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Alexander Stubb, presidente de Finlandia y amigo personal de Trump: "La guerra de Irán puede provocar una recesión global peor que el Covid: todo está conectado, incluido el precio de los medicamentos"

Alexander Stubb, presidente de Finlandia y amigo personal de Trump: "La guerra de Irán puede provocar una recesión global peor que el Covid: todo está conectado, incluido el precio de los medicamentos"

El mandatario finlandés asegura que todo está interconectado y que las dos guerras principales abiertas a día de hoy pueden suponer un colapso total a nivel mundial.

El presidente de Finlandia, Alexander Stubb
El presidente de Finlandia, Alexander StubbAnadolu via Getty Images

El presidente de Finlandia, Alexander Stubb, lanza una advertencia poco habitual en él: el mundo se acerca a un escenario económico y geopolítico de alto riesgo. En una entrevista concedida a POLITICO, el dirigente nórdico —considerado uno de los líderes europeos con mejor relación personal con Donald Trump— alerta de que la guerra con Irán podría desencadenar una crisis global de gran magnitud.

Una recesión global "autoinfligida"

Stubb no se anda con rodeos. A partir de los análisis que maneja su equipo, cree que el impacto económico del conflicto puede ser incluso más grave que el de la pandemia. "Creo que nos encontramos en una situación en la que esto podría ser una recesión global autoinfligida", señala. Según explica, expertos cercanos le han advertido de que sus efectos "podrían ser peores que los de la COVID-19".

La clave, insiste, está en la interdependencia del sistema global. "Todo está vinculado a todo", resume, antes de enumerar una cadena que conecta energía, alimentación o medicamentos: "el precio del petróleo con el del gas, con el de los alimentos, con el de los fertilizantes, con el de los productos farmacéuticos". Es decir, una crisis en un punto —como el estrecho de Ormuz— puede acabar afectando directamente al bolsillo de los ciudadanos en cualquier país.

Para Stubb, este escenario demuestra los límites de la política exterior basada en el "Estados Unidos primero". "La diplomacia rara vez es una transacción", advierte, subrayando que el debilitamiento de las normas internacionales llega en el peor momento posible.

Dos guerras, un mismo tablero

El presidente finlandés también dibuja un mapa geopolítico cada vez más inestable. Mientras la atención internacional se centra en Irán, la guerra de Ucrania —que enfrenta a Kiev con Vladimir Putin— ha quedado en segundo plano. "Ahora mismo está muy preocupado por Irán", dice sobre Trump, sugiriendo que las conversaciones de paz están prácticamente congeladas.

Sin embargo, lejos de ser conflictos aislados, Stubb advierte de su creciente conexión. Rusia y Irán cooperan militarmente, y el uso de drones es un ejemplo claro: Moscú ha utilizado tecnología iraní en Ucrania, mientras que ese conocimiento puede retroalimentar otros escenarios bélicos.

El riesgo, admite, es una escalada mayor. Aunque evita hablar abiertamente de una Tercera Guerra Mundial, deja entrever la preocupación: "Estamos presenciando una escalada hacia guerras regionales". Y añade una idea clave: cuando fallan las normas internacionales, "el conflicto siempre está latente".

"Irán no es mi guerra"

Pese a la gravedad del contexto, Stubb marca distancias respecto a una posible implicación directa. "Esto puede sonar un poco duro, pero Irán no es mi guerra. Ucrania sí es mi guerra", afirma con claridad. Una frase que refleja la prioridad estratégica de los países europeos del norte y del este.

Aun así, no descarta una futura colaboración si el conflicto se desplaza hacia la seguridad de rutas clave como el estrecho de Ormuz, vital para el comercio energético global.

Una fisura en Occidente

Más allá de las guerras concretas, Stubb apunta a un cambio estructural: el debilitamiento del bloque occidental tal y como se conocía. "Probablemente no estemos presenciando una ruptura, sino una fisura en la alianza transatlántica", explica.

En su análisis, Europa —o el "norte global"— empieza a asumir el papel de defensor del orden internacional liberal, mientras Estados Unidos adopta una posición más transaccional. Un giro que, en su opinión, complica aún más la gestión de crisis globales.

Con todo, el presidente finlandés mantiene cierto optimismo prudente. Fiel a la cultura política de su país, apuesta por la resiliencia y la cooperación. Pero su mensaje es claro: en un mundo cada vez más conectado, los conflictos ya no son locales, y sus consecuencias —económicas, políticas y sociales— pueden ser mucho más profundas de lo que parecen a simple vista.

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