José Manuel Poga, de la serie '33 días': "Brito y Picatoste fueron verdugos que violaron y mataron, pero también fueron víctimas del sistema"
Entrevista con uno de los protagonistas de la serie '33 días', ficción de Carles Porta basada en la fuga carcelaria de los criminales Brito y Picatoste en 2001.

En octubre de 2001 se produjo la fuga de Manuel Brito Navarro y Francisco Javier Picatoste Arnaldo, dos criminales que se conocieron y se hicieron amigos mientras cumplían condena en el Centro Penitenciario de Ponent, en Lleida. Brito había cometido un asesinato, mientras que Picatoste fue condenado por varios robos.
Surgió una amistad entre ellos que llevó a que Brito convenciera a Picatoste, que estaba a punto de quedar libre, de fugarse. Y lo lograron. Aprovechando un permiso de Picatoste, Brito se provocó una lesión por la que fue trasladado al hospital. Fue entonces, en la calle, cuando pudieron ejecutar su plan.
Durante 33 días consiguieron burlar a las autoridades hasta que fueron detenidos. Por el camino, Picatoste disparó e hirió de gravedad a dos Mossos d'Esquadra –uno de ellos quedó parapléjico-, mientras que Brito asesinó a un hombre y violó a su pareja.

Esta historia real tenía los ingredientes perfectos para llevarla a la televisión, por lo que Carles Porta creó 33 días, serie de seis capítulos que se estrena este domingo 7 de junio en Atresplayer y que está protagonizada por José Manuel Poga en el papel de Brito -Prieto en la ficción-, y por Julián Villagrán en el de Picatoste –Calatrava en la serie-. Por ello hablamos con José Manuel Poga en esta entrevista.
¿Cómo te llegó este papel en 33 días?
Me llamaron para el casting. Yo conocía la historia y había entrado en el mundo True Crime con El cuerpo en llamas. Así que me aficioné un poco a estas historias truculentas que pasaban en Barcelona y me lo vi todo. Entonces descubrí el caso de Brito y Picatoste y pensé que de ahí se podía sacar una serie, y así fue. Me llegó el papel y me apasionó la historia.
Así que descubres la historia, vas al casting y te cogen. Esto es el destino...
Sí, totalmente. Quería hacer esto y lo conseguí. Hice prueba para los dos personajes y al final me dieron al personaje de Prieto, que es verdad que me pega más. Y cuando me enteré de que Calatrava era Julián Villagrán pues ya teníamos a la pareja.
Porque vosotros os conocíais ya de antes...
Sí, nosotros coincidimos en Grupo 7 una película de Alberto Rodríguez, y nos conocimos allí.
Solo que esta ocasión sois los grandes protagonistas. ¿Cómo fue la experiencia de trabajar con Julián Villagrán en 33 días?
Fue una convivencia absoluta de 24 horas, porque aparte compartíamos apartamento. Yo estaba en uno y él estaba en el de enfrente. Si rodábamos por la mañana o por la noche, el día antes quedábamos para ensayar, para hablar de los personajes, para comentarlos, comíamos juntos... Yo preparaba la comida, se la llevaba, o él preparaba algo de comida y me la traía. Fue una convivencia de dos meses y medio que duró el rodaje, creo.

