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28/10/2013 12:13 CET | Actualizado 28/10/2013 16:33 CET

Linsanity, la historia del improbable héroe asiático de la NBA (FOTOS, VÍDEOS)

La historia de Jeremy Lin es la del ganador improbable, el tipo que en una pelea aparenta tener pocas opciones para salir victorioso... hasta que vence. Nacido en California y de padres taiwaneses, lo tenía difícil para destacar como jugador de baloncesto en la competitiva NBA. Ha vivido una trayectoria llena de obstáculos, pero su triple en el último segundo que dio la victoria a los New York Nicks hace dos temporadas desató definitivamente la fiebre Linsanity entre los aficionados estadounidenses. Ahora el jugador es objeto de estudio en un documental, ha inspirado al sabor de un helado de Ben & Jerry's y usa toda su fama para ayudar a otros.

Linsanity: La Película, que se proyectó recientemente en el Festival de Cine de Zúrich, desgrana la trayectoria de Lin para resolver una duda que se ha creado entorno al jugador estadounidense. ¿Es un hype fruto de la discriminación positiva y en realidad su juego está sobrevalorado? Pero el baloncesto es una cuestión de números y las estadísticas de las dos últimas temporadas, en los New York Nicks y luego en los Houston Rockets, respaldan al solvencia de Jeremy Lin.

Se crió en Palo Alto con unos padres que apenas miden 1,70. La altura (1,91 centímetros) la heredó de su abuela y de su bisabuelo y la pasión por el baloncesto, del país adoptivo de sus padres, que se trasladaron a los Estados Unidos desde Taiwan a mediados de los 70. Durante el instituto destacó como uno de los mejores jugadores del país y finalmente logró, no sin dificultades, uno de sus sueños cuando entró en la élite universitaria de la Ivy League jugando al baloncesto como alumno de Harvard. Le costó porque su modo de juego, basado en el juego de equipo más que en el uno contra uno, no brilla al primer instante y necesita ser revisitado varias veces como los buenos libros y no llamaba la atención de los ojeadores.

Además, en su camino previo a llegar a la NBA su raza jugó en su contra. "La estrella de Harvard es asiática. ¿Por qué es un problema?", se preguntaba el periodista deportivo Sean Gregory en la revista TIME. Solo un 0,5% de jugadores en ligas universitarias eran asiáticos y la palabra chink, un modo despectivo de referirse a su etnia, ha sido una constante en los partidos en los que ha participado. Cuando llegó el momento del clasificarse en los Draft, el proceso con el que jugadores universitarios o extranjeros acceden a la NBA, se quedó fuera del listado.

25 MILLONES DE DÓLARES

Pero Jeremy Lin aprovechó las pocas oportunidades posteriores y no solo llegó a lucirse ante jugadores que se habían clasificado en los puestos más alto del Draft, también demostró tener mucho más carisma entre las gradas. La audiencia decidió de manera espontánea apoyar a Lin ante los buenos resultados en la cancha, dos datos que no pasaron desapercibidos para Los Angeles Lakers, que intentó se que se incorporara a sus filas. Él prefirió hacerlo en el equipo de sus sueños desde la infancia, el más modesto Golden State Warriors. Aún así una potente marca deportiva decidió convertirlo en su estrella publicitaria.

La presión que sentía por el apoyo incondicional del público y la atención mediática y algunos problemas de confianza le hicieron dar tumbos en varios equipos y participar en ligas inferiores hasta que encontró a las personas que entendieron que su talento necesitaba de calma y fe ciega. Fue en los New York Nicks, donde empezó como repuesto de los suplentes, donde logró cifras sorprendentes, desluciendo al mismo Kobe Bryant cuando se enfrentaba a los Lakers. Los Houston Rockets le han fichado hasta 2015 por 25 millones de dólares.

Desde la Jeremy Lin Foundation se encarga de atender proyectos en favor de la infancia y la juventud. Colabora también con el Jubilee Project en The last pick, un cortometraje que recrea el difícil momento en que te eligen el último para formar equipos en la pista de juego. Lin, quien actúa en la mini película y también es conocido por la fe que profesa a la religión cristiana, ajusta cuentas con su historia personal y anima al chico, que no puede demostrar su valía sin una oportunidad para jugar.

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