Por favor, habilita JavaScript para ver los comentarios de Disqus.
Ellas, de izquierdas y ellos, de derechas: ¿de verdad piensa y vota así la Generación Z?

Ellas, de izquierdas y ellos, de derechas: ¿de verdad piensa y vota así la Generación Z?

Un informe de la Fundación para los Estudios Progresistas Europeos desvela que la brecha política entre jóvenes en la UE refleja más la inseguridad económica que un choque ideológico. En España, constata un "claro giro" conservador. 

Una joven votante ejerce su derecho en un colegio electoral de Barcelona en las elecciones generales españolas del 23 de julio de 2023.
Una joven votante ejerce su derecho en un colegio electoral de Barcelona en las elecciones generales españolas del 23 de julio de 2023.Paco Freire / SOPA Images / LightRocket via Getty Images

En los últimos años, en la sociedad se ha instalado la idea de que los hombres y las mujeres de la Generación Z se están separando ideológicamente, hasta el punto de configurar dos bloques enfrentados. Ellos y ellas. Según ese relato, las jóvenes avanzan hacia posiciones progresistas, mientras los jóvenes se desplazan hacia la derecha, incluso la extrema derecha. El fenómeno ha alimentado debates sobre una supuesta "guerra de género" que estaría redefiniendo la política en Europa y otras democracias occidentales.

Sin embargo, un nuevo informe de la Foundation for European Progressive Studies (Fundación para los Estudios Progresistas Europeos o FEPS, por sus siglas en inglés), titulado EqualiZe y publicado esta primavera, ofrece una lectura mucho más matizada del fenómeno. También menos alarmista. Una radiografía más de ideas que de números que desmonta lecturas fáciles y, a la vez, aplasta por la avalancha de deudas pendientes que tenemos aún con los jóvenes europeos.

Tras analizar datos de más de 30 países comunitarios y combinar estadísticas con grupos de discusión en España, Alemania, Polonia, Grecia y Suecia, el estudio concluye que esa brecha existe, pero dista mucho de ser un choque frontal de valores, una guerra cultural, como se suele decir. Más bien, es el resultado de una experiencia compartida de inseguridad económica que hombres y mujeres interpretan de forma distinta.

Diferencias hay, pero limitadas y desiguales

El informe -que puedes leer completo al final de esta noticia- parte de una constatación: sí, hay diferencias entre hombres y mujeres jóvenes en Europa, pero no son ni universales ni homogéneas. Se concentran principalmente en dos ámbitos: la autoubicación ideológica (en la escala izquierda-derecha) y las actitudes hacia la igualdad de género.

Según el análisis de los especialistas Amy Alexander, Elena Avramovska, Nicholas Charron, Matteo Dressler, Lea Gronenberg, Gefjon Off y Tobias Spöri, las mujeres Z tienden a identificarse más con posiciones progresistas que las generaciones anteriores, mientras que los hombres no muestran un desplazamiento equivalente hacia la derecha en la mayoría de países. Es decir, el ensanchamiento de la brecha responde más al movimiento progresista de ellas que a una radicalización generalizada de ellos. 

Algo similar ocurre con las cuestiones de igualdad: las jóvenes muestran mayor sensibilidad hacia la discriminación laboral, el acoso o la brecha salarial, mientras que los hombres jóvenes son más escépticos o menos implicados en estos debates.

Donde el relato mediático pierde fuerza es en el comportamiento electoral, en los votos en las urnas. Aunque algunos estudios apuntan a una mayor predisposición de los hombres jóvenes hacia partidos de derecha radical, el informe señala que estas diferencias son mucho menos consistentes en el voto real.

Una joven sostiene una pancarta que muestra el precio de una casa, en una manifestación por una vivienda digna en Ámsterdam (Países Bajos), el 12 de septiembre de 2021.
Una joven sostiene una pancarta que muestra el precio de una casa, en una manifestación por una vivienda digna en Ámsterdam (Países Bajos), el 12 de septiembre de 2021.Romy Arroyo Fernández / NurPhoto via Getty Images

La clave no es ideológica, es material

Lejos de explicar estas divergencias como un conflicto cultural profundo, el estudio sitúa en el centro otro factor fundamental: la inseguridad estructural que define la experiencia de la Generación Z. En todos los países analizados, los jóvenes describen una misma realidad marcada por la precariedad, que se concreta en dificultad para acceder a la vivienda, empleos inestables y mal remunerados, costes de vida elevados, incertidumbre sobre el futuro y, fundamental, desconfianza hacia las instituciones políticas.

