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06/05/2014 07:08 CEST | Actualizado 05/07/2014 11:12 CEST

¿Pero qué mierda fuman estos publicistas?

Está bien lo de intentar hacer el triple salto mortal para ver si capto más clientes y supero a la competencia, la publicidad va de eso, pero ¿es que no hay otro tipo de estrategias?, ¿es que no tienen impacto otro tipo de mensajes que no sea humillando, vejando o denigrando a alguien?

La supermujer emancipada pinchacondones de Desigual, las modelos come setas alucinógenas de Marc Jacobs o la irreconocible Nicole Kidman era el bolso de Jimmy Choo...

Cada mañana recibo tres o cuatro correos de anuncios que la gente considera indignantes para que haga algo al respecto como si yo fuese la justiciera de la publicidad o la llanera solitaria de la estepa viral. Y me halaga, lo confieso, recibir más reclamaciones que el Observatorio de la Publicidad, pero reconozcamos de una vez señores y señoras publicistas (porque aquí estamos tod@s pringa@s) que este asunto de llamar la atención a costa de lo que sea se nos está yendo de las manos.

Está bien lo de intentar hacer el triple salto mortal para ver si capto más clientes y supero a la competencia, la publicidad va de eso, pero ¿es que no hay otro tipo de estrategias?, ¿es que no tienen impacto otro tipo de mensajes que no sea humillando, vejando o denigrando a alguien?, ¿para tan poquito dan esas neuronas privilegiadas de los señores creativos? Porque debéis fardar un montón entregando vuestra tarjeta de visita pero algunas deberían subtitular el cargo de "Director creativo" con el slogan: "Perpetúo estereotipos", "Engaño al personal" o "No tengo ningún tipo de escrúpulos".

Hasta los mismísimos de escuchar aquello de que la publicidad y los medios son sólo un mundo paralelo de ficción que nada tiene que ver con la realidad. ¿Cuándo vamos a darnos cuenta del impacto que tienen esas miles de imágenes que vemos a diario en nuestras vidas?, ¿cuándo entenderemos que la publicidad y los medios generan símbolos y referentes que conforman nuestras aspiraciones? Al contemplar un anuncio no sólo consumimos productos, también percibimos mensajes, ideologías y valores que confieren significados y que distorsionan esa nuestra imperturbable realidad.

Quien domina la comunicación domina el mundo. Pero esto no lo han inventado las empresas (¡qué va!), el poder ya lleva siglos utilizando esta herramienta y pagando a los artistas para controlar la producción visual. Cuadros, frescos, tapices que representan escenas sabiamente calculadas para educar al pueblo y dejar clara cuál es la jerarquía social y a qué puedes aspirar tú según el lugar que ocupas dentro de ella.

Desde hace unos años (pocos, en comparación con siglos de producción pictórica) los artistas hemos dejado de servir de publicistas a los que pagan para situarnos en una cara más comprometida con la sociedad. Algunos trabajando directamente en contra de las marcas y otros visibilizando temas de interés social, generando debate y estimulando al personal. Sí, los artistas también utilizamos la polémica o el escándalo para llamar la atención, es una fórmula válida siempre y cuando el motivo merezca la pena. Si me haces mirar para nada la cosa ya no hace tanta gracia.

Y en realidad no tenemos nada en contra de las marcas sino de aquellos valores negativos que promueven. De su falta de honestidad. De que nos oculten las injusticias que esconden sus etiquetas. De que nos tomen por seres estúpidos que no saben pensar en lugar de hacernos mejores personas, más inteligentes y más creativas.

La publicidad tiene mala prensa dicen algunos, pues se la ha ganado a pulso diría yo. Se la gana a pulso día a día demostrando que lo único que le interesa es una cuenta de resultados, sumar más visitas en Youtube o ganar premios en festivales cool. Ahora más que nunca la palabra "viral" empieza a sonar a enfermedad porque no importa lo que se difunda con tal de que llegue lejos y haga ruido. ¿En eso quieren convertirse las marcas? ¿en un Sálvame Deluxe en estado puro?

"Si no te gusta mira hacia otro lado o cambia de canal". Y ya está. Como si fuera tan fácil, como si hubiera otro sitio al que mirar. De momento lo de meter la cabeza debajo de la tierra no lo tengo contemplado y como consumidora te aseguro que estoy deseando tener otro lado al que mirar, tener opciones, alternativas a las que apoyar. Sí, estoy deseando plantarme el estandarte de una marca ética y socialmente comprometida que haga que no gaste mi dinero sino que lo invierta en ella, que no tenga que cortar su etiqueta ni su logo, que no me avergüence traspasar la puerta de su local deseando que nadie me vea. Afortunadamente hay algunas marcas que ya están captando el mensaje y poniéndose las pilas.

No olvidemos que nadie está solo en esta aventura del comprar o del dominar. Los publicistas no trabajan solos: antes de que un anuncio se publique pasa por muchas manos: modelos, actrices, estilistas, fotógrafos, representantes, redactores, editores, directores, agencias, marcas, cadenas, medios, tiendas, compradores, lectores y espectadores. Todos formamos parte de la cadena y todos tenemos responsabilidad en ella. Taparnos los ojos y pasarle la bola al siguiente no va a servir para cambiar nada, cuando los abramos esa realidad distorsionada va a seguir ahí esperándonos con su sonrisa de oreja a oreja.

O de oreja a frente, porque en ese mundo paralelo de ficción, las sonrisas sólo las fabrica Photoshop.

RESPONSABLEMENTE