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15/06/2012 11:43 CEST | Actualizado 15/08/2012 11:12 CEST

¿Y si te toca a ti?

Estamos acostumbrados a ver los crímenes por televisión. Son crímenes cometidos por otros, que afectan a otros. Imagina qué harías si te dijeran que tu hermano es un asesino. ¿Dejarías de quererle?

Estamos acostumbrados a ver los crímenes por televisión. Son crímenes cometidos por otros, que afectan a otros. Nos enteramos de lo que esos "otros" lloran o sufren viéndoles desde el sofá de casa y a considerarles inocentes o culpables por sensaciones que nos llegan a través de los medios. Cuando sale la sentencia ya casi ni nos acordamos de aquel caso. Simplemente vuelve a convertirse en una parte más de la programación televisiva y esos personajes nos son más o menos familiares en función de la atención que les dedican los medios. Para la mayoría de nosotros, esos detenidos o condenados y sus familiares son "personajes", protagonistas de esa telerealidad (o "massmediarealidad") que asociamos a la televisión, pero difícilmente les vemos como personas iguales a nosotros.

Pero, ¿qué pasaría si un día, por las circunstancias que sea, fuésemos nosotros (tú, lector o lectora) quien protagonizara directa o indirectamente una noticia de esas? ¿Qué te imaginas que sentirías si al salir de casa todos los periódicos del quiosco publicasen la foto de tu hermano en portada? ¿Y si todos los medios hablasen a todas horas de alguien de tu familia, utilizando tu apellido y, al lado, la palabra asesino? ¿Puedes imaginártelo?

Pues imagina ahora qué harías si te dijeran que tu hermano es un asesino. ¿Dejarías de quererle?¿A quién creerías, a tu hermano o a la versión oficial, que le ha encarcelado? Y, aún admitiendo que quizás sí que pueda haber sido él, ¿qué harías?

Pues todas estas y algunas preguntas más son las que he intentado responder en el libro Fago. Si te dicen que tu hermano es un asesino publicado por la editorial La Campana. Lo he escrito como una novela con la intención que el lector la viva, y la he construido a partir de mi obsesión por captar la realidad de la manera más pura posible. Es evidente que el libro es subjetivo; lo es porque pongo la mirada en la hermana del condenado y es a través de ella, de Marisa Mainar, que cuento la historia. ¿Es periodismo? ¿Es literatura? ¿Es periodismo literario? ¿O es literatura periodística? Eso debe decirlo quien lo lea y quienes se dedican a estudiar estas cosas. Yo trabajo por instinto, y mi instinto me llevó, en enero de 2007, a ser el único periodista de España que durmió en Fago, y en la casa rural de Santiago Mainar a quien, quince días después, detuvieron para acusarle de haber tendido una emboscada a su alcalde, haberle disparado un tiro de postas al corazón y haberlo arrojado a un barranco. Primero se dijo que se trataba de un Fuenteovejuna moderno: "Todos los vecinos son sospechosos", se tituló, pero luego solo fue detenido mi anfitrión.

Mi manera de ser me hizo escuchar a las hermanas del detenido, dos mujeres de Zaragoza, hasta entonces acostumbradas a ver los crímenes y sus circunstancias desde el sofá de casa. Han sido cinco años observando su historia. He visitado 60 veces a Santiago en la cárcel, he visitado a la hermana mayor, Marisa, centenares de veces a Zaragoza. Y, ¿para qué? Para escuchar. Para observar. Primero, porque no encontraba razón para no hacerlo. Luego, porque me dí cuenta de que era terrible su situación de soledad absoluta ante el demoledor e insensible rodillo que conforma la sociedad, comenzando por los ciudadanos (todos), y siguiendo por los medios, la Guardia Civil, los políticos y los jueces. Y porque me dio miedo ver que, si un día dejas de nadar a favor de la corriente, el río (que somos todos) te arrastra y te engulle.

La familia Mainar no perdió nunca la ironía, ni en los peores momentos. Marisa ha ejercido un rol de hermana mayor que no se aprende, se lleva en el ADN, incluso cuando su hermano se subía a su mundo novelesco, lleno de citas de los clásicos o de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. "Pero Santiago -le decía ella-, ¿Necesitas una camisa planchada? ¿Te traigo chocolate? ¿Duermes bien, tienes frío?"

Durante estos cinco años, en los que he sido testigo único de lo que vivía esa familia, he intentado observar con discreción. No recuerdo haber formulado preguntas, no les he entrevistado, sencillamente he escuchado. Y así me han dado acceso, por ejemplo, a las 53 cartas de amor que Santiago le escribió a la que ahora es su mujer.

¿Es culpable? No lo sé. La Justicia española ha dicho que sí y le condenó a 20 años y nueve meses de cárcel. Yo solamente digo que dudo, nada más. Como duda su hermana.

El libro fue honrado con el premio Huertas Clavería de Periodismo, entre cuyo jurado estaba el maestro de periodistas José Martí Gómez, todo un lujo. El padrino de la presentación fue el fiscal (ahora jubilado) José María Mena, que, entre otras cosas, dijo esto: "Los matices del personaje son infinitos, delicados, certeros, creíbles, enmarcados en una descripción luminosa, como de acuarela, de lo cotidiano. Las miserias humanas de los vecinos, los policías, los abogados, forman parte del paisaje tanto como la granja de Santiago, o el mismo pueblo de Fago, con su humilde Fuenteovejuna guerracivilista. Y la cárcel, sus olores, sonidos, burocracias, gitanas, celdas, fríos, miserias en fin. Este es el libro. No apto para espectadores con distancia. Conveniente para seres humanos".

Que tengáis un buen día.