En Alemania califican de "rancios" y "lodosos" a varios aceites de oliva vendidos como virgen extra: solo 4 logran buena nota
De las 25 marcas examinadas, muy pocas pasan el filtro.

Un análisis de aceites de oliva comercializados en Alemania ha puesto en cuestión la calidad de muchos productos vendidos como virgen extra: de 25 marcas examinadas, solo cuatro obtuvieron una valoración positiva, mientras que varias fueron calificadas como defectuosas por presentar sabores impropios o rastros de contaminantes.
La revisión fue realizada por la organización independiente Stiftung Warentest, referencia en Alemania en pruebas de consumo. Su conclusión resulta poco alentadora: encontrar aceites de oliva de calidad alta es cada vez más difícil en los supermercados, incluso cuando el producto se vende bajo la categoría superior.
El estudio evaluó aceites disponibles en supermercados, cadenas de descuento y establecimientos ecológicos, con precios muy dispares, desde poco más de siete euros por litro hasta más de cincuenta euros en los casos más caros. Sin embargo, el precio elevado no garantizó necesariamente un mejor resultado.
Problemas de sabor y presencia de contaminantes
Los expertos detectaron que varios aceites presentaban defectos que, según la normativa europea, impedirían clasificarlos como virgen extra. Entre los fallos más habituales aparecieron sabores rancios o notas mohosas, además de aromas turbios o apagados que indican problemas durante la producción o el almacenamiento.
Estos defectos pueden surgir cuando:
- Las aceitunas fermentan antes de ser prensadas
- El aceite queda demasiado tiempo expuesto al oxígeno
- Se utilizan frutos dañados o mal conservados
- Existen problemas durante el almacenamiento o transporte
Además del análisis sensorial, el laboratorio examinó la presencia de contaminantes potencialmente perjudiciales. En algunos productos se detectaron restos de aceites minerales y plastificantes industriales, sustancias que pueden incorporarse al producto durante procesos de envasado o manipulación.
Entre los problemas detectados figuraban:
- Componentes derivados de aceites minerales en varios aceites
- Presencia de plastificantes como el DBP en un producto concreto
- Rastros de parafinas cloradas, compuestos difíciles de degradar y persistentes en el medio ambiente
Aun así, Stiftung Warentest aclaró que ninguno de los productos analizados supone un riesgo inmediato para la salud del consumidor, aunque sí considera que estos contaminantes son evitables con procesos adecuados.
Solo cuatro aceites aprueban con buena nota
El dato más llamativo del estudio es que únicamente cuatro de los 25 aceites analizados obtuvieron una calificación de “bueno”, mientras que ocho fueron valorados negativamente por deficiencias en sabor o por niveles preocupantes de sustancias no deseadas.
Los productos mejor puntuados destacaron por un perfil aromático equilibrado y características propias de un aceite virgen extra de calidad:
- Notas afrutadas limpias
- Sensación vegetal fresca
- Amargor y picante moderados y agradables
- Aromas a almendra verde o manzana
- Equilibrio entre intensidad y suavidad
El primer puesto fue compartido por un aceite italiano de gama alta y por un producto ecológico vendido en cadenas alemanas a un precio mucho más contenido, lo que demuestra que no siempre lo más caro resulta ser la mejor opción.
Un pequeño aspecto positivo
No todo fueron malas noticias en el informe. Los analistas observaron un ligero aumento en la cantidad de polifenoles presentes en los aceites examinados. Estos compuestos naturales poseen propiedades antioxidantes y se asocian a beneficios para la salud cardiovascular y celular.
Todos los aceites analizados presentaban niveles adecuados de estos compuestos, lo que supone un punto a favor desde el punto de vista nutricional, aunque no compense los defectos sensoriales o los problemas de calidad detectados en algunos productos.
El informe concluye que el consumidor debe ser más cuidadoso a la hora de elegir aceite de oliva, ya que la etiqueta “virgen extra” no siempre garantiza la calidad esperada. Además, pone de relieve la necesidad de mejorar los controles en la cadena de producción y distribución para evitar defectos evitables.
En un mercado cada vez más presionado por el aumento de precios y la escasez de cosechas en países productores, el reto para fabricantes y distribuidores será mantener estándares de calidad que justifiquen el prestigio del aceite de oliva y la confianza del consumidor europeo.
