POLÍTICA
24/01/2020 18:34 CET | Actualizado 24/01/2020 20:23 CET

Una de las señaladas por el veto parental de Vox: "Las niñas me dicen que las he salvado"

Pamela Palenciano acude a institutos, teatros y universidades para concienciar sobre la violencia machista con su monólogo.

CARLOS PINA/EL HUFFPOST
Pamela Palenciano en una entrevista en 2017.

Cada vez que Pamela Palenciano representa su monólogo ‘No sólo duelen los golpes’ en un aula o sobre un escenario, un corro de chicas jóvenes se concentra a su alrededor para darle las gracias. “Pamela me salvó”, dicen algunas de ellas estos días en Twitter al ver que la activista en contra de la violencia machista está siendo una de las señaladas por Vox para justificar el veto parental. 

Palenciano representa de una manera muy cruda la relación de maltrato que vivió con Antonio, el novio que se echó con 12 años. Él llegó a intentar matarla. Pero antes le arrebató poco a poco todo: su identidad, sus gustos, sus amigos, su familia... Pamela cuenta cómo se enamoró del chico que después la violaría y la dejaría sin nada. “Yo ya estaba muerta”, contó hace tiempo a El HuffPost

Pamela fue protagonista de uno de los bulos que el partido de ultraderecha Vox tuiteó para justificar la polémica medida del pin parental, con el que pretende que los padres tengan autoricen a sus hijos a acudir a este tipo de charlas. Publicaron unos vídeos de su monólogo sacados de contexto y la acusaron de incitar a la violencia contra los hombres. 

No es la primera vez que se enfrenta a sus detractores, pero sí la primera que un partido político la expone públicamente. “Tengo miedo de ir a trabajar. Al día siguiente tenía una charla en Móstoles y no sabía si la directora había visto la publicación y quería desentenderse, si iba a haber un escrache contra mí, quejas de los padres...”, lamenta. 

Premios y denuncias

“Ya he recibido dos denuncias de miembros de grupos ultraconservadores que han sido archivadas pero he vivido demasiada violencia como para seguir recibiéndola”, explica. Paradójicamente, Palenciano acumula las mismas denuncias archivadas que premios recibidos. En 2017, el Ayuntamiento de Getafe le concedió el Premio 8 de Marzo, por su lucha por alcanzar una igualdad real entre hombres y mujeres. Ese mismo año y dentro del circuito teatral, Palenciano consiguió el Premio Godoff del público por su monólogo. 

CARLOS PINA /EL HUFFPOST
Pamela Palenciano en una entrevista de 2017

 

La hora y media que Palenciano está sobre el escenario sirve para que muchas chicas se quiten la venda de los ojos en cuanto al maltrato, al mismo tiempo que muchos chicos se incomodan al ver reflejadas algunas de sus actitudes sobre las tablas.  “Hay chicas que me han llegado a decir que las he salvado de una relación de violencia o que gracias a mí han dejado a su agresor y esos mensajes que recibo de apoyo son los que me hacen seguir adelante”, explica la activista. 

Un repunte de la violencia

En los 16 años que Palenciano lleva realizando este trabajo no había recibido tantos ataques hasta el último, desde que el partido de Santiago Abascal ha irrumpido en la escena política. “Ahora vienen niños con banderas de España y de Vox en las pulseras, me las enseñan, me hacen cortes de manga y revientan las charlas. Es imposible hacerlas con ellos”, lamenta, “y suelen ser sobre todo chicos. Esto hace un año no me pasaba”. 

De hecho, ha realizado algunos cambios en su espectáculo en los últimos años: “Ahora también lo enfoco a los hombres. En la parte de la violación no solo lo cuento, sino que también la represento y así ven claramente que en una violación no tiene que haber, por ejemplo, violencia. O entienden lo que es un ‘no’ de una mujer insegura. Es duro, les incomoda, pero es necesario”. 

Talleres como los suyos son los que Vox tilda de “adoctrinamiento”, pero no hay más que darse una vuelta por Twitter, por los colegios en los que ha estado —a alguno de los cuales ha acudido a petición expresa de las alumnas— o sentarse a escucharla en las plazas o los teatros para saber que el maltrato no tiene edad ni raza, ni clase social pero sí tiene género. Algo que Abascal y los suyos parece que aún no han entendido. 

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