La revancha de los "nadies": por qué el cine se ha llenado de secuestros a ricos y poderosos
Festivales como Venecia o Toronto han estrenado varias películas con esta premisa.

El cine reciente parece obsesionado con una imagen concreta: la de personas corrientes que secuestran, desafían o ponen contra las cuerdas a figuras poderosas. Festivales como Venecia o Toronto han estrenado varias películas con esta premisa.
Entre ellas se encuentran Bugonia, de Yorgos Lanthimos; Dead Man’s Wire, de Gus Van Sant; y Sacrifice, de Romain Gavras. A ese grupo se suma It Was Just an Accident, de Jafar Panahi, ganadora de la Palma de Oro en Cannes 2025. Aunque muy distintas en tono y estilo, todas parten de una misma idea: los oprimidos enfrentándose a quienes concentran el poder.
Secuestros como espejo del presente
Estas historias reflejan inquietudes muy actuales. En Bugonia, un conspiracionista secuestra a una ejecutiva farmacéutica convencido de que es una extraterrestre. Dead Man’s Wire recrea un caso real de 1977, cuando un empresario frustrado tomó como rehén a su corredor de bolsa para exigir dinero y una disculpa. En Sacrifice, un grupo de activistas ecológicos captura a varias celebridades para sacrificarlas en un volcán como gesto simbólico contra la destrucción del planeta. Y en It Was Just an Accident, un ex preso político cree haber encontrado a su antiguo torturador y lo secuestra para confirmar su identidad.
En todos los casos, los captores no son héroes claros ni villanos. Suelen ser personajes inestables, desesperados o movidos por convicciones extremas. Esa ambigüedad moral es clave: obliga al espectador a cuestionar quién tiene razón y quién tiene el verdadero control.
Poder sin control
Las películas también coinciden en mostrar que el poder no siempre está donde parece. En Dead Man’s Wire, tanto el secuestrador como el rehén resultan impotentes frente a la empresa que controla sus destinos. En Bugonia, la ejecutiva pasa de una confianza absoluta a una situación de total vulnerabilidad. Y en Sacrifice, el poder se presenta como una fuerza casi mitológica, ligada a la naturaleza y a la desesperación colectiva.
En la obra de Panahi, en cambio, el conflicto gira en torno a la verdad. Los antiguos presos no logran ponerse de acuerdo sobre si su cautivo es realmente el torturador que buscan. La película sugiere que, en el mundo actual, el poder se relaciona con quién impone su versión de los hechos.
La realidad como rehén
Estas películas no ofrecen soluciones simples ni finales heroicos. Más bien plantean preguntas incómodas: ¿quién decide qué es verdad?, ¿quién tiene realmente el control?, ¿y qué ocurre cuando quienes no tienen nada que perder deciden enfrentarse al sistema?
Quizá por eso, en esta nueva ola de cine, el verdadero rehén no es un personaje, sino la propia realidad. Y la lucha por definirla se ha convertido en el gran conflicto de nuestro tiempo.
