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09/12/2015 09:06 CET | Actualizado 09/12/2015 09:58 CET

Limpia tu equipo de nieve en 15 minutos: trucos para esquíes y tabla de 'snowboard'

GTRESONLINE

Los esquíes son como el culito de un bebé: delicados y siempre dispuestos a darte un disgusto. La estampa es habitual: llegas a casa tras un estupendo día de volar sobre la nieve, te pones a contar anécdotas, sales a disfrutar del apreski, sueñas con ese salto maravilloso con el que asombraste a todo el mundo en el snowpark… Y al día siguiente, cuando te levantas, los esquíes siguen mojados, llenos de barro y con un óxido incipiente que te mira diciendo: "Que no vuelva a repetirse, vago".

Sigue al pie de la letra estos sencillos consejos para mantener tu equipo impoluto y a largo plazo tus sensaciones en la pista y tu bolsillo te lo agradecerán.

Solo 15 minutos al día

Aunque parezca una paradoja, material pensado para estar en constante contacto con la nieve vive más años cuanto más tiempo pasa seco. Cada jornada de esquí, nada más entrar por la puerta de tu habitación de hotel (casi mejor por la puerta del baño), seca bien todo el equipo con una toalla que no suelte pelo (es decir, mejor tirando a vieja) para evitar que se oxiden los cantos. Un canto oxidado impide bajar con soltura.

Una vez bien seco el material, repasa las suelas y fijaciones en busca de suciedad. No es sólo por presumir de ser gente limpia al día siguiente, sino por aumentar el rendimiento de tus esquíes o tabla de snow.

En cuanto a las botas, solo tienen un enemigo peor que el barro: la humedad. Facilita que desaparezcan ambas amenazas introduciendo papel de periódico en el calzado, un truco digno de utillero de Primera División. Pero no las dejes toda la noche junto al radiador, o los elementos adhesivos sufrirán y se acabará deformando todo lo que esté fabricado en plástico.

Después de la escapada

Dar cera, pulir cera. Cual Karate Kid ante el maestro Miyagi, hidrata la suela de tus esquíes o tabla en cuanto llegues a casa tras un fin de semana de nieve. Un material bien encerado gira antes, desliza más y hay quien dice que hasta es más guapo.

En una tienda especializada completarán el tratamiento con un pulido a base de rodillo, pero entre tú y yo, no hace falta: cómprate la cera en esa misma tienda especializada (nada de darle del primer bote mugroso que aparezca en tu maletín de limpieza de calzado, por favor), úntala sobre un trapo limpio, y mima tus esquíes con movimientos en círculo. No está comprobado que si les hablas mientras los masajeas su rendimiento funcione, pero si con las plantas da resultado…

Para las botas, tener cerca un fungicida evita que se creen amigos indeseables en su interior, y ni se te ocurra cortar esas etiquetas tan largas y que tan feas quedan en la ropa: cada prenda es un mundo, y debemos seguir al pie de la letra los consejos de lavado del fabricante. Si ya es tarde para eso, utiliza jabón neutro, nada de suavizante y no abuses de la lavadora con las últimas capas, es decir, con guantes, pantalón y anorak. No hace falta lavarlas tan a menudo, y de paso evitarás que ese pantalón rojo tan de moda traspase su bonito color a ese abrigo tuyo tan blanco.

Al taller, una vez al año

Al menos una vez al año hay que llevar tablas y esquíes al taller. No todo el mundo lo hace, pero al llegar la siguiente temporada, se arrepienten. Una suela rayada o un canto oxidado hacen que la nieve se pegue en vez de salir despedida. No sólo te deslizarás a paso de tortuga pudiendo hacerlo a velocidad de gacela, sino que terminarás besando el suelo más a menudo de lo que tu pericia te permite. El encerado y afilado es una obligación.

Por cierto, nada de dejar los esquíes tras una puerta cualquiera durante toda la primavera-verano. Guárdalos siempre en su bolsa de transporte, anclados por los frenos para que no pierdan su curvatura de fábrica, y alejados de cualquier fuente de calor y humedad. Si les ponemos unos calcetines en cada extremo, mejor que mejor.

Destensa los muelles de las fijaciones en talón y puntera (sólo si estás convencido de saber luego cómo volver a tensarlos, sino mejor que te ayude un skiman en tu tienda de confianza). Por último, engrasa las ataduras y endereza los bastones si los ves torcidos. Ya puedes tumbarte en el sofá a esperar la próxima jornada de nieve.

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