Vamos, que os habéis hecho superamigos desde entonces...
Sí, a veces éramos un matrimonio, a veces éramos hermanos... como en la serie
¿No te sonaba la historia real hasta que entraste en el mundo true crime?
Sí, fue con el universo True Crime cuando conocí a estos dos, porque esto pasó en 2001 en Barcelona, y en Andalucía esta noticia no nos llegó. Aparte que se fugaron en octubre del 2001 y en septiembre fue el ataque a las Torres Gemelas, así que estábamos atravesando un momento extraño.
¿Te documentaste sobre quién era y es Brito para interpretar el papel?
Sí. Carles Porta nos ofreció todo su material de investigación y tuvimos acceso a las cartas que se enviaban Brito y Picatoste desde la cárcel, y a partir de ahí pudimos descifrar un poco cómo era su personalidad. Tuvimos acceso al material en el juicio, cuando comparecen ante el juez, cómo hablaban, cómo se expresaban, y a partir de ahí fuimos componiendo los personajes. Cuando le escuché la voz, que tiene una voz muy particular, muy profunda, muy tosca, muy seca, y un timbre muy peculiar, no le noté ningún tipo de arrepentimiento por lo que hizo, y tenía una soberbia... Fueron pequeños detallitos que yo fui incorporando para la construcción del personaje.
¿Corremos el riesgo de empatizar con ellos al ver la serie a pesar de ser unos criminales? Lo digo por su historia de amistad...
Una vez que ves la serie, más allá de una relación de amistad, hay realmente dos soledades, son dos personas, dos solos juntos, como yo digo, y es una relación de dominación, de manipulación, que es muy triste, pero también de cuidado. Se tienen el uno al otro, porque son dos personas a los que la sociedad los ha rechazado, y son dos inadaptados sociales. Pero sí, puedes llegar a empatizar con estos dos, pero sin olvidar que son dos verdugos también, y que en el caso de Prieto, ha aprendido sus valores en un entorno violento, sin cariño, basándose en la dominación y en la humillación hacia el más débil, en lugar de la empatía.
Claro, tú acompañas a los protagonistas en este viaje, empatizas con ellos, porque los va acompañando de la manita a través de su aventura, pero no olvidemos de que son dos verdugos que acosaron, que humillaron, que violaron, que mataron... Pero a la vez son víctimas del sistema. En primer lugar por un fallo del sistema penitenciario por el que colocaron en una misma celda a un condenado por homicidio y a un pobre diablo yonki que estaba ahí por delitos menores. Los juntaron en la celda y ahí crearon, digamos, un monstruo. Y a la vez se creó ahí una relación de amistad y de cariño, pero muy tóxica.
¿Te impone más interpretar a una persona real que además todavía está viva?
Sí, la verdad que es una sensación extraña. O sea, da un poco de pudor y de respeto interpretar a una persona y colarme sin su permiso, en su privacidad psicológica. Tengo ahí un sentimiento como de invasión. Picatoste ya falleció, pero Brito sigue vivo. Y entonces, bueno, da como un poquito de pudor porque estamos aquí destapando un acontecimiento que surgió en el pasado y por lo que está cumpliendo condena. Y a veces pienso que igual ahora está arrepentido y verá la serie. Entonces tengo ese sentimiento extraño de que estamos removiendo aquí lo que hizo. Me pasó lo mismo con El cuerpo en llamas, que no son personajes, son personas que tienen familia... Da pudor, la verdad.

¿Te gustaría saber lo que piensa Brito o prefieres no saberlo?
Yo prefiero no saberlo. Es algo que a mí no me va a cambiar nada. Si fuera más morboso, me gustaría saberlo, pero mejor no. Que ni se entere...
¿Fue un rodaje duro?
Para mí los rodajes no son duros, lo duro es no rodar. Pero es verdad que pasamos frío, los rodajes nocturnos a veces son incómodos y en la cárcel los espacios eran pequeños, pero yo soy un disfrutón cuando estoy rodando y soy feliz en estos saraos. No podría decir que fue un rodaje duro porque para mí es un juego y es una maravilla hacer estos proyectos.
Es evidente que no se te da nada mal hacer de malo. ¿Con qué villano te quedas, con Gandía de La Casa de Papel o con Prieto de 33 días?
La verdad es que son diferentes, es como decir, ¿a quién quieres más, a tu madre o a tu padre? Es verdad que Gandía fue un proceso más largo, fue otro tipo de equipo, otro formato, y le tengo mucho que agradecer a ese momento en el que te van llegando los guiones y cada vez le alargaban la trama al personaje. Yo aquí en 33 días sabía lo que iba a pasar, pero en el caso de La Casa de Papel, como te iban pasando los guiones cada equis tiempo, era una sorpresa. Fue un momentazo y me lo pasé muy bien.
¿Tienes más proyectos a la vista?
Sí, ahora estoy rodando Casa Marrón, una película de David Sainz. Y después en agosto tengo otra película. Son proyectos que me están ‘desencasillando’ como de malo.
Entonces te gusta ser villano, pero no tanto...
Sí, ya lo verás. Son papeles de hombres así con su tarita y no son galanes, ni príncipes azules. Pero es así más de comedia y parece como que se me abre un poco el abanico.