Ahí hay coincidencias continentales. Este entorno genera una combinación aparentemente contradictoria: por un lado, una capacidad de adaptación y apuesta por la autosuficiencia individual; por otro, una fuerte desafección hacia la política y dudas sobre la capacidad del sistema para ofrecer estabilidad y oportunidades.

Según los expertos del FEPS, esta base común es esencial para entender la brecha de género: no se trata de visiones del mundo irreconciliables, sino de diferentes formas de procesar la misma realidad precaria. Y es que las diferencias entre hombres y mujeres se hacen visibles, sobre todo, en la manera de interpretar los problemas.

Por ejemplo, se expone que las mujeres jóvenes tienden a entender la inseguridad desde una perspectiva más vinculada a la experiencia cotidiana, como la seguridad personal, la discriminación laboral, el reparto de cuidados, la autonomía reproductiva y la salud mental. Los hombres jóvenes, en cambio, suelen formular sus preocupaciones en términos más abstractos o estructurales, como las oportunidades laborales, el reconocimiento social, la justicia y el mérito o la pérdida de rutas claras hacia el éxito (como educación o empleo estable).

Es esto lo que explica que, aunque ambos grupos compartan un diagnóstico de fondo -a saber: la dificultad para construir su proyecto de vida-, difieran en las prioridades y en la intensidad con la que abordan ciertos temas. El resultado no es una polarización total ni nada que se pueda denominar guerra, sino una diferencia en el centro: para muchas mujeres, la igualdad de género es una cuestión troncal, mientras que para muchos hombres es un asunto secundario frente a otros problemas. Eso lo toca todo. 

Manifestantes protestan contra las reformas nacionales previstas para el sector educativo en Bruselas, (Bélgica), el 8 de junio de 2026.
Manifestantes protestan contra las reformas nacionales previstas para el sector educativo en Bruselas, (Bélgica), el 8 de junio de 2026.Dursun Aydemir / Anadolu via Getty Images

A vueltas con el feminismo

En este contexto de escasez general, el informe advierte de un riesgo incipiente: que algunas políticas de igualdad se perciban como una redistribución de oportunidades limitadas. Cuando el acceso a empleo, vivienda o estabilidad es precario, determinadas medidas -como cuotas o políticas de acción positiva- pueden interpretarse como una competición entre grupos. Esto no implica un rechazo generalizado a la igualdad, pero sí puede alimentar la percepción de que los avances de unas personas se producen a costa de otras.

Este fenómeno ayuda a entender por qué algunos hombres jóvenes, aún apoyando en principio la igualdad, muestran reservas hacia determinadas políticas o discursos asociados al feminismo.

Es uno de los hallazgos más relevantes del dossier: la distancia entre el apoyo a los principios de igualdad y la identificación con el feminismo como concepto político. En todos los países estudiados, existe un consenso amplio en torno a ideas como la igualdad de oportunidades, la dignidad o la libertad de elección. Sin embargo, el término "feminismo" genera mayor ambivalencia, especialmente entre los hombres jóvenes y, en algunos contextos, también entre parte de las mujeres.

Muchos participantes distinguen entre lo que consideran un feminismo "normal" -orientado a la igualdad- y formas que perciben como "extremas" o que llevan a la confrontación. Esta distinción permite mantener el apoyo a los valores de fondo, pero al mismo tiempo distanciarse de ciertas narrativas o estilos políticos, indican el texto. Paradójicamente, el informe señala que la polarización en torno al feminismo está a menudo sobredimensionada: el conflicto no se sitúa tanto en los objetivos como en el lenguaje, el marco interpretativo y la carga emocional del debate.

Desconfianza política y crisis de legitimidad

Más allá del eje de género, el estudio recién salido del horno identifica otro elemento transversal: la creciente frustración con el funcionamiento de la política entre los Z europeos. Los jóvenes, independientemente de su género, critican la falta de resultados concretos de esas políticas, la polarización partidista y lo que llaman el "teatro político" sin efectos reales. 

