"Nürburgring te escoge": la historia de Dani Juncadella, el piloto español al que Verstappen eligió para su equipo
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"Nürburgring te escoge": la historia de Dani Juncadella, el piloto español al que Verstappen eligió para su equipo

El piloto catalán comparte coche con Max Verstappen en las 24 Horas de Nürburgring después de una trayectoria marcada por la adaptación, la resistencia y la aceptación de una idea que tardó años en asumir: la Fórmula 1 no era el único lugar donde podía triunfar.

El equipo, en NürburgringGruppe C Photography

Hay circuitos que se corren y otros que sobreviven dentro de ti. Nürburgring pertenece claramente al segundo grupo. No es solo un trazado de más de 25 kilómetros perdido entre bosques alemanes, curvas ciegas y cambios de rasante imposibles; es uno de esos lugares que todavía conservan algo del automovilismo antiguo, casi salvaje, el mismo que películas como Rush convirtieron en una mezcla de obsesión, peligro y fascinación.

Allí no basta con ser rápido. Hace falta paciencia, cabeza, resistencia mental y una capacidad de adaptación casi obsesiva. Porque Nürburgring no funciona como la Fórmula 1 moderna: aquí no gana necesariamente el coche más rápido, sino el piloto que mejor entiende el caos.

Por eso, cuando Dani Juncadella habla de esta carrera, no lo hace como quien describe una prueba más del calendario. Lo hace casi como si hablara de algo imposible de domesticar. "Siempre he dicho que Nürburgring te escoge, no lo escoges tú", resume, dejando una frase que explica mucho mejor que cualquier análisis técnico por qué esta carrera -de 24 horas- sigue teniendo un aura distinta incluso entre pilotos profesionales.

Y es precisamente ahí, en una de las competiciones más impredecibles y duras del mundo, donde el piloto español compartirá equipo este mes de mayo con Max Verstappen, una de las grandes estrellas del automovilismo contemporáneo y seguramente el piloto más dominante de la última década. 

La noticia, vista desde fuera, parece un reconocimiento enorme para Juncadella. Vista desde dentro, funciona también como la confirmación silenciosa de una carrera construida lejos del foco principal, lejos del ruido de la Fórmula 1 y mucho más cerca de la resistencia que del escaparate.

Porque Verstappen no cayó ahí por casualidad. "Él ya contactó con nosotros, los compañeros que quería tener para esa carrera", explica Juncadella. Y entre esos nombres estaba el suyo. "Primero es un honor. Segundo, un disfrute personal. Y tercero, también algo que considero que he merecido después de muchos años esforzándome por estar ahí".

La frase tiene más peso del que parece, porque detrás de ella hay una historia muy distinta a la del piloto que cumple el camino soñado hacia la Fórmula 1. Hay años de frustración, de expectativas incumplidas y de una idea difícil de aceptar: que quizá el éxito no tenía la forma que él imaginaba cuando empezó a correr.

La obsesión de la Fórmula 1

En Rush hay una idea que atraviesa toda la película: el automovilismo es una obsesión capaz de consumirlo todo. La rivalidad entre James Hunt y Niki Lauda no habla únicamente de velocidad, sino también de la presión constante por llegar, por mantenerse y por no desaparecer. Algo parecido ocurre en la vida real, especialmente para los pilotos jóvenes que pasan años viendo la Fórmula 1 como la única meta válida.

Dani Juncadella convivió mucho tiempo con esa sensación. Campeón de Fórmula 3 Europea en 2012, con talento reconocido dentro del paddock y vinculado a estructuras importantes, parecía estar muy cerca del gran salto. O al menos eso creía él.

  El trabajo en equipo siempre es la claveGruppe C Photography

"En 2013, después de ganar la Fórmula 3, yo me pienso que estoy cerca de la Fórmula 1 y no consigo dar el salto", recuerda ahora. Lo cuenta sin resentimiento, pero también sin esconder lo difícil que fue asumirlo. Porque cuando durante años te educan para pensar que el éxito solo existe en una dirección, aceptar otro camino cuesta muchísimo más de lo que parece.

Los años posteriores fueron especialmente duros. "2013, 2014, 2015, 2016 y 2017 fueron años muy difíciles para mí", admite en una entrevista con El HuffPost. "No supe aceptar muchas cosas".

