Un hombre de 83 años encuentra en el fondo de un cajón una libreta bancaria de su padre con 100 liras italianas y exige cobrarlas: son 18.000 euros
La cuenta fue abierta en 1945 y conservaba un saldo de apenas 100 liras desde octubre de 1946.

Hay cajones que guardan fotografías, cartas que nadie se atreve a tirar o documentos que llevan décadas acumulando polvo. El que abrió Giorgio Dionisi, un jubilado italiano de 83 años, escondía algo bastante más inesperado: una libreta bancaria de su padre abierta nada menos que en 1945.
Y dentro todavía quedaba dinero.
No demasiado, al menos aparentemente. La última operación realizada en aquella cuenta mostraba un saldo de 100 liras italianas que jamás había sido retirado. Ochenta años después, Dionisi quiere cobrarlo y una tasación encargada para estudiar el caso calcula que aquella cantidad, aplicando intereses, capitalización y revalorización, podría equivaler actualmente a unos 18.000 euros.
Ahora falta lo más complicado: que el banco acepte pagarlos.
Una libreta olvidada desde 1946
El descubrimiento se produjo hace unos meses mientras Dionisi ordenaba objetos antiguos en la casa familiar de la montaña. Entre sellos, documentos y recuerdos relacionados con el antiguo negocio de su familia apareció, en el fondo de un baúl, la libreta a nombre de su padre, Adriano.
El documento permite además realizar un pequeño viaje por la historia de Italia.
La cuenta había sido abierta el 16 de agosto de 1945, apenas terminada la Segunda Guerra Mundial. Durante los meses siguientes se realizaron diferentes ingresos y retiradas hasta que, el 26 de octubre de 1946, quedó registrado un último saldo de 100 liras.
Nunca se tocaron.
Para entonces Italia acababa de decidir en referéndum poner fin a la monarquía y convertirse en una república y comenzaba una complicada reconstrucción tras la guerra. La libreta quedó después olvidada durante generaciones hasta reaparecer ocho décadas más tarde.
Dionisi decidió investigar después de leer en la prensa la historia de otra persona que había tratado de recuperar el dinero de una antigua cuenta.
De 100 liras a 18.000 euros
El jubilado acudió entonces a una asociación especializada en este tipo de reclamaciones, que encargó una valoración de aquel saldo.
El resultado fue sorprendente. Según sus cálculos, una vez aplicadas la revalorización monetaria, los intereses acumulados y su correspondiente capitalización, aquellas 100 liras podrían alcanzar actualmente un valor cercano a los 18.000 euros.
La intención de Dionisi es reclamar el dinero tanto al Banco de Italia como a UniCredit, al estar vinculada su estructura societaria con la histórica entidad de Verona en la que se abrió originalmente la cuenta.
Eso no significa, sin embargo, que vaya a recibir los 18.000 euros.
El gran obstáculo es la prescripción. Los representantes del jubilado defienden que el plazo legal debería empezar a contar desde el momento en el que apareció la libreta, apoyándose en el artículo 2935 del Código Civil italiano. El banco, en cambio, podría discutir esa interpretación y considerar extinguido hace décadas cualquier derecho a reclamar el saldo.
El propio protagonista no esconde sus dudas: no sabe si conseguirá cobrarlo, pero ha decidido intentarlo.
Mucho más que una cuenta bancaria
La aparición de la libreta ha servido también para recuperar parte de la historia de su familia.
Su padre había fundado en 1932 una empresa dedicada a fabricar artesanalmente muebles de madera. Tras sobrevivir a la guerra, el negocio volvió a crecer hasta que la dificultad para encontrar trabajadores llevó a la familia a trasladarse en 1957 a Borgo Valsugana, en Trentino.
Giorgio tenía entonces 14 años.
Durante los años del auge económico italiano, la compañía llegó a emplear a unas 60 personas y, después de la muerte de su padre en 1968, fue el propio Giorgio quien asumió las riendas del negocio.
Ahora, cuando tiene 83 años, un pequeño documento olvidado ha vuelto a conectarlo con aquellos primeros años.
Queda por saber si también le proporcionará 18.000 euros. Porque la libreta demuestra que aquellas 100 liras sobrevivieron intactas durante 80 años en el fondo de un baúl; convencer al banco de que todavía tiene que pagarlas puede resultar bastante más difícil.