La evaluación de los actores políticos se basa menos en la ideología que en su capacidad de ofrecer soluciones tangibles. En palabras del informe, esta generación demanda una "política que funcione". Y como no la tienen, no confían.

Esta desconfianza no implica necesariamente desmovilización, toda vez que muchos siguen votando y participando en los procesos democráticos, pero sí plantea un problema de legitimidad para los sistemas si no logran responder a las demandas materiales de la población joven.

Los autores del informe plantean que, si el problema de fondo es fundamentalmente material, las respuestas también deben serlo. Por eso, en sus conclusiones los expertos abogan por reforzar las oportunidades laborales en las primeras etapas de la vida adulta, garantizar el acceso a vivienda asequible, fortalecer la protección social, mejorar los servicios de salud mental, promover modelos de igualdad inclusivos, reducir la polarización mediante una gobernanza eficaz.

Sobre todo, subraya la necesidad de conectar las políticas con la experiencia cotidiana de los jóvenes. La igualdad de género, sostiene el estudio, solo podrá avanzar de forma sostenida si se integra en una agenda más amplia de seguridad económica y oportunidades vitales.

Los detalles del caso español

El informe subraya que la brecha de género no se manifiesta de igual forma en todos los países. Suecia, por ejemplo, presenta el patrón más claro y consistente de divergencia entre hombres y mujeres jóvenes. Alemania, por su parte, destaca por la relativa ausencia de una brecha generacional de género. Polonia y Grecia muestran resultados mixtos, con diferencias en algunos ámbitos pero no en otros. Es el mismo punto en el que estaría España. 

Estas variaciones apuntan a la importancia del contexto nacional, como el mercado laboral, políticas públicas, cultura política, en la configuración del fenómeno. La inseguridad, de nuevo, es la clave para leer las respuestas, aún nacionalizadas. 

La investigación del FEPS tiene además una separata sobre el caso de España, elaborada por Javier Carbonell, en la que trata de analizar el caso de un país conocido precisamente por ser "líder en políticas de igualdad". La conclusión es que hay un "claro giro a la derecha", sobre todo en hombres jóvenes, pero desde 2022, se observa una tendencia similar entre las mujeres jóvenes. "Sin embargo, la mayoría de los jóvenes aún no son de derecha y expresan menos sexismo que las generaciones mayores, lo que hace paradójico su rechazo simultáneo al feminismo", se expone. Una de las alertas que constata el informe es que, precisamente, el apoyo al feminismo está sufriendo un notable retroceso en esta generación. 

"La mayoría de los jóvenes aún no son de derecha y expresan menos sexismo que las generaciones mayores, lo que hace paradójico su rechazo simultáneo al feminismo"

Carbonell expone que los hombres jóvenes han liderado una marcada trayectoria hacia la derecha desde 2016 , radicalizando su voto desde posiciones de centro-derecha hacia partidos de la extrema derecha como Vox. Las mujeres jóvenes, por su parte, han comenzado a replicar esta tendencia conservadora entre 2022 y 2023, moderando su voto hacia el centro-izquierda (de Sumar al PSOE, pasando por Podemos) y reduciendo drásticamente su autoidentificación como feministas.

Subraya que este distanciamiento no implica un regreso al machismo tradicional, sin embargo. De hecho, los hombres jóvenes sostienen posturas mucho menos sexistas que las generaciones mayores y apoyan casi por igual la equidad salarial. El nudo del problema radica en el rechazo al "feminismo político e institucional". Y es que la juventud asocia cada vez más el concepto de feminismo con la polarización, el conflicto y las estrategias electorales de los políticos , colectivo en el que confían muy poco. 

De acuerdo con los datos recopilados, la identificación feminista entre las mujeres cayó del 67% en 2021 al 51% en 2025 , mientras que en los hombres se sitúa en un bajo 26%. Un porcentaje creciente de jóvenes percibe que la igualdad formal ya se ha alcanzado en su día a día y que el feminismo es utilizado ahora como una "herramienta de adoctrinamiento".

Muy interesante es la explicación de que la narrativa dominante entre las jóvenes ya no pasa por el activismo colectivo, sino por el feminismo de corte "neoliberal" o "girlboss". Esta perspectiva define la igualdad simplemente como la ausencia de barreras para la libertad individual y el éxito financiero dentro del sistema, basándose en la meritocracia. La lucha común queda aparcada. 

