La UE y el "mensaje que no queríamos enviar hoy" a Ucrania en la víspera del cuarto aniversario de la invasión rusa
Kaja Kallas, alta representante de la Unión Europea, habla de "revés" por el no acuerdo para imponer el vigésimo paquetes de sanciones a Rusia. El 'no' llega en una fecha clave y en un momento crítico para el futuro de la guerra y de la integridad territorial de Ucrania.

La Unión Europea reconoce un "revés" en su política de ayuda a Ucrania. Ha sido la alta representante, Kaja Kallas, la que ha admitido que "hoy" Bruselas transmite "el mensaje que no queríamos enviar" a Kiev. Y especialmente siendo víspera del cuarto aniversario de la invasión rusa.
El mensaje es que, por ahora, no habrá vigésimo paquete de sanciones contra Rusia. La falta de unanimidad paraliza lo que hubiera supuesto un nuevo golpe al régimen de Putin, en una política de sanciones iniciada en los albores de una guerra hoy sin final cercano.
Tan iniciales fueron los movimientos, que el primer paquete de medidas se aprobó dos días antes del comienzo oficial de la "operación militar especial", en respuesta al reconocimiento unilateral de Rusia de la independencia de las repúblicas ucranianas de Donetsk y Lugansk.
En qué consistía (o consistirá) el vigésimo paquete de sanciones a Rusia
El foco de la Comisión Europea volvió a ponerse sobre los grandes negocios de Rusia. El pasado 6 de febrero, Von der Leyen lanzó una propuesta para vetar completamente los servicios marítimos a los petroleros rusos, sancionar a otras empresas del sector energético y a más bancos rusos y, en un enfoque algo diferente, blindar los controles para evitar evitar que productos sensibles por su potencial utilización llegasen a Rusia.
El 'no' ha llegado por dos vetos, los de Hungría y Eslovaquia. No son ninguna sorpresa; menos aún en el caso del Gobierno magiar, con Viktor Orbán como líder, el único 'cercano' a Putin en la UE.
Ambas condicionan su apoyo a recuperar el suministro de petróleo ruso a través de territorio ucraniano por el oleoducto Druzhba, dañado por numerosos ataques previos; también este lunes, en una ofensiva del ejército ucraniano.
No han sido pocas las veces que Orbán y sus ministros han atacado a Zelenski por rechazar la paz impuesta o por negarse a ceder territorio, a la vez que suavizaban el tono comunitario contra Putin, al que no ha dudado en visitar, por su propia iniciativa personal, en Moscú en calidad de presidente de turno de la UE.
El otro rechazo tampoco es del todo llamativo, pues se trata del Ejecutivo eslovaco liderado por Robert Fico, otra figura vinculada, aunque más levemente que Orbán, con el régimen de Moscú y que no ha ocultado su cercanía en numerosos aspectos.
Las "señales contundentes" que la UE no puede mandar
Que Bruselas no haya encontrado acuerdo finalmente es un dolor para la cúpula comunitaria, que ha evidenciado constantemente su apoyo a Kiev. "Lamentablemente, no hemos llegado a un acuerdo sobre el vigésimo paquete de sanciones. Se trata de un revés y un mensaje que no queríamos enviar hoy, pero el trabajo continúa", ha apuntado Kaja Kallas en una rueda de prensa este lunes.
"Lamento mucho que hoy no hayamos logrado un acuerdo, teniendo en cuenta que mañana es el triste aniversario del inicio de esta guerra y que realmente necesitamos enviar señales contundentes a Ucrania de que seguimos ayudándola, pero también de que estamos ejerciendo más presión sobre Rusia para que esta guerra termine", añadía.
Con todo, la jefa de la diplomacia comunitaria abre una ventana al optimismo, porque "ya hemos visto esta situación antes; también hemos visto que hemos sido capaces de alcanzar soluciones juntos".
En horas serán sus 'jefes', tanto Ursula von der Leyen como António Costa, presidentes de la Comisión y el Consejo Europeos, respectivamente, los que mostrarán el respaldo con su visita a la capital ucraniana en pleno aniversario.
El otro gran veto de Hungría a Ucrania
Llueve sobre mojado, decíamos, en el rechazo de Hungría a apoyar a Ucrania. Hace apenas semanas, la UE aprobó en diciembre un préstamo por dos años de 90.000 millones de euros, entendido como indispensable para que Ucrania mantenga las prestaciones sociales y los salarios públicos tras casi cuatro años de guerra.
Al respecto, Budapest adelantó que utilizaría su derecho a veto para bloquear así la emisión de deuda necesaria para el préstamo si Kiev no reanudaba las entregas de petróleo a Hungría y Eslovaquia a través del oleoducto Druzhba, que sirve de amenaza recurrente en los postulados europeos de ambas naciones.
