BLOGS
20/02/2013 08:23 CET | Actualizado 21/04/2013 11:12 CEST

Michael Jordan cumple 50 años y su pasión por el juego sigue intacta

En 2009, cuando entró en el Salón de la Fama, bromeó con su posible regreso a las canchas con motivo de su 50 aniversario. Ahora que ha llegado la fecha el rumor corre como la pólvora. Y es que Jordan fue -y es- un competidor inflexible que no acepta el paso del tiempo, que se resiste a estar apoltronado en la butaca viendo perder a su equipo día tras día.

La mayor leyenda de la historia del deporte para muchos, mito incuestionable desde luego en lo que al baloncesto se refiere, acaba de cumplir 50 años. Quién lo diría. Parece que fue ayer cuando Michael Jordan estaba dominando las canchas, sembrando la estupefacción entre sus contemporáneos y jubilando a la célebre generación anterior, la de Larry Bird y Magic Johnson, que tuvo que rendirse a su excelencia.

Llegaron los 90 y sus actuaciones se tornaron en decisivas. Si bien no fue hasta los 28 años cuando se coronó, en la temporada 90-91. Tres títulos consecutivos y sin embargo una prematura retirada, a los 30 años. Lo justificó por el agotamiento mental. Ya no disfrutaba tanto jugando al baloncesto. Y junto a ello la coincidencia de la muerte de su padre en trágicas circunstancias el mismo año, por otra parte, resultó determinante en su toma de decisión.

Tras un breve paso por el béisbol -con más pena que gloria, para ser justos- decidió regresar en 1995 a su hábitat natural, a una NBA que le esperaba con los brazos abiertos. Con un sucinto comunicado de prensa: "I'm back" (He vuelto), se enrolaba de nuevo en su equipo, los Chicago Bulls. Un año de transición, donde cayeron en playoffs ante Orlando, y otros tres anillos consecutivos; un legado insuperable por más que Lebron James y Kobe Bryant se empeñen con sus constantes exhibiciones y récords en acercarse a los logros de su Majestad.

Jordan, representa al jugador que encendió la mecha para que el baloncesto se expandiera, se percibiera y divulgara desde un prisma mucho más comercial; de hecho, a él se debe, en buena medida, la espectacularización del básquet profesional. El icono de Nike por antonomasia y el referente para cientos de anunciantes ávidos de firmarle un contrato. Se estima que el 23 se embolsó mucho más dinero por sus relaciones contractuales con los medios publicitarios que por sus generosos acuerdos económicos con los Bulls.

El fuego interno le empuja a competir

En 2009, cuando entró en el Salón de la Fama, bromeó con su posible regreso a las canchas con motivo de su 50 aniversario. Ahora que ha llegado la fecha el rumor corre como la pólvora. Y es que Jordan fue -y es- un competidor inflexible que no acepta el paso del tiempo, que se resiste a estar apoltronado en la butaca viendo perder a su equipo día tras día. Necesita vivir la adrenalina que tuvo hasta hace diez años, cuando se retiró en Filadelfia, ante los ojos de uno de sus herederos, Allen Iverson. Se le hacen larguísimos, cuando no eternos, los partidos viéndolos desde la barrera, sin poder decidir su destino, como solía hacer. Tiene que saciar esa energía interna que le imposibilita su nuevo papel de espectador de lujo en las gradas del Time Warner Cable Arena.

No habría nada que hiciera más feliz a la gente que verle un último partido, aunque solo jugara unos minutos. Nadie miraría el porcentaje de acierto ni su permeable defensa (suponemos que por la edad); lo que la gente valoraría es volver a verle tirar, retar al jugador de turno y ganarle algún duelo. La respuesta la conoceremos en unos días. Mientras, recordemos sus magistrales hazañas sobre el parqué.

PULEVA PARA EL HUFFPOST