La frase explica una parte del deporte que casi nunca se ve. Desde fuera, los pilotos parecen vivir siempre hacia delante, sin tiempo para detenerse. Pero muchas carreras deportivas se quedan atrapadas durante años en la distancia entre lo que soñaban ser y lo que realmente terminan siendo. Juncadella pasó bastante tiempo exactamente ahí.

Hasta que algo cambió.

Aprender a aceptar

"A partir de 2018 empecé a asumir mi posición", explica. Y justo ahí empezó también a disfrutar otra vez. "Desde entonces he vuelto a tener grandes resultados y he disfrutado muchísimo".

La diferencia es importante. Porque no habla de resignación. Habla de aceptación. Que es algo completamente distinto.

Durante mucho tiempo, el automovilismo pareció dividirse entre los que llegaban a Fórmula 1 y los que desaparecían. Pero las carreras de resistencia, con competiciones como Nürburgring o Le Mans han ido construyendo otra narrativa diferente, una en la que pilotos extremadamente completos encuentran un espacio donde la experiencia, la cabeza y la capacidad de adaptación pesan tanto como la velocidad pura.

Y ahí Juncadella encontró su lugar. 

"Siempre me he considerado un piloto con una tremenda adaptabilidad", asegura. Y probablemente esa sea la clave de toda su trayectoria. Mientras otros pilotos quedaron atrapados persiguiendo algo que nunca llegó, él terminó convirtiéndose exactamente en el tipo de piloto ideal para pruebas donde sobrevivir es casi tan importante como ganar.

El piloto que necesitaba Verstappen

Eso ayuda a entender por qué Verstappen quiso rodearse de perfiles como el suyo para Nürburgring. Porque aunque el neerlandés sea probablemente el piloto más rápido del planeta, las carreras de resistencia funcionan con reglas distintas.

"En Fórmula 1 son carreras de una hora y media. Aquí estamos hablando de 24 horas y el planteamiento cambia completamente", explica Juncadella. "Los riesgos que tomas son diferentes".

Y ahí es donde entra algo que la velocidad no siempre resuelve: la experiencia. Saber gestionar el tráfico, los errores, el desgaste mental y el descanso. Saber cuándo arriesgar y cuándo no hacerlo. "Max se apoya muchísimo en nosotros", reconoce. Especialmente en aspectos donde la resistencia castiga muchísimo la impaciencia. "Quizá a veces peca de no tener la paciencia que necesita una carrera de 24 horas".

La frase tiene algo fascinante porque cambia por completo la jerarquía habitual del automovilismo. En Nürburgring, incluso el mejor piloto del mundo necesita aprender de otros.

  Dani Juncadella subiendo al cocheGruppe C Photography

El Verstappen que no aparece en televisión

La relación entre ambos va mucho más allá de compartir coche. "Hablamos casi cada día", explica Juncadella, que describe una relación bastante cercana con Verstappen.

"Tengo muchísima relación con él. Es seguramente el piloto que más conozco de toda la parrilla a nivel personal".

Y la imagen que dibuja del tetracampeón del mundo se parece poco a la percepción pública que muchas veces existe sobre él. "Es una persona muy normal, muy directa, con cero pretensiones", asegura. "A veces desde fuera puede parecer arrogante, pero para mí no lo es en absoluto".

Hay un detalle concreto que a él le llamó especialmente la atención cuando empezó a conocerlo: "Te mira a los ojos cuando hablas con él y eso demuestra interés genuino por lo que le estás contando".

Puede parecer una tontería, pero Juncadella insiste en ello porque dentro de un entorno tan hipercompetitivo como el automovilismo, esa naturalidad resulta bastante más rara de lo que mucha gente imagina.

La carrera más loca del mundo

Parte de la magia de Nürburgring consiste precisamente en que nunca termina de poder controlarse. "Para mí es la mejor carrera del mundo de las que he corrido", asegura.

El circuito, estrecho y peligrosísimo, parece sacado de otra época. Y quizá por eso conecta tan bien con películas como Rush, donde el automovilismo todavía se siente como algo salvaje, imperfecto y peligrosamente humano. Aquí el piloto no lucha solo contra otros coches; lucha también contra el clima, la noche, el cansancio y un circuito capaz de cambiar completamente en cuestión de minutos.