Este enfoque resulta alarmante para las fuerzas progresistas, porque invisibiliza las desigualdades estructurales, como la penalización por maternidad o la segregación laboral, cita el estidio. Además, fomenta posturas económicas de derecha, como la bajada de impuestos y la desregulación, que, paradójicamente, empeoran la precariedad económica de la propia juventud.

En las dinámicas de grupo, las mujeres jóvenes consultadas para el análisis del FEPS expresaron una alta confianza en sus capacidades individuales para superar el sexismo laboral por su propio esfuerzo, normalizando ciertas conductas discriminatorias menores como simples "elecciones personales". Por su parte, los hombres rechazaron sentirse discriminados socialmente , pero criticaron con dureza leyes de género específicas -como las cuotas artificiales o las detenciones preventivas por violencia machista- por considerarlas contrarias al mérito y generadoras de ventajas injustas.

Una joven con la cara pintada con un símbolo feminista para conmemorar el Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo de 2026, en Pamplona.
Una joven con la cara pintada con un símbolo feminista para conmemorar el Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo de 2026, en Pamplona.Elsa A. Bravo / SOPA Images / LightRocket via Getty Images

Si vamos a las ríces materiales del descontento, son las mismas que arrastran sus coetáneos europeos, de la vivienda a la precariedad laboral. Aunque las mujeres han avanzado educativamente y equiparado sus ingresos por hora con los de los hombres , lo hacen en un contexto de encarecimiento de la vida e imposibilidad de emancipación, se detalla. 

El dossier constata también la caída de la afiliación a sindicatos, partidos y organizaciones civiles en las últimas décadas, que ha dejado a los jóvenes sin referentes de lucha colectiva, empujándolos al mantra del "yo puedo sola". 

Para frenar el avance del antifeminismo y reconstruir el apoyo a la igualdad, el autor propone cambiar el foco discursivo y legislativo, el autor propone vincular la política de género a la economía, lo que engloba diseñar una estrategia indirecta que priorice la vivienda accesible y la mejora de los ingresos juveniles (salario mínimo, prohibición de prácticas no remuneradas). Si se alivia ese profundo malestar económico general, se reduce el terreno fértil para la extrema derecha, entiende. 

También aboga por rediseñar el discurso de la masculinidad en nuestro país. Y es tarea que le pone a la izquierda: proponer un modelo, constructivo y positivo en espacios culturales, deportivos y digitales, contrarrestando el "discurso nostálgico y radical" que ofrece la manósfera en las redes sociales.

Imprescindible es, también, reformar medidas de seguridad y transparencia, como continuar la lucha contra la violencia de género acelerando los procesos judiciales (para reducir la percepción de impunidad) y aumentar el apoyo económico a las víctimas , además de aplicar directivas de transparencia salarial en las empresas. Y la regulación del entorno digital para establecer regulaciones estrictas sobre las plataformas de redes sociales y modelos de inteligencia artificial generativa que amplifican contenidos de odio y narrativas polarizantes basadas en el conflicto.

Un esfuerzo necesario para que no se pierda lo conquistado y para avanzar más aún. 

Tu navegador no tiene un plugin para PDF, puede descargarlo aquí EQUALIZE GENDER DIFFERENCES IN POLITICAL OPINION AND VOTING AMONG GENERATION Z

Tu navegador no tiene un plugin para PDF, puede descargarlo aquí BEWARE OF NEOLIBERAL FEMINISM WHY SPANISH YOUNG PEOPLE ARE LESS SEXIST BUT MORE ANTIFEMINIST

MOSTRAR BIOGRAFíA

Redactora especializada en Global. Licenciada en Periodismo y experta en Defensa y Comunicación Institucional por la Universidad de Sevilla. Corresponsal en Jerusalén durante cinco años, colaboró con la SER, El País o Canal Sur. Trabajó en El Correo de Andalucía y fue asesora en la Secretaría de Estado de Defensa. Es autora de 'El viaje andaluz de Robert Capa', Premio de la Comunicación Asociación de la Prensa de Sevilla y jurado del Premio Internacional de Periodismo Manuel Chaves Nogales.

!
Los comentarios de esta noticia están cerrados
Rellena tu nombre y apellidos para poder comentar
completa tus datos
!
Comenta con respeto, tu opinión se publicará con nombres y apellidos