gano 0 euros".

Su labor principal, detalla, es la pesca de centollos, pero realmente abarca mil y una especies acuáticas. Lenguados, doradas, rayas, lubinas... no hay pescado que se escape a sus cañas, sus nasas o sus redes en una embarcación de alto nivel y tasada en cerca de 400.000 euros.

Eso sí, nadie dijo que fuera fácil. Su labor arranca a primerísima hora de la mañana, cuando ni siquiera hay rastro del sol, para él y sus dos compañeros de tripulación del bote que comparten, como reconoce en plena faena a las 4 de la mañana. El trayecto había comenzado largo rato antes.

Para Maelan, decíamos, el mar no es ninguna 'escapada' de recreo, aunque ciertamente conozca ese mundo, como hijo, nieto y sobrino de gente relacionada con las aguas en sus muy diversas vías. De sus abuelos y tíos guarda los recuerdos de ser armeros y dedicar buena parte de sus vidas a la pesca y al negocio del mar. Y, matiza, más que recuerdos lo que guarda de aquellas charlas familiares son los sueños de un niño que muy pronto mostró su deseo de emular a sus predecesores en sus largas jornadas entre aguas.

En el caso de su padre, reconoce que fue una excepción en la familia. Porque 'rompió' la tradición y se enfocó en otros negocios. Un cáterin, un restaurante... Y sí, un pequeñito barquito, pero como elemento de recreo para viajes de ocio, nada que ver con el día a día de los marineros.

Pese a su juventud, Maelan tiene claro el 'camino'. Entregado a un mundo, el marino, tan duro como peligroso, ve la parte positiva. No solo en los meses buenos a nivel económico. Para este joven "el mar es el único espacio de libertad en este planeta". Y eso parece pago más que suficiente para Maelan para justificar su inestabilidad económica.