Isabel Coixet: "No tengo derecho a amargarle la vida al espectador. Si puedo darle dos horas de un entreacto de atención consciente a cosas cotidianas, pequeñas y que se las lleve con él..."
Entrevista con la directora, que estrena este viernes su nueva película, 'Tres adioses'.
¿Cómo volver a los lugares que compartías con tu pareja después de una ruptura? ¿Cómo afrontar la vida sabiendo que tienes una enfermedad terminal? ¿Cómo disfrutar de un helado sabiendo que puede ser el último? A todas esas situaciones se enfrenta Marta, la protagonista de la nueva película de Isabel Coixet, Tres adioses.
La cineasta lleva a la pantalla con Alba Rohrwacher como protagonista la adaptación de Tres cuencos, el libro de relatos parcialmente autobiográficos que la escritora y activista feminista Michela Murgia publicó antes de morir. Murgia era un auténtico icono en Italia y la cinta, que se estrena este viernes en las salas españoles, ha sido todo un éxito en el país transalpino.
Coixet recibe a El HuffPost en un mañana de lluvia en Madrid que poco tiene que ver con la imagen del atardecer con una danza de estorninos sobre el río Tíber que abre la película y que fue una de las escenas en las que la directora plasmó su experiencia personal.
¿Cómo conociste la obra de Michela Murgia y qué te conmovió de su trabajo?
Yo conocía la primera novela que escribió que se llama La acabadora, que es una gran historia y además pasa en Cerdeña, ella era sarda, y me impresionó. Luego había leído algún ensayo pero lo que sí es verdad es que yo no conocía la dimensión icónica que tiene ella en Italia. Todo el mundo la conoce, gente que lee, gente que no lee... Porque ella era un personaje muy popular, salía en televisión, era una polemista implacable, con una dialéctica aplastante.
A mí me llegó este libro dos semanas después de que ella muriera y yo dije, ‘vamos a calmarnos un poco’, había un productor que había comprado los derechos. Me daba mucho respeto. Entonces lo leí, me gustó. Son relatos y había dos relatos, el relato de Antonio y el relato de Marta, que sí que vi que se podían cruzar.
¿Qué me gustó? Cada vez que he adaptado una novela ha sido siempre un flechazo. No hay un momento en el que yo diga ‘busco esto, busco un drama...’, no. Evidentemente mis gustos siempre se reflejan y hay cosas que sientes que conectas con ellas de una manera instintiva, inmediata y sí que con esos dos relatos conecté mucho. Me pareció además que podían casar muy bien para contar una historia en una película.
¿Quieres que el espectador salga de la sala parándose a pensar y con ganas de vivir después de la reflexión final de Marta?
Esa reflexión no es de Michela Murgia, es directamente mía, y es algo que no solo le digo al espectador, me lo digo a mí misma todo el rato. Lo tengo ahí en un post it en mi frente a ver si me lo meto en la cabeza porque... Porque sí que pienso que es importante, tanto eso como cuando le dice a su hermana ‘vive una vida que sea la tuya, que no sea la de otros, que no sea la de las reseñas, la de la pareja’... Que no sea con la que tú fantaseas sino algo genuino, que no sea una proyección de los otros. En ese sentido está directamente, no hay paños calientes. Es una reflexión que es casi un lugar común, pero es un lugar común del que nos olvidamos todo el rato.
Es fácil decirte a ti mismo que tienes que aprovechar y no preocuparte por pequeñas cosas pero ponerlo en práctica es complicado, ¿no?
Implementarlo en tu vida es complicado. ¿Por qué? Porque tenemos 50.000 distracciones, porque estamos jodidos porque nos ha pasado algo en el pasado y lo tenemos ahí y por mucho que queramos cerrarlo, venga, está ahí como una especie de larva, jodiéndote la vida. Y luego angustiados también por cómo va a ser el futuro. Que es normal estar angustiados. Es lo normal. Lo raro también es vivir como en los mundos de yupi. No. Pero sí que hay que tener esos momentos de estar... Pues viendo estos pájaros y no pensando nada, simplemente viendo cómo hacen estas formaciones. Que yo siempre me lo he preguntado con los estorninos estos, ¿cómo es posible que no se choquen nunca y que sean tan perfectos?
Es curioso porque también lo de los estorninos es el gran recuerdo que yo tengo de Roma. Me acuerdo un viaje con mi hija que era muy pequeña, tenía como tres años, y pasábamos el rato, vamos, ni la Capilla Sixtina ni el Foro Romano, buscando estos estorninos en el cielo. Y esa pura belleza y fascinación, tener esos momentos, es importante para sobrevellevar todo lo demás.
¿La escena en la que Marta se emociona comiendo un helado resume al final el mensaje de Tres adioses no?
Creo que en el helado está la película. Todo está ahí. El placer, el ser un niño otra vez, el decir pues me como un helado triple si hace falta y que nadie me venga con historias de calorías. También está la sensación de ‘igual es el último que me como, pero me está gustando mucho y me tengo que olvidar...’ Toda esa paradoja de su personaje está en ese momento y hacía falta una actriz como Alba para expresarlo así.
La película podría haber sido un melodrama, ¿por qué decidiste no hacerlo así?
No tengo nada en contra de los dramas y los melodramas, pero también es que yo me tomo la vida... Bueno, no, yo me la tomo más bien a lo trágico, a tomármelo todo muy a pecho, pero sí que en las películas me parece que no tengo derecho a amargarle la vida al espectador. Que si puedo darle dos horas de un entreacto de atención consciente a cosas cotidianas, pequeñas y que se las lleve con él... Yo creo que una de las claves de mi supervivencia como cineasta es esa. Muchísima gente recuerda momentos muy específicos, detalles de mis películas que les han acompañado siempre, y yo siempre me siento orgullosa de eso. De poca cosa más, pero de eso sí.
También he comprendido que la película dura hasta los títulos de crédito finales, que hay algo ahí que me gustaría que el espectador viera, que le pido conscientemente que lo vea. Ya sé que empiezan los títulos y la gente se va. Lo entiendo, tienen pis, tienen cervezas que tomar... pero me gustaría que me dieran tres minutos más de su tiempo porque hay algo al final que acompaña toda la película, también la redimensiona y además es algo que para mí personalmente es muy importante, y esa historia del final de los títulos es una historia que ha acompañado desde que soy adolescente.
Después de rodar en Italia, ¿hay algo que te llamara la atención de cómo viven allí el cine?
Creo que son dos industrias bastante similares, especialmente ahora. Lo que sí existe en Italia es una tradición de cine y una casi aristocracia del cine. Tú ves que todos los nombres, las sagas de los eléctricos o de los maquinistas, todos vienen de un gran estudio como ha sido cinecittá. Aqui es verdad que en los años 50 hubo estudios pero eso desapareció enseguida. Allí se sigue cultivando eso y hay una mitología del cine mucho más poderosa, mucho más universal. Pero las maneras de trabajar...
Yo es que pienso que no sé, he rodado en muchísimos países y evidentemente cada país tiene sus características, pero tú me dices que diferencias hay del rodaje de Un amor, evidentemente además de la historia, al rodaje de esta película... pues las cosas funcionan, te rodeas de la mejor gente posible, confías en ellos, te dan buenos feedbacks. Yo tengo una manera de rodar que es muy sencilla, me gusta algo, me gusta un lugar, pues rodamos aquí. ¿No se puede rodar en este lugar por lo que sea? Pues tenemos un plan B y si hay que tener un plan C se tiene y eso lo he aplicado desde hace muchos años. Y sobre todo rodearte de gente lo mejor posible.