"Café Sin Especialidad": la protesta viral contra las cafeterías specialty coffee llega a España en plena crisis de un modelo que se ha vuelto demasiado elitista
Las cafeterías se han vuelto espacios elitistas donde se necesitan ciertos conocimientos para pedir un café.
Durante años, el café de especialidad fue la gran promesa moderna de la hostelería: granos mejor seleccionados, baristas formados casi como sumilleres y cafeterías que transformaron el simple hecho de tomar un espresso en toda una experiencia gastronómica. Pero mientras el sector conquistaba paladares y barrios enteros de las grandes ciudades, también empezaba a levantar una crítica cada vez más extendida.
Con el avance de este tipo de café, también crecía la sensación de que, en algunos locales, disfrutar de un café ya no era tan sencillo ni tan cómodo como antes. En España está ganando visibilidad una protesta viral bautizada como “Café Sin Especialidad”, una campaña que ironiza sobre la estética, el lenguaje y las formas de algunas cafeterías specialty coffee, acusadas por parte del público de haber convertido la barra en una especie de club privado.
En sus publicaciones en Instagram, la iniciativa juega con lemas contra los cafés de especialidad y el matcha, y recoge ese malestar con tono de broma, pero sobre una queja muy reconocible para muchos consumidores. De forma cercana, sus creadores denuncian que algunas cafeterías han dejado de ser lugares cercanos y cotidianos para convertirse en espacios donde pedir un café parece exigir conocer un vocabulario, unas normas y hasta una forma concreta de consumir.
Una tendencia en auge
La polémica llega en un momento delicado para un sector que ya no puede considerarse marginal. La Specialty Coffee Association define hoy el café de especialidad como una bebida con atributos distintivos que generan un valor significativamente mayor en el mercado, y subraya que su evaluación ya no depende solo de una puntuación, sino también de factores como la sostenibilidad, la consistencia y el impacto en productores y consumidores.
En España, este fenómeno ha crecido con fuerza. Cadena SER informó en 2023 de que el interés y las ventas de café de especialidad habían aumentado un 2.000% en cinco años, en un contexto en el que ya no era un producto reservado a unos pocos barrios “hipsters”. Así como en 2025, ciertas marcas y turismo están empujando con fuerza este modelo en Madrid, hasta el punto de que algunos baristas creen que el café tradicional desaparecerá en un par de generaciones.
La crítica que más se repite no apunta a la calidad del grano, sino al código cultural que rodea a algunas cafeterías: menús llenos de tecnicismos, espacios demasiado homogéneos y precios altos. Esa tensión aparece incluso en la propia industria, donde Starbucks reconoce que la expansión de las cafeterías de especialidad “educa al consumidor y eleva el listón”, mientras la cadena simplifica su oferta y promete volver a las “raíces” para no perder conexión con el cliente.
La viralidad de “Café Sin Especialidad” demuestra que una parte del público está cansada de que pedir un café parezca, a veces, aprobar un examen. Su éxito deja también una advertencia para el sector: el futuro del café de especialidad no dependerá solo de tostar mejor o servir mejor el espresso, sino de no convertir la excelencia en una frontera. Porque, al final, la gente no entra en un bar únicamente por el café, sino por cómo le hacen sentir mientras lo toma.