Contra los afirmacionistas

Contra los afirmacionistas

Tan idiota es negar la esfericidad de la Tierra como afirmar su planicie.

Un negacionista protesta en Alemania.
Un negacionista protesta en Alemania.picture alliance via Getty Images

Soy negacionista del negacionismo. Quiero decir, me niego a considerar que las personas que niegan cosas formen una categoría homogénea, y que lo fundamental en una opinión sea su forma afirmativa o negativa. De hecho, nunca he entendido la diferencia entre negar y afirmar. Afirmar que la capital de Portugal es Lisboa es negar que lo sea otra ciudad. Negar que la capital de Portugal es París es afirmar que lo es otra ciudad. Platón tampoco la entendía y gracias a sus diálogos aprendimos que toda negación es una afirmación y que toda afirmación es una negación. Se llama “dialéctica” y es el motor del desarrollo de las ideas. La principal novedad cultural y política de las últimas décadas es la sustitución de la dialéctica por exhortaciones morales y psicológicas que exigen no ser dialogadas.

La principal novedad cultural y política de las últimas décadas es la sustitución de la dialéctica por exhortaciones morales y psicológicas que exigen no ser dialogadas

El problema no está en negar o en afirmar, sino en qué se niega o qué se afirma. Tan idiota es negar la esfericidad de la Tierra como afirmar su planicie. Y tan acertado es negar la planicie de la Tierra como afirmar su esfericidad. Es absurdo negar la existencia del covid-19 y es absurdo afirmar que la vacunación universal es un intento de controlar a la humanidad a través de nanorobots. Es sabio negar que Trump ganó las últimas elecciones estadounidenses y es sabio afirmar que existe un cambio climático que va a acarrear importantes problemas a todas las sociedades del planeta. Las diversas posturas sobre lo que está ocurriendo en Ucrania no se diferencian en que algunas de ellas afirman y otras de ellas niegan, sino en los diversos apoyos que despiertan los imperios ruso y occidental en conflicto.

Detrás de la categoría de “negacionista” se encuentra agazapada una insinuación sutil de que la verdad oficial siempre es la correcta, y de que los buenos ciudadanos han de caracterizarse por asentir sonrientes más que por torcer el gesto y poner mala cara. Es difícil no notar el tufillo de la sociedad publicitaria y comercial rondando estas etiquetas. Como toda idea se opone a otra, no hay ninguna idea que no pueda ser acusada de negacionista. “Diguem no” cantaba Raimon en los 70 entre los aplausos del respetable. ¿El tema Diguem no sería acusado de negacionista en la actualidad? ¿Hay que hacer una nueva versión de la letra de la canción y regrabar un “Diguem sí” cantado, pongamos, por Rosana y Pablo Alborán deshechos en sonrisas llenas de amor?

Detrás de la categoría de “negacionista” se encuentra agazapada una insinuación sutil de que la verdad oficial siempre es la correcta

¿Lo bueno es afirmar? Pues no. Tan equivocado y grave como negar puede ser afirmar, y para que esto se entienda de una vez por todas propongo la creación de un nuevo término: afirmacionistas. No afirmativos ni afirmadores, no. Afirmacionismo. Hagámosle a la maravillosa palabra “afirmación” el mismo daño que la tramposa palabra “negacionismo” le ha hecho a la maravillosa palabra “negación”. Añadámosle el sufijo “-ismo”, que sugiere grupo minoritario, extremista, profesional. “En este punto el PSOE se adhiere a posturas afirmacionistas”. “Ante el problema de la sequía están apareciendo ya opiniones afirmacionistas que aseguran que tenemos agua de sobra”. “¿Los medios de comunicación han de dar voz a posturas abiertamente afirmacionistas?”. Yo, desde luego, defiendo que no.