Ramón, piloto con 28 años de experiencia en Airbus, explica qué pasa cuando un rayo alcanza un avión: "Hay un ruido espantoso, pero queda mayormente en un susto"
El experimentado comandante responde varias preguntas relacionadas con su profesión.

Sentir ansiedad o miedo a la hora de subirse a un avión es una situación muy común entre nuestra sociedad. De hecho, la Real Academia Española (RAE) define la aerofobia como "el temor al aire, síntoma de algunas enfermedades nerviosas".
Según apuntan diversos portales especializados, basándose en datos de la Asociación Americana de Psicología (APA), Anxiety UK y la IATA, entre el 5% y el 10% de los viajeros están diagnosticados con miedo clínico a volar.
Solo en Estados Unidos, más de 25 millones de adultos sufren pánico a volar, y las investigaciones sobre salud mental en Europa indican que casi un tercio de los pasajeros sienten una tensión significativa durante los vuelos.
A mucha gente le genera curiosidad e inquietud todo lo que rodea a la industria aeronáutica; por ello, el experimentado comandante español Ramón Vallès, por medio de su canal de YouTube, responde a varias inquietudes que le han hecho llegar los internautas y tranquilizar a los más aprensivos
Un avión no se caerá como una piedra
Las personas que sufren aerofobia suelen entrar en pánico al pensar que, ante un fallo técnico de los motores, la aeronave corre el riesgo de desplomarse a plomo. Vallès explica por qué esta situación, físicamente, no es una posibilidad real.
"El avión tiene unas características aerodinámicas, tiene unas alas. Si comparamos una piedra con un avión y entendemos un poquito por qué vuela un avión, tendremos también muy claro por qué la piedra no vuela. La piedra nunca va a volar porque no tiene la forma prevista para que vuele. Un avión caería como una piedra si lo destruyeras", aclara el piloto.
El arduo balance entre la vida personal y la vida profesional
La vida de un piloto es sumamente dinámica y carece de la rutina de un horario de oficina fijo. Como consecuencia, puede resultar complicado compaginar la esfera personal con el trabajo, aunque no es imposible.
"El piloto tiene que ser productivo y a la vez hay que entender que detrás de cada piloto hay una familia; no es fácil, es una vida en ocasiones muy desorganizada de carácter familiar y social, pero es que es lo que hay", afirma Vallès.
"En la vida de un piloto, todos los días del año son laborables, todos. Esa es una particularidad que en algunos trabajos no sucede. Hay mucha gente que tiene fiesta todos los sábados y domingos; para mí un sábado y un domingo pueden ser un martes y un miércoles", complementa.
Lo fundamental es la vocación
Socialmente, la profesión de piloto suele asociarse con un alto poder adquisitivo. Sin embargo, el comandante desmiente categóricamente esta correlación.
"Se necesita tener una vocación por este trabajo; la formación de un piloto es elevada por los medios que utilizamos en la formación, pero no es para ricos. Yo no he sido rico nunca; sí es verdad que mis padres en su día trabajaron mucho y me pudieron ayudar. Pero conozco el caso de muchos pilotos cuyas familias nada tienen que ver con familias adineradas y, sin embargo, son magníficos pilotos", agrega.
El rayo no representa un peligro en un vuelo
Las tormentas eléctricas, y especialmente los rayos, son percibidos por el pasaje como un peligro inminente. Aun así, los aviones están diseñados para ser lugares extremadamente seguros frente a este fenómeno meteorológico.
"Hay un ruido espantoso, pero queda mayormente en un susto. La corriente que genera el rayo se desplaza por el exterior del avión. El avión en el que yo volaba recibió un impacto de rayo y el vuelo prosiguió", concluye Vallès.
