POLÍTICA
17/01/2016 10:23 CET | Actualizado 17/01/2016 10:23 CET

50 años del accidente radiactivo de Palomares: lo que queda por hacer

AGENCIA EFE

Un día como hoy, en 1966, la vida cambiaba para siempre en Palomares (Almería). Un bombardero estadounidense B-52 y un avión nodriza KC-135 (cargado con 110.000 litros de combustible) colisionaron a 10.000 metros sobre la costa mediterránea, en el cielo de la pequeña localidad. El B-52 volvía de la frontera turco-soviética hacia la Base Aérea de Seymour Johnson en Goldsboro, Carolina del Norte, y el KC-135 provenía de la Base Aérea de Morón. Era una maniobra de rutina: los B-52 se reaprovisionaban de combustible a la ida, desde la Base Aérea de Zaragoza, y a la vuelta desde la de Morón.

Pero debido a un fallo en la maniobra de acoplamiento, ambas aeronaves colisionaron, se destruyeron y cayeron. Siete de sus tripulantes murieron y cuatro sobrevivieron. Las cuatro bombas termonucleares que portaba la primera de las naves -65 veces más destructivas que las de Hiroshima-, más la metralla de los aviones destrozados, cayeron sobre Palomares.

Ninguna de las bombas estalló y los trozos de chatarra no causaron daños. Uno de los proyectiles cayó en el mar provocando una masiva operación de búsqueda y rescate en medio del más absoluto secretismo impuesto por el Pentágono y la dictadura de Franco. Y dos de las que chocaron con el suelo se rompieron contaminando con plutonio una enorme zona y sellando a Palomares con el marchamo nuclear para siempre.

Empezó entonces el circo mediático, con el famoso baño de Manuel Fraga, el ministro de Información del dictador Franco, bañándose en aguas del pueblo con el embajador de EEUU en Madrid, en plan "no pasa nada, señores".

Cinco décadas más tarde, quedan dudas por aclarar. El pasado octubre, el ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, y el secretario de Estado estadounidense, John Kerry, firmaron un acuerdo por el que se comprometen a limpiar la tierra que permanece contaminada con material nuclear. Pero el acuerdo apenas es un marco.

Todavía faltan aclarar, según Margallo, "temas de tratamiento de residuos, compactación, transporte, para en el plazo más breve posible ratificar el acuerdo y ejecutarlo, poniendo en marcha las infraestructuras necesarias" para su traslado terrestre y marítimo a EEUU, ha añadido. La voluntad, según el ministro, "es hacerlo ya, cuanto antes, y que Palomares vuelva a la normalidad que tenía antes de 1966".

Organizaciones ecologistas como Greenpeace reclaman que el acuerdo con EEUU sea "jurídicamente vinculante" mientras haya contaminación, que mientras exista polución "exista responsabilidad". Por ejemplo, sostiene que hay "incertidumbre" sobre la verdadera limpieza de zonas que se han quedado fuera de áreas valladas, de las que se desconoce qué riesgo real tienen. Los preservacionistas han editado un informe completo sobre lo que queda pendiente.

Mientras los políticos terminan de aclarar qué pasó y qué consecuencias reales tuvo, aquí te explicamos lo que pasó aquel día.

  • El día del accidente
    El día del accidente
    GETTY IMAGES
    Los niños Miguel y Alercon Bentille, fotografiados por Getty Images, vieron el choque de dos aviones estadounidenses sobre el cielo de Palomares (Almería) en la mañana del 17 de enero de 1966. Eran un bombardero B-52 y un avión nodriza KC-135 de las Fuerzas Aéreas de EEUU que estaban haciendo una operación rutinaria de repostaje en vuelo, antes de que el B-52 regresase a Estados Unidos. Manolo González, un habitante de Palomares citado por la BBC, también fue testigo del accidente. "Miré hacia arriba y vi esta enorme bola de fuego cayendo del cielo. Los dos aviones se estaban rompiendo en pedazos". Por suerte, nadie del pueblo murió aquella mañana.
  • La bomba H perdida
    La bomba H perdida
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    Los cuatro tripulantes del avión cisterna estadounidense murieron, igual que tres de los siete del B-52. Por la colisión cayeron cuatro bombas atómicas que transportaba el B-52, tres en la cercanías de Palomares y otra no lejos de Almería. Aunque no hubo explosión (no tenían los detonadores activados), no funcionaron los paracaídas que llevaban integrados, pensados para un aterrizaje suave. Se tardó cuatro meses en terminar de localizarlas todas, porque una de ellas cayó en el mar, a unos ocho kilómetros de la costa. Se inició la que bautizaron como operación flecha perdida. Era plena guerra fría y no solo le interesaba a España y EEUU encontrarla. "El diseño de esas bombas era ultra secreto. Cuando se realizaba la búsqueda había barcos espía soviéticos alrededor", según le contó a la BBC la científica Bárbara Morán, autora de El Día que perdimos la Bomba H.
  • La limpieza de la zona
    La limpieza de la zona
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    Dos de las armas nucleares impactaron en el suelo y sus nueve kilos de combustible nuclear se diseminaron por la zona, en forma de óxidos de plutonio, uranio y americio fundamentalmente. Después del accidente, EEUU invirtió 80 millones de dólares de entonces y se retiraron, en 4.810 bidones, 1.400 toneladas de tierra y restos vegetales que fueron transportados a un almacén nuclear de Carolina del Sur. Poco más ha hecho Washington hasta ahora, aparte de ingresar entre 1997 y 2007 unos tres millones de dólares para vigilar la radiactividad de la zona y de realizar algunos viajes de inspección a la zona, como denunciaba un artículo publicado en El País en 2010.
  • 50.000 metros cúbicos contaminados con plutonio
    50.000 metros cúbicos contaminados con plutonio
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    Según uno de los informes del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) que cita Efe desde 1966, los programas de vigilancia realizados no han mostrado ningún resultado que haga sospechar la existencia de morbilidad inducida por las radiaciones ionizantes y no hay evidencia de patología directamente relacionada con la dispersión de material radiactivo en el medio ambiente. Ecologista en Acción acusó al Gobierno este verano ante la Fiscalía de no haber advertido a los vecinos de la zona de que se estaban removiendo tierras radiactivas, pues hasta 2007 no se valló el área afectada. Según el CIEMAT, quedan 50.000 metros cúbicos por limpiar. Greenpeace ha pedido nuevos estudios en la zona para reevaluar la contaminación, porque según recuerda, los últimos estudios sobre la contaminación en Palomares son de hace una década y los restos radiactivos pueden haber cambiado a consecuencia, por ejemplo, del viento.