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19/05/2014 12:06 CEST | Actualizado 19/07/2014 11:12 CEST

Asco

No tengo la costumbre de compartir mis sentimientos en esta columna. Pero, ya que Simone en la película Welcome to New York pretende representarme, quiero expresar desde aquí mi asco. Las alusiones a mi familia durante la guerra son totalmente degradantes y difamatorias.

Dejo que los espectadores y los críticos juzguen por sí mismos esta película, si es que tienen ganas de verla. De hecho, son muchos los que ya han expresado su opinión poco favorable, aparte de su aburrimiento.

No tengo la costumbre de compartir mis sentimientos personales en esta columna. Pero, ya que el personaje de Simone en la película Welcome to New York pretende representarme, solo quiero expresar desde aquí mi asco. Asco por una película en la que la exhibición permanente del cuerpo de Gérard Depardieu, presentada como una osadía, produce en realidad arcadas. Asco por los diálogos lamentables y grotescos. Asco por la manera en que el director Abel Ferrara representa a las mujeres, lo que debe ilustrar sus propias pulsiones. Asco también, y sobre todo, por el supuesto cara a cara de los dos protagonistas, en el que los autores y productores de la película proyectan sus fantasías sobre el dinero y los judíos.

Las alusiones a mi familia durante la guerra son totalmente degradantes y difamatorias. Dicen lo contrario de lo que fue. Mi abuelo tuvo que huir de los nazis y el régimen de Vichy le retiró la nacionalidad francesa. Mi padre se unió a la Francia Libre y combatió hasta la liberación. Contar otra cosa resulta una calumnia. Nunca imaginé que a día de hoy tuviera que defender su memoria frente a los ataques claramente antisemitas que tanto el director, por sus propios problemas, como el productor, por sus ganas de beneficios, han lanzado.

Dicho esto, no voy a darle ni a Ferrara ni a Maraval el gusto de llevarles ante los tribunales. Ya lo han dicho; es lo que están esperando. Yo no ataco la porquería, la vomito.

Traducción de Marina Velasco Serrano

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