"No hay safety cars porque el circuito es demasiado largo", explica. Y eso multiplica el caos. "Muchas veces está lloviendo en una parte y otra está completamente seca".

Por eso le incomoda un poco que mucha gente coloque automáticamente a Verstappen y a su equipo como favoritos. "Puede pasar absolutamente de todo", advierte. "Muchas veces necesitas suerte para ganar".

Y quizá esa sea precisamente la razón por la que Nürburgring sigue fascinando tanto: porque aquí todavía existe espacio para lo imprevisible.

  Dani Juncadella conduciendo su coche en una de las carreras de resistenciaGruppe C Photography

Resistir también es mental

Aunque desde fuera las 24 Horas parecen un desafío físico, Juncadella insiste en que el verdadero desgaste está en otro sitio. "Esta carrera es sobre todo mental". Durante horas, el cerebro no descansa. Gestionar tráfico, coches doblados, lluvia, cambios de neumáticos y condiciones cambiantes obliga a mantener una concentración extrema prácticamente sin interrupción. "La cabeza no para de pensar", resume.

Y luego está el descanso. O la ausencia de él. "Duermes como máximo tres o cuatro horas reales", explica. Él mismo recuerda que en sus primeras 24 horas fue incapaz de dormir porque la adrenalina no le dejaba desconectar. "Íbamos liderando y yo estaba excitado siguiendo todo lo que pasaba".

Ahora cree que Verstappen probablemente vivirá algo parecido. "Sé que él es así. Va a querer estar pendiente constantemente".

Y ahí aparece otra vez la esencia de la resistencia: entender que una carrera de 24 horas no se gana solo conduciendo rápido, sino también aprendiendo a gestionar el tiempo, la cabeza y el desgaste emocional.

Mucho más que Fórmula 1

En España, hablar de automovilismo sigue significando muchas veces hablar exclusivamente de Fórmula 1. Algo lógico después de todo lo que supuso la irrupción de Fernando Alonso. Juncadella no reniega de ello; al contrario. "Fernando eclipsó todo y es como tiene que ser", admite.

Pero también cree que empieza a existir cada vez más interés por otras disciplinas. "Hay más vida más allá de la Fórmula 1".

Y quizá ahí esté realmente el sentido de toda su historia. Porque este no es el relato de un piloto frustrado por no haber llegado. Es la historia de alguien que entendió que el éxito podía adoptar otras formas. Que quizá no todo consistía en alcanzar el lugar que soñaba con 20 años.

Como ocurría también en Rush, el automovilismo no siempre trata únicamente de ganar carreras. A veces también consiste en sobrevivir el tiempo suficiente para descubrir quién eres cuando dejas de perseguir aquello que no pudo ser.

Ahora, mientras se prepara para Nürburgring junto a Verstappen, Juncadella parece mirar su carrera desde un lugar mucho más sereno. Más amplio. Más consciente de lo difícil que era simplemente permanecer.

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Creo que soy periodista desde que nací, o eso dice mi madre. Desde ese momento hasta ahora han pasado muchas cosas. Soy de Azuébar, un pueblecito de apenas 300 personas del interior de Castellón y, aunque estudié, entre en mi querida ‘terreta’ (Grado en Periodismo por la Universitat Jaume I) y Salamanca (Máster en Comunicación e Información Deportiva por la Universidad Pontificia de Salamanca), aprendí la profesión en la Agencia EFE, donde cubrí los Juegos de Río 2016, los de Tokio 2020, los de París 2024, así como también los Juegos Olímpicos de Invierno de Pieongchang 2018 y de Pekín 2022. Además, cubrí los Mundiales de fútbol de Rusia 2018 y Qatar 2022.

 

Por otra parte, abrí una extensa etapa como autónomo en la que he colaborado con ‘El Independiente’, el ‘Playas de Castellón, la ‘Revista Volata’, ‘Súper Deporte’, ‘Yo Soy Noticia’ o ‘Ciclo 21’, antes de aterrizar en el Huffington Post. 

 

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