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18/07/2012 08:34 CEST | Actualizado 16/09/2012 11:12 CEST

Recórteme un poquito por aquí

Cualquiera de ustedes podría poner en un papel tres cosas que recortaría en su empresa, en su entorno, en su día a día, cosas realmente efectivas fuera de demagogias como colgar a los políticos u otras barbaridades que se dicen en los cafés.

Hace muchos años que no voy a una barbería a pelarme por dos motivos principales, uno porque ya no quedan en mi barrio, cerraron y ahora hay centros de estilismo, el otro motivo fundamental es porque ya no lo necesito dada mi calvicie. Pero sí recuerdo de mis años mozos cómo el aprendiz -porque siempre me tocaba un aprendiz mientras el jefe se reservaba para otro tipo de clientes-, comenzaba su rapa habitual y según uno apreciaba la maniobra de esquilado le insinuaba con cortesía los defectos que iba encontrando en el quehacer. De ahí recuerdo la frase recórteme un poquito por aquí para sugerir las zonas abandonadas por el muchacho.

Hoy día, en esta España nuestra, inundada de recortes y repagos a la población, afecta del síndrome de Estocolmo y adocenada, el aprendiz mete la tijera aquí y allá mientras el jefe sigue en Bruselas con otros clientes y nosotros como mansos óvidos aceptamos la tarea de esquile para estar más fresquitos.

Yo no entiendo de fútbol en exceso así que no he podido discutir con mis amigos si en esta victoriosa Eurocopa la táctica fue la correcta o habría que haber recortado más en la media y haber puesto más delanteros o al revés, así que decidí no opinar y meterme a lo mío que poco entiendo pero a veces, solo a veces, sé lo que digo.

Eso nos pasa a todos, nadie como el trabajador para saber cómo funciona día a día su empresa, todos conocemos o creemos conocer cómo mejorar nuestro entorno, todos tenemos la sensación de que el jefe se equivoca cuando organiza un plan estratégico de reformas, que es como se llama ahora cuando hay que hacer algo pero no se sabe muy bien qué. Cualquiera de ustedes podría poner en un papel tres cosas que recortaría en su empresa, en su entorno, en su día a día, cosas realmente efectivas fuera de demagogias como colgar a los políticos u otras barbaridades que se dicen en los cafés. No es eso, me refiero a medidas reales que se puedan llevar a efecto sin grandes traumas y que ahorrarían muy buenos euros en nuestro microentorno, que sumado al de usted y al de usted se transforma en macroeconomía.

Yo como pediatra de la sanidad pública permítanme poner aquí mis tres propuestas.

.- Mejorar la calidad de la prescripción con actualizaciones y racionalización en la medicación que se receta. No es de recibo poner el medicamento más caro, o seguir erre que erre con medicamentos de baja o nula eficacia. Uso y abuso de antibióticos para procesos que no los necesitan y un largo etcétera de malos usos en el gasto farmacéutico. Cierto es que en pediatría es menor, pero se multiplica por mucho en los adultos y sobre todo en los ancianos polimedicados.

.- Conciliación laboral y familiar para la mejora de la productividad, el contento y solaz de los trabajadores y sus retoños. Cierre de los centros de salud a las cinco o seis de la tarde dejando un turno de guardia a partir de entonces, al igual que se debería hacer en todas las empresas.

.- Mejorar la percepción que los trabajadores tenemos de nuestros gestores, mejorando las vías de comunicación y de respeto a los profesionales. Vamos, que mi jefe me haga la pelota por lo bien que lo estoy haciendo, no sólo tener noticias de él cuando me equivoco.

Y ante todo como dice Vicente Baos (@vbaosv):

Los sanitarios debemos mantener la llama de la dignidad y del respeto a nuestros pacientes. Es hora de no caer en el desánimo ni en la negligencia por enfado, por hacer pagar a otras víctimas, como son los enfermos, nuestras frustraciones laborales. Las víctimas se deben unir, como esos policías que pegan con saña a unos trabajadores. En todas las guerras, los hijos del pueblo se han enfrentado y matado mientras los dirigentes miraban desde arriba la carnicería.

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