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Los refugiados sirios deben tener algún día la oportunidad de volver a casa

17/09/2015 07:46 CEST | Actualizado 16/09/2016 11:12 CEST
EFE

Unas 200.000 personas han muerto en Siria desde que empezó esta guerra civil. Seis millones de sirios, de una población con un total de 22 millones, son ahora refugiados, una cifra que, desgraciadamente, sigue en aumento. Estas estadísticas son impresionantes, pero lo cierto es que esta brutal guerra civil está lejos de ver un final. Los rebeldes (entre quienes hay gente de Al-Qaeda) siguen cosechando éxitos en Siria, tomando recientemente el control de una base aérea clave en el noroeste de Idlib, después de un asedio que se ha extendido a lo largo de dos años. Mientras tanto, a pesar de las acciones militares de Estados Unidos y sus aliados, Daesh y otros grupos islamistas continúan arrasando todo lo que encuentran a su paso. Un genocidio que se produce con total impunidad a las puertas de Europa.

La foto del pequeño Aylan Kurdi muerto en la playa de Bodrum es la mayor demostración del fracaso del mundo. Tenemos el deber de actuar inmediatamente para ayudar a que este conflicto termine y contribuir a crear estabilidad en la región. Si queremos lograr un acuerdo duradero, la UE, Estados Unidos, Rusia y China tienen que ser una parte central de este. La actividad militar de Rusia en Siria parece estar intensificándose, como apuntan el avistamiento de aviones rusos y la construcción de casas para allanar el terreno a una mayor presencia militar. Putin sabe lo mismo que nosotros. La diferencia es que no nos atrevemos a plantarle cara y que el conflicto en esta región es intolerable e insostenible para la comunidad internacional. Incrementando su participación ahora se está asegurando de que Rusia desempeñe un papel central en la negociación de cualquier acuerdo. Es imposible imaginar una solución al conflicto sirio sin la implicación directa de Rusia.

Aquellos que sigan creyendo que la guerra en Siria, los bombardeos de Al-Assad contra civiles y el genocidio del Estado Islámico no nos conciernen o que se resolverán solos tienen que despertarse ya.

Asimismo, habrá que hacer ver a China que el statu quo ya no le beneficia económicamente. Es la hora de que la UE se base en el éxito del reciente acuerdo de Irán y de liderar de manera conjunta un acuerdo en la región. Hace tan solo dos meses, la comunidad internacional consiguió un acuerdo sin precedentes con Irán tras una reunión del P5+1 (Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido, Francia, Alemania), en el marco del consejo de seguridad de la ONU y bajo el liderazgo de la UE. La alta representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Federica Mogherini, debería ahora usar esta experiencia y el impulso que este acuerdo ha creado para proponer una iniciativa que desarrolle, dentro de un marco internacional, una visión para la estabilización de Siria y de toda la región.

Naciones Unidas ha de trabajar ahora en un plan para encontrar una solución política que ponga fin a cuatro años de conflicto en Siria. Además, la coalición anti-Daesh tendrá que redoblar sus esfuerzos para detener la extensión de las fuerzas islamistas. Parece claro que la coalición internacional liderada por los Estados Unidos en contra del Estado Islámico no solo está fracasando a la hora de erradicar sus fuerzas, sino que es además incapaz de parar la expansión yijadista en Iraq y Siria. Estos fracasos se producen por la falta de compromiso militar, pero, sobre todo, porque la coalición carece de visión y soluciones compartidas para la región. Hay que aumentar el apoyo a la oposición democrática y moderada en Siria.

Naciones Unidas ha de trabajar ahora en un plan para encontrar una solución política que ponga fin a cuatro años de conflicto en Siria.

El desarrollo de esa visión compartida no será fácil ni carecerá de controversia. Precisará diálogo con Putin, lo que significa comprometerse con Irán para que cambie su comportamiento en la región y asegurarse de que se convierta en parte de una solución constructiva. Tenemos que aumentar nuestro apoyo no solo a la oposición democrática y moderada en Siria, sino también al Ejercito Libre Sirio. Sabemos que incluso los miembros de la coalición anti-Daesh liderada por Estados Unidos tiene diferentes prioridades, pues Siria se ha convertido en un campo de batalla en el que lidiar con guerras regionales. Pero tenemos que intentarlo. Para Occidente, no hay opciones buenas, tan solo opciones menos malas. Sin un amplio esfuerzo diplomático para encontrar una visión común para la región, parece bastante probable que las opciones existentes se reduzcan aún más, mientras el desastre humanitario a las puertas de Europa continúa. El marco de las conversaciones de Iraq, presidido por la UE, podría ser el ideal para trabajar con los actores regionales y desarrollar esta visión.

Cualquier acuerdo tiene que tener en cuenta nuestros fallos históricos en esta región y garantizar los derechos de suníes, chiíes, alauíes, kurdos y otras religiones y grupos étnicos. Es hora de que la UE tome la iniciativa. El mundo tiene que darles algún día a los refugiados sirios que han conseguido escapar la esperanza y la posibilidad de volver a casa. Es un reto mucho más grande que el vacilante proceso de paz en Oriente Medio o el acuerdo de Irán, pero las consecuencias de nuestros fracasos continuados serán devastadoras para Europa, la región y el mundo. Aquellos que sigan creyendo que la guerra en Siria, los bombardeos de Al-Assad contra civiles y el genocidio del Estado Islámico no nos conciernen o que se resolverán solos tienen que despertarse ya.

El pasado 11 de septiembre, Guy Verhofstadt envió una carta a la Alta representante de la Unión, Federica Mogherini, solicitándole la puesta en marcha de una iniciativa diplomática en el marco de Naciones Unidas para fomentar la cooperación regional y contribuir a la estabilización de Siria.