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Juan Manuel Santos, presidente de Colombia: "Rajoy tiene que estar dispuesto a que lo chirlen en las plazas públicas"

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SANTOS DOMINGUEZ
El presidente colombiano, José Manuel Santos, durante la entrevista con la directora de 'El Huffington Post', Montserrat Domínguez | Gobierno de Colombia

Preste atención, presidente Rajoy. Su colega colombiano, Juan Manuel Santos, sabe qué hacer para salir de la crisis económica. Lo sabe, porque él lo hizo.

“Es difícil y duro, uno tiene que tomar decisiones y estar dispuesto a gastar su capital político. Tiene que estar dispuesto a que lo chirlen (griten) en todas las plazas públicas. Conmigo lo hicieron, quemaban retratos míos en las plazas de Colombia, y mis hijos, que eran pequeños, me preguntaban por qué cuando lo veían en televisión; yo les decía que era un reconocimiento porque el humo subía donde estaba Dios, pero era mentira. Me quemaban porque todo el mundo estaba en contra de las decisiones muy duras que nos tocó tomar. Uno no sale de la crisis sin hacer grandes sacrificios…”.

Juan Manuel Santos habla con El Huffington Post en el avión presidencial de las Fuerzas Aéreas colombianas que nos lleva de regreso a Bogotá desde Pereira, en el corazón de la zona cafetera. Es la séptima de las ciudades —quedan otras tantas— que el presidente y su comitiva de ministros y viceministros están recorriendo estos días en lo que han bautizado como “Vuelta a Colombia”; un tour para explicar al país los logros de sus dos primeros años de madato. Santos, sin corbata, con camisa blanca y micrófono en mano, se pasea por el escenario que han montado en un rincón de una empresa de confección, trasmutada en plató televisivo: un grupo de trabajadoras le dan a la máquina de coser como atrezzo. Y la comparación es irresistible: “Fíjense en España, un 25% de desempleo”, dice Santos, para luego exhibir que Colombia está a punto de bajar de los dos dígitos en tasa de paro. Cifra que a los españoles nos suena a música celestial, pero que aún es de las más altas de América Latina. Qué estamos haciendo mal en Europa, le pregunto.

“Todo lo que ustedes nos decían que debíamos hacer América Latina no lo hicieron en Europa. No sobreendeudarse, mantener una regla fiscal, no gastar más de lo que ingresan, tener disciplina en materia económica… Lo que los países desarrollados nos imponían a América Latina no lo aplicaron en Europa, y ahora están pagando las consecuencias. El cura predica pero no aplica”, remata el presidente, político de vocación, economista y periodista de formación: tres profesiones que en España están cotizando a la baja en la bolsa de la opinión pública. Se lo comento y sonríe, porque bastante tiene él con las encuestas locales: un sondeo de la revista Semana, el semanario más influyente del país, constata que su popularidad sigue cayendo al tiempo que aumenta el pesimismo de los encuestados sobre la marcha del país.

Vista desde España, esa sensación de pesimismo es inaudita: cómo estarían los ánimos hace doce años, cuando Colombia estuvo al borde de la quiebra, en la época que Santos recuerda como durísima de su etapa como ministro de Hacienda del conservador Andrés Pastrana. En los años 90, la crisis provocó una emigración masiva de colombianos: en España llegaron a vivir cerca de 500.000, según estimaciones no oficiales. Ahora, Santos lanza un “bienvenidos” a los profesionales y empresas españolas que quieran hacer el camino inverso:

“Vénganse a Colombia; aquí hay trabajo e inversión y necesitamos construir infraestructuras como las que se construyeron en su país; sería bueno que fueran españoles los beneficiados en estos proyectos”.

En Pereira destaca que Indra va a contratar un millar de ingenieros de la zona para fabricar software. Cuando se reunió con Rajoy en Cartagena de Indias, en la pasada Cumbre de las Américas, Santos le trasladó el mismo mensaje, con un añadido: “Aquí no expropiamos”. Afirma que su logro de los dos primeros años de gobierno es haber sacado a un millón doscientos mil colombianos de la pobreza: la clase media en Colombia, en sintonía con el resto de la región aunque aún por detrás, se ha duplicado en apenas una década.

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SU PEOR PESADILLA

@JuanManSantos tiene más de un millón cien mil seguidores en Twitter, la red social que se ha convertido en su peor pesadilla: un tuitero llamado @AlvaroUribeVel (más de un millón 300 mil seguidores) lleva meses lanzándole dardos envenenados acusándole de traicionar al país. El expresidente Álvaro Uribe trina contra quien fuera su ministro estrella, porque siendo Santos titular de Defensa los éxitos contra la guerrilla de las FARC fueron contundentes: el gran golpe de imagen internacional fue el rescate y la liberación de la excandidata Ingrid Betancourt. Pero las FARC siguen golpeando, con un cambio de estrategia que ha convertido los oleoductos y las estructuras del sector energético en objetivos.

Hay un recrudecimiento del conflicto armado que llena de desasosiego a la población. Santos sueña con ser el presidente que acabe con las FARC, pero insiste en que no ve clara una voluntad de su parte para acabar con la violencia. ¿Qué necesita para verlo? No concreta, e insiste: “Colombia ha sufrido mucho con los engaños de la guerrilla, porque se han iniciado procesos de paz con la deliberada intención de usarlos para tomar oxígeno y continuar la lucha. Cuando yo esté convencido de que no es asi... pero todavía no me han convencido". Santos ha impulsado un ambicioso proyecto de restitución de tierras para los campesinos desplazados por la violencia. De su éxito depende parte de su credibilidad como dirigente moderado, un conservador centrista dispuesto a romper con la imagen de dureza de los años de Uribe. Pero hay algo más que el expresidente no perdona a quien muchos consideraron su delfín.

AMIGO CHÁVEZ, AMIGO OBAMA

Cuando escribía como columnista, Santos nunca se cortó al criticar al presidente venezolano Hugo Chávez, que durante los años Uribe llevó la tensión entre los dos paises vecinos hasta el límite: sonaban tambores de guerra. Ahora, los presidentes han sellado un pacto de no agresión. "Hugo Chavez tiene un gran sentido del humor, es caribeño y los caribeños son simpáticos. Somos como el agua y el aceite, pensamos completamente diferente en muchas cosas, pero un día acordamos que íbamos a respetar nuestras diferencias; ni yo lo voy a convencer de como pienso ni yo acabaré siendo un revolucionario bolivariano. Respetando nuestras diferencias, y pensando en los intereses de nuestros países, hemos logrado mantener una buena relación", afirma Santos. De hecho, el presidente colombiano ha inaugurado una nueva etapa en las relaciones con sus vecinos de América Latina, y apaciguado las tensiones. Todos los analistas políticos colombianos le definen como un hombre pragmático, alejado de las estridencias ideológicas de su antecesor. A Santos le gusta la definición: "Sí soy pragmático, creo que en el mundo de hoy ser un ideoólogo fanático es totalmente contraproducente". También en lo económico, siendo un liberal, se declara partidario de la Tercera Vía: "El mercado hasta donde sea posible, el estado hasta donde sea necesario".

Con EEUU vive un momento dulce, y prefiere no pronunciarse sobre la batalla electoral norteamericana, porque tiene amigos en ambos bandos. Me recuerda, eso sí, que lo habitual es que los presidentes repitan mandato. Con Mitt Romney haciendo sus primeros —y desastrosos— pinitos fuera del país, le pregunto si espera conocer pronto al candidato republicano. "Espero que Romney venga a América Latina, porque EEUU nos ha menospreciado durante mucho tiempo, a pesar que que aquí tienen mucho de lo que necesitan: economías creciendo, recursos, producción de alimentos, de energía, de biodiversidad, de agua, una población joven... Muchas veces me pregunto cuál es el verdadero interés estratégico de EEUU en Afganistán: más bien deberían mirar al sur de Rio Grande. Allí es donde están sus intereses estratégicos primordiales."

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Viñetas del caricaturista Vladdo

EL MANTRA DE SANTOS

Le quedan unas páginas para terminar el último libro que está leyendo: The Presidents Club, de Nancy Gibbs y Michael Duffy, que habla del pacto no escrito entre los expresidentes estadounidenses para que sus diferencias ideológicas no se utilicen para machacar al inquilino de la Casa Blanca. "Es un libro maravilloso, lleno de anécdotas y lecciones importantes para que uno no cometa errores como expresidente", dice Santos, en otro mensajito para Uribe.

La tensión entre ambos ha llegado a tal extremo, y amenaza de tal forma la unidad de los conservadores en Colombia, que un grupo de destacadas personalidades públicas tienen previsto reunirse este mismo mes de agosto y lanzar un mensaje pidiendo unidad. De momento, Santos no responde a los tuits incendiarios de Uribe. "Tengo un mantra que repito todos los dias: NoPeCu, NoPeCu, NoPeCu". No pelear con Uribe, no pelear con Uribe, no pelear con Uribe. Si yo entro en la pelea, es el país el que pierde".

El avión acaba de aterrizar en Bogotá. Se agota nuestro tiempo. Apago la grabadora y le propongo que escriba un blog para El Huffpost. "Con gusto", me responde. Quizá en su primer post haga lo que muchos en su país están esperando: responder a Uribe. Quizás no.

En Internet

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